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Eco

Ahora que tu cuerpo se ha ido,
y con él tus labios y tu piel,
puedo ver con claridad lo que has dejado en mí.

Ahora que tus ojos me ven siempre,
y no sólo cuándo los miro,
puedo al fin respirar tu Amor.
Eres mi Ángel, mi Luz;
por eso mi demonio, mi sombra,
acechan cuando te acercas.

Eres mi Luna y mi Sol,
mis dos mitades en una flor infinita.
Eres el canto que sólo se oye al salir de la cueva;
eres el eco que dejo atrás y la vibración que siempre me sigue.

Eres mi Yo y mi Tú, en uno solo.

Eres más que cualquier palabra…

Eres más que el sonido… más que la música…

¡Más que el tacto y el olor!

Más que el polvo y las estrellas,
más que nada que nadie jamás haya visto,
sentido u olvidado, porque cuando te Soy,
ya nunca me aparto de ti.

Ahora que te has ido,
al fin estamos juntos.

Lunita mía

Mitad Aire, mitad Agua,
pero vivo en la Tierra.

Pertenezco a dos mundos que
rodean el mundo en que habito.

Ese mundo es mi cuerpo
y los cuerpos que me rodean,
tan de otros mundos,
como yo lo soy.

Todo me rodea y nada me toca.

Mitad nada y mitad todo.

Y te veo, Luna, mitad
clara, mitad tiniebla.
Y veo cómo no posees nada
y nada te posee.

Y veo cómo prestas la
luz de algo más grande que tú
sólo siendo reflejo.

¿Cómo poseer la luna?

Si ni a mí me tengo...

En el día cojo fuerzas
que en la noche se vacían;
sólo quedamos Dios y el miedo.

Preferiría no ser poeta
y ser cualquier cosa
para no ahogarme fuera
y salvarme en mi verso.

Pero esta es la cruz
que cargo, mi condena
y mi regalo, que
cuando doy, recibo, y
cuando espero recibir,
no doy.

Mitad Agua, mitad Aire,
vivo en la Tierra esperando
a que el Fuego me salve.

Si me oyes, Luna,
cuida de ella,
dale luz y cobijo,
alimento y cariño.

Si me oyes Luna,
no me mires,
yo respiro en el agua,
pero ella necesita tu abrazo,
tu mano, tu claridad.

Mitad luz y mitad sombra,
mitad yo y mitad nadie…

Jesus and Jayyam saved my life

Hubo un tiempo en que hablaba
conmigo mismo y me creía un loco.

Hoy hablo con Dios, y aunque
loco aún me creo, al menos tengo
a alguien con quién hablar.

Cuando mi alma siente pena
por ser pena y ser alma,
bebo vino y sonrío
de la noche a la mañana.

Mil mujeres he sido
y en cada una he muerto.

Mil cielos he rozado
y en todos hoy me embriago.

Vida y muerte, misma son;
desde mi piel asoma una luz
que muestro en la noche,
cuando nadie observa,
ni toca, ni escucha.

Mil demonios me hablan
desde dentro de mí.

Sólo una voz me embruja
aunque suene a mentira,
a melancolía, a tristeza,
como la luz que callado guardo
y que en estas letras se escapa.

Sólo un ángel me cuida,
de la noche a la mañana.

Pobre de mí

Toda mi vida fui un extranjero.

El único lugar en el que alguna vez me reconocí,
fue en la sonrisa, la mirada y las manos de A****.
Pobre de mí, que veo su sonrisa, mirada y manos
allá donde descanse mi vista o mi pensamiento.
Pobre de mí, hijo de la obsesión y títere del amor,
que no reconozco en todo lo demás Su belleza.
Toda mi vida la pasé solo, salvo cuando ella me dio refugio;
aún siento su calor subir y bajar
por mis venas, pero aún añoro su tacto  como prueba de que es real.
Pobre de mí, me dije toda la vida,
mientras me alimentaba,
en el mejor de los casos, de vacío.

Pobre de mí, yo me repetía,
cuando ella estaba y cuando no,
cuando yo no era,
y cuando sigo sin ser.

