18 de abril de 2015

Exclamaciones y preguntas

¡Qué gusto sería poder perdonarse
como se vacía un vaso de leche!

¡Ah! ¡Pero qué poco tardaría entonces en volverse a llenar!

En mi infancia y adolescencia provoqué tanto dolor,
que hoy olvido lo que no es tormento.

Nací niño libre y vivo preso.

Preso de lo que no me perdono,
preso en la seguridad del hogar,
preso en la mente y el miedo.

Tanto conocimiento, y cuánto más conozco,
más desearía ser el tonto del pueblo.

¡Santo Diógenes!

¡Te masturbabas en el ágora
y los ignorantes te tomaban por necio!

Alejandro Magno habría querido ser tú, de no ser él.

Yo no quiero ser nadie, si acaso, ser yo.

¡Ah! ¡Ser yo! ¡Qué ironía!

¿Quién soy? ¿Cuántos soy?

¿Soy el que anda con miedo por la ciudad?
¿O el que canta y baila alegre mirando hacia el cielo?

¿Soy el que cruza el mundo por amor?
¿O el que llama extranjeros a los del otro lado de la ventana?

¡Soy todos y no soy ninguno!

Soy mi cuerpo y todos los cuerpos,
pero muero, muero más que vivo.

Quisiera ser un vaso de leche,
y si alguna vez fuera uno,
me lamentaría por ser un vaso de leche,
y querría ser lo que ahora no me atrevo a ser.

¡Tonto de mí! ¡Que ni soy todos, ni soy ninguno!

10 de abril de 2015

Contemporáneos

Viérteme tu dulce en este mundo amargo.

Recuerdo cuándo Rimbaud, y el daño que ha hecho a la poesía
tanto verso cursi y tanto autor estrella.

Antes, los poetas se estrellaban, y no era hasta bien muertos,
que sus obras echaban a andar.

Ahora sólo tengo ganas de vomitar,
y si el mundo está enfermo,
que triunfen los que mejor se adapten a él.

¡Ah, pero no! ¡A enfermo nadie me gana!

¿Entonces, por qué tanto rechazo?

Tanta locura en vano disfraz,
y yo, con mi cordura errante,
escondido entre lo efímero
y lo sublime.

¡Bomba nuclear!

¡Destrucción! ¡Exterminio! ¡Selección natural!

Y los tristes, los tímidos,
los hipersensibles, todos, sin excepción,
acabemos ahogados,
como el bueno de Rimbaud, 
que traficaba con esclavos,
pero al menos,
escribía para el recuerdo.

23 de marzo de 2015

Acuéstate conmigo

Lo siento,
no vamos a acostarnos.

Yo no me desmadro:

soy romántico hasta lo absurdo.

Saldré a buscarte,
haré como que no te he visto.

Beberé en silencio
al fondo del bar.

Contaré mis deseos,
mientras de reojo te observo bailar.

Y tú, llegada del cielo,
bailarás con hombres de voluntad.

Conmigo no, yo no me atrevo a hablarte.

Me mirarás por un instante,
harás como que no me has visto.

Te miraré en silencio,
mientras bebo al fondo de otro bar.

Y seguiré bebiendo
de bar en bar,
y te seguiré mirando
aunque tú no estés.

Así que, por favor,
no lo preguntes más:

no vamos a acostarnos...

Aunque me moriría por dormir contigo,
por hablar contigo,
por mirarte nariz con nariz.

Pero te repito, una última vez,
que no vamos a acostarnos.

Yo no me desmadro:

soy absurdo hasta lo romántico.

16 de marzo de 2015

Belicismos

Como en una batalla
de trágico final para el vencido,
la vida pasa lenta y monótona
frente a mis ojos que ya no parpadean.

La resignación enturbia mis deseos
mientras éstos se revuelven inconformistas
sobre las tumbas de aquellos besos que no olvidan.

Y los árboles aún me sonríen
cuando al pasar junto a ellos
les hablo y comprendo como no puedo
hablar y comprender a los demás paseantes.

La línea de puntos suspensivos 
se extiende interminable sobre el asfalto.

Mi vida quema, como en agosto,
aunque la lluvia caiga como balas
y el frío se acomode en mi garganta.

Esperar es el verbo más complicado
y el único que no me abandona.

Imagino, como sólo puedo imaginar,
un baile de pieles desnudas y manos evaporadas,
besos, ojos clavados y expediciones humeantes.

Imagino, porque sólo así no me limito,
las huellas de la belleza alrededor de mi cuerpo.

Pero a ella, a la belleza,
no alcanzo a verla.

Y así suceden los días, como pequeñas guerras,
en las que sigo un rastro inabarcable 
entre conversaciones con vegetales
y miradas de jóvenes desconocidas.

Y la tragedia, todo lo cubre con su manto,
alborotada como aquellos besos
en aquella época
en aquel lugar
dónde imaginar no era necesario
y esperar no existía.

Hoy todo es distinto:
sé que muero con más certeza
de la que sé que vivo.

Y la guerra sólo acaba de empezar.

20 de febrero de 2015

Haniel

Ojalá tuvieras unas ganas locas de abrazarme,
como las que yo tengo.

Porque entonces, sería como en mis sueños;
y tocar tu piel que me recuerda al cielo,
y oler tu cabello que aún hoy me embriaga.

Y es que, cada vez que te sueño,
que es todos los días,
te busco entre todas las mujeres,
desespero si no te veo,
tan real, que parece cierto.

Ojalá tu sonrisa 
me fuera regalada de nuevo.

No la merezco, 
pero tampoco conozco a nadie que esté a su altura.

Tu sonrisa es alta como la luna,
caliente como el sol
y eterna en mi recuerdo.

No te busco, te espero.

Y no me importa el tiempo que pase,
si un día nos cruzamos,
y tienes unas ganas locas de abrazarme,
como las que yo tengo.


30 de enero de 2015

Nota de no-suicidio XVI

Le temo, tanto más,
a la vida, que a la muerte.

¡Matadme!

Este poema me ha salvado.

¿Dónde está mi valor para morir?

¿Para vivir?

Esta pulsión ingobernable,
acabará conmigo.

Más pronto que tarde,
que me maten los cuchillos,
como en mis sueños,
aquí lo pido.

Mamá, Nacho,
Gonzalo, Padre,
perdonadme.

Mas allá donde aspiro,
os sé amar,
mejor que vivo.

¿Dónde estará mi muerte?

A mi vida ya la he perdido…

Soy un muerto arrastrándose,
que nunca hubo de haber nacido.

¡Muerte! ¡Muerte!

¡Te desafío!

Mi pena es ser mortal,
aún siendo olvido.

¿Qué razón, pena y silencio,
me impones con tu desprecio?

No hay mayor rima,
como vivir y no haber querido.

28 de enero de 2015

Ruiseñores

¿Dónde están todos los que se enamoraron?

En la cautivadora piel de una ninfa sin nombre
afloran los muertos en vasos de vino tinto.

Se muere la lluvia
contra el suelo.

No recuerdo el color del frío
ni si mis pies llegaron a sentirlo
alguna de aquellas veces
en que tú me abrazabas la noche.

¿Dónde está, por fin, la explosión final?

En mi ira no encuentro rocío
ni aves sobre mi estanque
y veo disueltas las verdes hojas
que hoy me son desconocidas.

Se derrite la pasión
en lento vuelo.

No sentí jamás dolor semejante,
como la ausencia de tu dulce risa.

No callaron los ruiseñores,
cada mañana,
mientras tú no venías.

Y yo me iba...

Me iba...

Y me fui.

14 de enero de 2015

Viajero sin cuerpo

Miro a través de la ventana, y me pregunto:

¿Cuánta gente mirará a través de sus ventanas,
como yo hago, observando el paso del tiempo,
en la calle, sin saber que no están solos, 
mirando a través del cristal, en esta tarde fría,
como yo hago?

Y viajo a Sudamérica y me lleno de la miseria,
de un joven que cabalga largos kilómetros,
para acudir a una escuela sin futuro.

Y regreso a mi escuela, y a aquel patio de recreo,
donde sociabilizar era una obligación.

¡Qué tristeza, la de aquel niño en silencio!

Las gotas de rocío, una noche más,
me impiden escrutar el conocido horizonte.

El tedio me asfixia.

Y pienso en el cielo de aquella década,
o más que una década,
donde la música impregnaba los corazones secos.

Y miro al mío, latir convaleciente,
aún por la pérdida que ya no me canta amor.

Si por lo menos pudiera compartir mi soledad,
con aquel o aquella que mira a través de su ventana,
sin saber que yo, tras la mía, le pienso esperanzado.

¡Si tan solo pudiera recibir su abrazo!

Las lágrimas ya sólo me rozan con el temblor
fino, y casi humillado, de mi fiel guitarra.

Y mi lealtad para con ella,
es mayor que la que tengo para conmigo mismo.

Y el tedio vuelve, siempre, puntual sobre las ocho.

Y me devasta el marte, lo quiebra y abandona,
como a mi venus lo esconde entre la niebla.

¡Salid ya, abrid las ventanas y dejadme veros!

¡Dejadme compartir vuestro olor entre nuca y cuello!

Que mi tiempo pasa despacio,
y no lo entiendo... si no alcanzo a oleros.

24 de diciembre de 2014

El ladrón de bicicletas

Me gustaría correr sobre un puente como en Jules et Jim.

O que se detenga la historia y bailes Moonchild como en Buffalo'66.