Toda mi vida fui extranjero,
hasta que dejé de vivir por mí
para compartir mi amor y sublimarlo.

En ello estoy, mientras escribo
significados dormidos entre letra y letra,
mientras una voz me repite:

“Toda tu vida serás un extranjero, hasta que te dejes llevar por nuevas manos,
una nueva mirada, 
y la sonrisa que en todo Ser reside.”

Pero mie…

Canto al espejo

A ti te debo mi luz y mi sombra,
y por mostrármelas te honro en silencio: hoy rompo esa agonía.
Cuando te vi por primera vez
sentí un terrible miedo.

Un rayo de luz se hizo visible
a través de mí.
Durante algún tiempo no pude soportar
la crudeza de tus facciones, tan reales,
la lástima que emanaban tus ojos,
pidiendo ayuda como el llanto de un bebé.
Me enamoré de ti.

Y mientras me recreaba en tu silueta,
en tu piel, olvidé el origen de mi miedo.

Hasta que volví a mirarte,
y miré más allá de lo visible,
hasta que no vi nada.
Y te odié.

Después te hice humano;
te acercaste a mí,
y construimos un hogar en común.

Y en tu forma humana entendí que no estaba solo,
que aquél de mi espejo se encontraba en todos los espejos.
Y entendí que no tenía forma, ni sexo, ni pensamiento.
Dejé entrar el aire en mis pulmones,
abrí mis labios y mis brazos,
bajé la cabeza,
pedí perdón y di las gracias.
Fue duro, fue largo,
será duro, será largo,
pero es.

Y te rindo este diminuto homenaje,
espejo mío, mi amor,
para recordarme el regalo
que m…

El otro

¿Existe el otro?

Tengo un traje que no es mío,
se desintegra, caen sus hojas
y yo las lloro, ciego, mientras
observo como mueren.

Miro al suelo, y mientras riego mi apego,
desatiendo los nuevos brotes
de las hojas que algún día habrán de caer.

El gato que me acompaña no es metafísico,
pero en sus cuatro patas, sus dos ojos,
su cerebro y su corazón descansa lo eterno.

¿Qué nos diferencia?

Nada.

¿Qué nos separa?

Nada.

¿Por qué le llamo gato y envidio la simpleza de su camino?

Porque soy un ignorante.

Y mientras me hago estas preguntas,
que no son mías, el sol sale y se esconde,
la luna asoma, pasea su luz, y también se va,
y ambos, como las hojas que cubren mi traje,
suben y caen movidos por la Gran Fuerza,
conociendo que el sol no todo lo abarca,
que la luna no ocupa todo el tiempo,
y ambos lo aceptan, porque no son sol ni luna,
no son belleza ni horror, no son tú o yo,
sino el Gran Uno, que no se pregunta,
porque todo y nada sabe a la vez.

¿Ser o no ser?

¡Ser y no ser!

Ser el viento que me atraviesa,
y no ser el qu…

Niños libres

¿Dónde está la vida?

Quizás se encuentre dentro…
Al mirar hacia fuera siento un escalofrío, distante, desconectado, agónico.
¿Dónde está el amor?
¡Qué todo lo impregna!

¿Y yo, por qué no lo veo?
En mí hay un vacío; mi cuerpo yace hueco entre paredes que se derriten.
¿Dónde está el motivo de la sonrisa?
¿Dónde estás? ¡Dios mío! ¿Dónde?
Me agitan las miradas de la gente;
en su centro veo esperanza, en su cuerpo sólo polvo.
¡Niños, venid a mí!
¡Venid a mí, y juntos bailaremos!
Sonreiremos a la vida y la haremos nuestra; cantaremos al futuro con el tiempo en nuestro puño cerrado y sangrante, cargado de esperanza.
¡Dejad que se acerquen a mí!
Más muerte y sólo olvido…
Queremos sonreír, queremos imaginar un mundo y darle forma mientras lo soñamos.
¡Basta ya de miedo! ¡Basta!
Querido yo, querido tú, querido niño salvado,
encendamos de la mano la luz que nos guía, dentro, muy dentro, hasta que rebose el cuerpo, y juntos, iluminemos para siempre la triste vida.
¡Bendito amor! ¡Bendita alegría!

¡Niños, …

Del pasado todo queda

Pájaro azul llama a dulce magnolia,
a sus sueños, senos y memoria;
la llama siempre en cada gesto,
le rinde culto en cada obra.

¡Viento! ¡Viento!
¡A cien historias!

Que le canten y adoren
envuelta en sombras.
¡Cielo! ¡Cielo! ¡A mucha honra!

Que sus ojos se vacían y rebosan
como de luna novia, ¡de luna esposa!
Ruiseñor azul corre a buscarla,
ya no a ella, mas su magia;
la escribe imágenes y versos,
le entrega amor entre sus dedos.
¡Sangre! ¡Sangre! ¡A mí las lanzas!
Que mi cuerpo es muerte
en formol vencido.
¡Tierra! ¡Tierra!
¡A nadie manchas!

Que las aves somos libres
al soñar vivos la danza.

¿Quién persigue al mal nacido?
¿Quién de él forjó su suerte?

¡Qué nosotros somos niños,
entregados al azul placer!
¡Qué vosotros sois ancianos,
culpables y testigos del ayer!

Viento, cielo, sangre y tierra,
que henchidos vagan y regresan:

¡Nunca dejen, los hijos de mi herida,
de bailar a la tormenta de la melena negra!

Viento... Cielo... Sangre... Tierra...

Viento... Cielo... Sangre...

Viento... Cielo...

Viento...

Primavera en Granada

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en polvo y escarcha.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

En las noches de Juno
se adueña el monstruo bicéfalo
de un juego adormecido
entre las frías garras sin pan.

Y los niños, siempre niños,
niños de sol y de muerte,
cogen sus manos y entonan salmos
a los Dioses paganos
que perdieron forma y sentido.

Huele a dulce y silencio,
en la mañana tardía y en los sueños
de los jóvenes que usurparon
las lágrimas del balsero.
Allí cantan y roban frutos,
aquí bailan sobre el gesto ausente
de aquel que fue conejo y se ofrece
a mi mandíbula, como se ofrece el otoño
a los huérfanos del color en España.

Huele a muerte en los ojos
de los que transitaron la pescadería,
y a naranjas, en los que caminan
libres por el arroyo sin más carga
que las fábulas de Federico,
de moscas, alacranes y curianitas
que una vez soñaron con amar.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en pol…

Pena

En la lágrima que barre mi rostro
cae una pena que no es mía.
¿Qué será lo que pide agosto
que en septiembre no termina?
Dios me castiga con ella
y yo caigo en su trampa,
como el árbol cae a la tierra
y el veneno a mi garganta.
¿Quién teme lo que olvida? ¿Quién nunca temió nada?
En la pena que carcome
los destellos de ternura,
se ha perdido la mañana
por una caricia suya.
¿Quién mata lo que ama?
¿Qué nunca mató al alma?
Dios me entrega este silencio
y yo lo canto, riego y sueño
como el necio riega, sueña
y canta en la vereda blanca.
¿Quién de recuerdos forjó un hogar
donde al aire orgullo ardía?

En mis ojos que no son míos,
baila un grito de armonía. En el agua tranquila y dulce
muero siempre al recordar.

¡Dios mío - yo le rezo -
Dios mío, ten piedad!

Exclamaciones y preguntas

¡Qué gusto sería poder perdonarse como se vacía un vaso de leche!
¡Ah! ¡Pero qué poco tardaría entonces en volverse a llenar!
En mi infancia y adolescencia provoqué tanto dolor, que hoy olvido lo que no es tormento.
Nací niño libre y vivo preso.
Preso de lo que no me perdono,
preso en la seguridad del hogar,
preso en la mente y el miedo.

Tanto conocimiento, y cuánto más conozco,
más desearía ser el tonto del pueblo.

¡Santo Diógenes!