Pero mi vida no es ninguna jodida película,
mas bien parece una montaña que subo de espaldas sin saber cómo.

En todo caso, mi vida sería una canción,
triste, melancólica,
con un fondo negro siempre a punto de engullir a un punto de luz.

A veces sucede, que me encierro en ese diminuto punto,
y me creo que estoy en una jodida película.

Luego continúo con mi apática existencia,
esperando como una estatua en un museo,
a que llegue el momento de salir a la calle,
y beber decadentemente
con mis amigos los gatos.

Beber me gusta, como imaginar,
o trazar un plan para compartir mi pequeño punto de luz,
lentamente, pero sin pausa, entre guión y rodaje,
rodaje y guión, y así poder seguir sobreviviendo.

Mi vida no es una jodida película,
aunque me gustaría que fuera tierna y multicolor,
como la escena inicial de Le Mépris.

Y es que no, no lo olvides,
mi vida no es ninguna jodida película,
pero me empeño en buscarte,
imaginarte, escribirte,
escoger a una actriz que me recuerde a ti,
para tratar de hacer películas que se parezcan en algo
a cómo me gustaría que fuera mi vida,
si mi vida fuera como una jodida película.

Me gustaría ser Casper, acabar lo que aquí me retiene,
y si no te encuentro, salir volando.


17 de diciembre de 2014

Desnudo

Todo cuanto he tenido se haya muerto.

Rayos de sol, ondas en los estanques,
nubes rojizas en el adviento.

He enterrado mis promesas.

He vaciado mis recuerdos
de tanto usarlos.

Caricias, lunares, pieles innombrables,
susurros caídos en desgracia.

Y sólo ahora, a la luz de la luna llena,
he encontrado el silencio.

He sepultado al miedo
al borde del abismo.

He reído.

He escrito tantas notas de suicidio
que la muerte me perdió la pista.

Gloriosas montañas, ríos de cristal,
lluvia suave como el aire.

Todo cuanto he tenido se haya muerto.

Y al dejarlo morir, entre mis brazos
agonizantes y desnudos,
he sabido:

Que nada nunca tuve.

5 de diciembre de 2014

Drogas que gritan

Al mirarme al espejo,
encuentro al tú.

¡Neptuno! ¡Neptuno!

¡Dame tu suave sosiego!

¡Neptuno! ¡Neptuno!

¡Inunda de agua mi mar!

Y a Nosotros;
y a Vosotros, 
encuentro en mi todo.

¡Dulce canal, la mar!

¡Bésame, bella tú que imagino,
tus labios de sal,
tu sol de granito,
me brillan las ganas de amar!

¡Neptuno!

¡Oh! ¡Perdido Neptuno!

¡No quiero encontrarme,
no quiero estar;
no quiero ser definición,
en tu estrella de mar!

¡Neptuno! ¡Neptuno!

¡Dilúyeme!

Tu droga me calma;
tu abismo de dulce,
me hace volar.

¡Neptuno! ¡Neptuno!

Sólo tu sed...
sólo tu aroma...
sólo tu libertad...
sólo tu confusión...
sólo tu perdón...
sólo tu risa...
solo y tu llanto...

¡Neptuno!

¡Neptuno!

¡Sólo tu olvido,
me consigue hacer olvidar!

27 de noviembre de 2014

SOBRE LA DEMOCRATIZACIÓN DE INTERNET

Creo que es muy necesario que los agentes culturales adapten su capacidad de crecimiento a las posibilidades de difusión que les ofrece internet. Lo mismo ocurre con lo que debe realizar la democracia para reinventarse, y llevar la voz de cada ciudadano a la toma directa de decisiones que afecten a la sociedad. Por ello, propongo crear un proceso de diálogo que englobe a usuarios, agentes culturales, círculos políticos y a las empresas de comunicaciones, con el fin de plantear un marco estatal, aunque con miras globales, para la regularización de la red, con la plena defensa de la privacidad individual, así como del disfrute de los derechos de los que gozamos en la vida civil fuera del ámbito de internet. Es, en definitiva, la apertura de un proceso constituyente para la democratización del acceso a la red.

El acceso a la cultura debe estar al alcance de todos, con independencia del poder adquisitivo de cada uno, y de una forma que mantenga la posibilidad de crear nuevos contenidos diversos y de calidad. Para encontrar este equilibrio, es imprescindible que tanto agentes culturales, como usuarios, entiendan la necesidad de dialogar profundamente sobre ello, y comprendan la importancia de un cambio de paradigma en el uso de internet. Los primeros, con el fin de disponer de medios que les faciliten la creación de nuevos contenidos culturales, y los segundos, para disponer de acceso a dichos contenidos de manera universal, y con plenas garantías sobre la diversidad, dignidad y calidad de las nuevas obras.