¡Te masturbabas en el ágora
y los ignorantes te tomaban por necio!
Alejandro Magno habría querido ser tú, de no ser él.
Yo no quiero ser nadie, si acaso, ser yo.
¡Ah! ¡Ser yo! ¡Qué ironía!
¿Quién soy? ¿Cuántos soy?
¿Soy el que anda con miedo por la ciudad? ¿O el que canta y baila alegre mirando hacia el cielo?
¿Soy el que cruza el mundo por amor?
¿O el que llama extranjeros a los del otro lado de la ventana?
¡Soy todos y no soy ninguno!
Soy mi cuerpo y todos los cuerpos,
pero muero, muero más que vivo.
Quisiera ser un vaso de leche,
y si alguna vez fuera uno,
me lamentar…

Contemporáneos

Viérteme tu dulce en este mundo amargo.
Recuerdo cuándo Rimbaud, y el daño que ha hecho a la poesía tanto verso cursi y tanto autor estrella.
Antes, los poetas se estrellaban, y no era hasta bien muertos, que sus obras echaban a andar.
Ahora sólo tengo ganas de vomitar, y si el mundo está enfermo, que triunfen los que mejor se adapten a él.
¡Ah, pero no! ¡A enfermo nadie me gana!
¿Entonces, por qué tanto rechazo?
Tanta locura en vano disfraz, y yo, con mi cordura errante,
escondido entre lo efímero y lo sublime.
¡Bomba nuclear!
¡Destrucción! ¡Exterminio! ¡Selección natural!
Y los tristes, los tímidos, los hipersensibles, todos, sin excepción, acabemos ahogados, como el bueno de Rimbaud,  que traficaba con esclavos, pero al menos,
escribía para el recuerdo.

Acuéstate conmigo

Lo siento, no vamos a acostarnos.
Yo no me desmadro:
soy romántico hasta lo absurdo.
Saldré a buscarte, haré como que no te he visto.
Beberé en silencio al fondo del bar.
Contaré mis deseos,
mientras de reojo te observo bailar.
Y tú, llegada del cielo, bailarás con hombres de voluntad.
Conmigo no, yo no me atrevo a hablarte.
Me mirarás por un instante, harás como que no me has visto.
Te miraré en silencio, mientras bebo al fondo de otro bar.
Y seguiré bebiendo de bar en bar,
y te seguiré mirando aunque tú no estés.
Así que, por favor, no lo preguntes más:

no vamos a acostarnos...

Aunque me moriría por dormir contigo, por hablar contigo, por mirarte nariz con nariz.
Pero te repito, una última vez,
que no vamos a acostarnos.
Yo no me desmadro:
soy absurdo hasta lo romántico.

Belicismos

Como en una batalla de trágico final para el vencido, la vida pasa lenta y monótona frente a mis ojos que ya no parpadean.
La resignación enturbia mis deseos mientras éstos se revuelven inconformistas sobre las tumbas de aquellos besos que no olvidan.
Y los árboles aún me sonríen cuando al pasar junto a ellos les hablo y comprendo como no puedo hablar y comprender a los demás paseantes.
La línea de puntos suspensivos  se extiende interminable sobre el asfalto.
Mi vida quema, como en agosto, aunque la lluvia caiga como balas y el frío se acomode en mi garganta.
Esperar es el verbo más complicado y el único que no me abandona.
Imagino, como sólo puedo imaginar, un baile de pieles desnudas y manos evaporadas, besos, ojos clavados y expediciones humeantes.
Imagino, porque sólo así no me limito, las huellas de la belleza alrededor de mi cuerpo.
Pero a ella, a la belleza, no alcanzo a verla.
Y así suceden los días, como pequeñas guerras, en las que sigo un rastro inabarcable  entre conversaciones con vegetales y mirad…

Haniel

Ojalá tuvieras unas ganas locas de abrazarme, como las que yo tengo.
Porque entonces, sería como en mis sueños; y tocar tu piel que me recuerda al cielo, y oler tu cabello que aún hoy me embriaga.
Y es que, cada vez que te sueño, que es todos los días, te busco entre todas las mujeres, desespero si no te veo, tan real, que parece cierto.
Ojalá tu sonrisa 
me fuera regalada de nuevo.
No la merezco,  pero tampoco conozco a nadie que esté a su altura.
Tu sonrisa es alta como la luna, caliente como el sol y eterna en mi recuerdo.
No te busco, te espero.
Y no me importa el tiempo que pase, si un día nos cruzamos, y tienes unas ganas locas de abrazarme, como las que yo tengo.


Nota de no-suicidio XVI

Le temo, tanto más, a la vida, que a la muerte.
¡Matadme!
Este poema me ha salvado.
¿Dónde está mi valor para morir?
¿Para vivir?
Esta pulsión ingobernable, acabará conmigo.
Más pronto que tarde, que me maten los cuchillos, como en mis sueños, aquí lo pido.
Mamá, Nacho, Gonzalo, Padre, perdonadme.
Mas allá donde aspiro, os sé amar, mejor que vivo.
¿Dónde estará mi muerte?
A mi vida ya la he perdido…
Soy un muerto arrastrándose, que nunca hubo de haber nacido.
¡Muerte! ¡Muerte!
¡Te desafío!
Mi pena es ser mortal, aún siendo olvido.
¿Qué razón, pena y silencio, me impones con tu desprecio?
No hay mayor rima, como vivir y no haber querido.

Ruiseñores

¿Dónde están todos los que se enamoraron?
En la cautivadora piel de una ninfa sin nombre afloran los muertos en vasos de vino tinto.
Se muere la lluvia contra el suelo.
No recuerdo el color del frío ni si mis pies llegaron a sentirlo alguna de aquellas veces en que tú me abrazabas la noche.
¿Dónde está, por fin, la explosión final?
En mi ira no encuentro rocío ni aves sobre mi estanque y veo disueltas las verdes hojas que hoy me son desconocidas.
Se derrite la pasión en lento vuelo.
No sentí jamás dolor semejante, como la ausencia de tu dulce risa.
No callaron los ruiseñores, cada mañana, mientras tú no venías.
Y yo me iba...
Me iba...
Y me fui.

Viajero sin cuerpo

Miro a través de la ventana, y me pregunto:
¿Cuánta gente mirará a través de sus ventanas, como yo hago, observando el paso del tiempo, en la calle, sin saber que no están solos,  mirando a través del cristal, en esta tarde fría, como yo hago?
Y viajo a Sudamérica y me lleno de la miseria, de un joven que cabalga largos kilómetros, para acudir a una escuela sin futuro.
Y regreso a mi escuela, y a aquel patio de recreo, donde sociabilizar era una obligación.
¡Qué tristeza, la de aquel niño en silencio!
Las gotas de rocío, una noche más, me impiden escrutar el conocido horizonte.
El tedio me asfixia.
Y pienso en el cielo de aquella década, o más que una década, donde la música impregnaba los corazones secos.
Y miro al mío, latir convaleciente, aún por la pérdida que ya no me canta amor.
Si por lo menos pudiera compartir mi soledad, con aquel o aquella que mira a través de su ventana, sin saber que yo, tras la mía, le pienso esperanzado.
¡Si tan solo pudiera recibir su abrazo!
Las lágrimas ya sólo me rozan con …

El ladrón de bicicletas

Me gustaría correr sobre un puente como en Jules et Jim.

O que se detenga la historia y bailes Moonchild como en Buffalo'66.

Pero mi vida no es ninguna jodida película,
mas bien parece una montaña que subo de espaldas sin saber cómo.

En todo caso, mi vida sería una canción,
triste, melancólica,
con un fondo negro siempre a punto de engullir a un punto de luz.

A veces sucede, que me encierro en ese diminuto punto,
y me creo que estoy en una jodida película.

Luego continúo con mi apática existencia,
esperando como una estatua en un museo,
a que llegue el momento de salir a la calle,
y beber decadentemente
con mis amigos los gatos.

Beber me gusta, como imaginar,
o trazar un plan para compartir mi pequeño punto de luz,
lentamente, pero sin pausa, entre guión y rodaje,
rodaje y guión, y así poder seguir sobreviviendo.