Una vez que los usuarios y los agentes culturales sepan qué es lo que desean, y qué están dispuestos a ofrecer a cambio para conseguirlo, llegará el turno de plantear juntos un nuevo diálogo al poder político sobre las medidas para la regularización de contenidos en internet, y de establecer unas condiciones de responsabilidad entre los usuarios, y de viabilidad económica con las empresas de comunicaciones y las instituciones públicas.

Internet es una ventana maravillosa desde nuestros hogares hacia millones de ventanas más, pero como ocurre con las neuronas de nuestra mente, apenas somos capaces de imaginar las infinitas posibilidades que nos ofrece para el progresivo bienestar y desarrollo de la humanidad. Y lo que es más preocupante, si la gente no toma el control de internet, serán las grandes corporaciones quienes lo hagan, y acaben, ahí también, con las garantías democráticas del conjunto de los individuos.


18 de noviembre de 2014

Imperialismo crónico

Si se lo quieren quedar, que se lo queden;
mi vida, sólo yo puedo vivirla.

Si las riquezas del planeta,
las quieren todas para ellos,
suyas son, que las copen,
y a sus nietos las arrebaten.

Que acumulen todo bien material,
que transformen a las almas perdidas
en mercancía para sus intereses;
que esclavicen las vidas de aquellos
cuya voluntad sucumbe al exterior;
que yo me haré fuerte y libre
en la inmensidad del alma.

Que llenen las mentes con veneno,
que al deseo lo llamen necesidad;
que abunden en todo cuanto me rodea,
los llamamientos al efímero consumo;
que no podrán nunca invitarme
a que posea más que mi propio cuerpo.

Si lo desean, que dejen morir al hambriento,
y que lo deje morir yo también,
mientras sepa que el mundo muere,
y que mi mirada no permanece impasible, 
mientras olvida luchar por vivir,
ante la humanidad sumergida 
en este eterno baño de sangre.

10 de noviembre de 2014

Tu voz dentro de un sobre

¿Qué es lo que crece en mí, indefinible como el aire,
que me hace buscarte en todas las miradas?

Desisto, de buscarle unas palabras,
aunque ahora, como siempre, me contradiga.

¿Cómo se muere en primavera?

Te quiero. Te espero.

No sé, hasta qué punto perdí la cabeza,
pero qué libre me siento desde que no la veo.

Y pasan las semanas,
tan rápido,
que me pesan como días,
como horas.

Si tan solo supieras,
cómo se muere en primavera.

Te quiero. Te espero.

Y hasta lo racional, lo correcto,
se me cuela como justificación,
mientras escucho la música.

La suya, la del Arco Iris,
repetidas veces,
para acallar mi silencio.

Porque en mi silencio te encuentro.

Y miro al mapa.

Y no sé si imagino que a la vez que te encuentro,
tú me imaginas encontrándote;
y no sé si soy un iluminado, con brillantes visiones,
o si una falsa esperanza me aleja de la cordura.

Y de la primavera.

Y de ti.

Te quiero. Te espero.

Y la noche pasa, como siempre,
tan oscura como tu ausencia.

Y mi esperanza sigue creciendo,
tan irracional, que parece cierta.

Y entonces te comprendo, 
y sólo con saberte,
aunque parezca absurdo,
me siento satisfecho.


5 de noviembre de 2014

Comodidades

Vivo con la angustia de que una explosión
de los electrodomésticos con los que convivo,
cambie mi estado y lo transforme en ceniza.

La calamidad de un accidente
me provoca terribles visiones.

Y no soy yo, solo el que se marcha;
a veces, se me aparece la figura de mi madre,
en el instante antes de que su coche colisione.

Y veo a mi abuela, caer desmayada en el baño,
y yacer sin el inabarcable alma ya sobre su cuerpo marchito.

En mi mente atemporal y siniestra,
habita un monstruo que alumbra la fatalidad.

Y quisiera tantas veces alcanzar la libertad
que me brinda la ventana y su dulce caída.

Mas no me atrevo, y sufro ante la idea de quererlo.

Es sobre estas teclas que tratan de expresarme,
donde vuelco todo el miedo que hay en mí.

He de volcarlo, pues de no hacerlo,
las garras del pánico me atacarían sin pausa,
y por contagio al mundo entero.

Es por ello que he de sentirme un afortunado,
por no saltar por la ventana;
por no ver en la realidad a mi madre sin vida entre el acero;
por no recibir la noticia del adiós de mi compasiva abuela;
porque los electrodomésticos con los que convivo,
no se hayan atrevido aún a alcanzar a mi hipocondría.

Y sobretodo, soy un afortunado,
y descubro que el baile de las estrellas me acompaña,
cada vez que tengo la posibilidad de olvidar la razón,
con el abrazo que me brinda el sol en cada mañana.

Es en la calma de lo que subyace al miedo,
donde mi alma vive tranquila.