Mi vida no es una jodida película,
aunque me gustaría que fuera tierna y multicolor,
como la escena inicial de Le Mépris.

Y es que no, no lo olvides,
mi vida no es ningun…

Desnudo

Todo cuanto he tenido se haya muerto.
Rayos de sol, ondas en los estanques, nubes rojizas en el adviento.
He enterrado mis promesas.
He vaciado mis recuerdos de tanto usarlos.
Caricias, lunares, pieles innombrables, susurros caídos en desgracia.
Y sólo ahora, a la luz de la luna llena, he encontrado el silencio.
He sepultado al miedo
al borde del abismo.
He reído.
He escrito tantas notas de suicidio que la muerte me perdió la pista.
Gloriosas montañas, ríos de cristal, lluvia suave como el aire.
Todo cuanto he tenido se haya muerto.
Y al dejarlo morir, entre mis brazos agonizantes y desnudos, he sabido:
Que nada nunca tuve.

Drogas que gritan

Al mirarme al espejo, encuentro al tú.
¡Neptuno! ¡Neptuno!
¡Dame tu suave sosiego!
¡Neptuno! ¡Neptuno!
¡Inunda de agua mi mar!
Y a Nosotros; y a Vosotros,  encuentro en mi todo.
¡Dulce canal, la mar!
¡Bésame, bella tú que imagino, tus labios de sal, tu sol de granito, me brillan las ganas de amar!
¡Neptuno!
¡Oh! ¡Perdido Neptuno!
¡No quiero encontrarme, no quiero estar; no quiero ser definición, en tu estrella de mar!
¡Neptuno! ¡Neptuno!
¡Dilúyeme!
Tu droga me calma; tu abismo de dulce, me hace volar.
¡Neptuno! ¡Neptuno!
Sólo tu sed... sólo tu aroma... sólo tu libertad... sólo tu confusión... sólo tu perdón... sólo tu risa... solo y tu llanto...

¡Neptuno!
¡Neptuno!
¡Sólo tu olvido, me consigue hacer olvidar!

SOBRE LA DEMOCRATIZACIÓN DE INTERNET

Creo que es muy necesario que los agentes culturales adapten su capacidad de crecimiento a las posibilidades de difusión que les ofrece internet. Lo mismo ocurre con lo que debe realizar la democracia para reinventarse, y llevar la voz de cada ciudadano a la toma directa de decisiones que afecten a la sociedad. Por ello, propongo crear un proceso de diálogo que englobe a usuarios, agentes culturales, círculos políticos y a las empresas de comunicaciones, con el fin de plantear un marco estatal, aunque con miras globales, para la regularización de la red, con la plena defensa de la privacidad individual, así como del disfrute de los derechos de los que gozamos en la vida civil fuera del ámbito de internet. Es, en definitiva, la apertura de un proceso constituyente para la democratización del acceso a la red.
El acceso a la cultura debe estar al alcance de todos, con independencia del poder adquisitivo de cada uno, y de una forma que mantenga la posibilidad de crear nuevos contenidos di…

Imperialismo crónico

Si se lo quieren quedar, que se lo queden; mi vida, sólo yo puedo vivirla.
Si las riquezas del planeta, las quieren todas para ellos, suyas son, que las copen, y a sus nietos las arrebaten.
Que acumulen todo bien material, que transformen a las almas perdidas en mercancía para sus intereses; que esclavicen las vidas de aquellos cuya voluntad sucumbe al exterior; que yo me haré fuerte y libre en la inmensidad del alma.
Que llenen las mentes con veneno, que al deseo lo llamen necesidad; que abunden en todo cuanto me rodea, los llamamientos al efímero consumo; que no podrán nunca invitarme a que posea más que mi propio cuerpo.
Si lo desean, que dejen morir al hambriento, y que lo deje morir yo también, mientras sepa que el mundo muere, y que mi mirada no permanece impasible,  mientras olvida luchar por vivir, ante la humanidad sumergida  en este eterno baño de sangre.

Tu voz dentro de un sobre

¿Qué es lo que crece en mí, indefinible como el aire, que me hace buscarte en todas las miradas?
Desisto, de buscarle unas palabras, aunque ahora, como siempre, me contradiga.
¿Cómo se muere en primavera?
Te quiero. Te espero.
No sé, hasta qué punto perdí la cabeza, pero qué libre me siento desde que no la veo.
Y pasan las semanas, tan rápido, que me pesan como días, como horas.
Si tan solo supieras, cómo se muere en primavera.
Te quiero. Te espero.
Y hasta lo racional, lo correcto, se me cuela como justificación, mientras escucho la música.
La suya, la del Arco Iris,
repetidas veces, para acallar mi silencio.
Porque en mi silencio te encuentro.
Y miro al mapa.
Y no sé si imagino que a la vez que te encuentro, tú me imaginas encontrándote; y no sé si soy un iluminado, con brillantes visiones, o si una falsa esperanza me aleja de la cordura.
Y de la primavera.
Y de ti.
Te quiero. Te espero.
Y la noche pasa, como siempre, tan oscura como tu ausencia.
Y mi esperanza sigue creciendo, tan irracional, que parece cierta.
Y e…

Comodidades

Vivo con la angustia de que una explosión
de los electrodomésticos con los que convivo,
cambie mi estado y lo transforme en ceniza.
La calamidad de un accidente
me provoca terribles visiones.
Y no soy yo, solo el que se marcha;
a veces, se me aparece la figura de mi madre,
en el instante antes de que su coche colisione.
Y veo a mi abuela, caer desmayada en el baño,
y yacer sin el inabarcable alma ya sobre su cuerpo marchito.
En mi mente atemporal y siniestra,
habita un monstruo que alumbra la fatalidad.
Y quisiera tantas veces alcanzar la libertad
que me brinda la ventana y su dulce caída.
Mas no me atrevo, y sufro ante la idea de quererlo.
Es sobre estas teclas que tratan de expresarme, donde vuelco todo el miedo que hay en mí.
He de volcarlo, pues de no hacerlo, las garras del pánico me atacarían sin pausa,
y por contagio al mundo entero.
Es por ello que he de sentirme un afortunado, por no saltar por la ventana; por no ver en la realidad a mi madre sin vida entre el acero; por no recibir la not…

NO INCITACIÓN AL TERRORISMO

Me explotaba la saliva en un grito de auxilio. A penas eran las doce de la noche en la Plaza del Dos de Mayo, algunas niñas rechazaban su cariño por una bolsa de chucherías. Ya me encontraba borracho. Había fumado hachís y el mundo olía al dulce aroma de los vagabundos. Jaime asomaba por la ventana y pedía un mechero para encender el canuto de griffa, como así lo llamaba Leopoldo María, y como así la probaron tantos otros en todas las llanuras de mala sangre y peores hábitos. ¡Vivan, vivan los tesoros! Los barbudos bajan por las paredes persiguiendo mi esquizofrenia. Y los encuentro tan cómplices con lo que denominan en mí como razón. ¡Viva la música de Novák, por sonar de casualidad en esta habitación desahogada! Me voy a dormir, o a no hacerlo, porque no quiero seguir escribiendo.
Al despertar, a la mañana siguiente - ¡al Diablo! - pensé para mis adentros, mientras saltaba de aquel colchón desnutrido sobre el frío suelo de mi habitación. Los periódicos salían anunciando en su cubie…

EL INCESTUOSO BESO

Tuve un sueño en el cual perseguía a quien era yo en la infancia, y correteaba por un jardín junto a otros niños, con mis gafas rojas y mi melena rubia cortada al estilo de los noventa. Y mi niño no quería verme, no quería saber nada de mi. Yo, cada vez más exhausto, le veía mirarme, y veía su rostro enfurecido, y conocía la causa de su enfurecimiento mientras corría y corría sin darle alcance, sin más compañía en ese jardín, que ya no era verde ni alegre, sino un volcán de dolor y memorias borradas, que sólo osaban aparecer en los sueños.
En la espigada mesa que se estiraba sobre la terraza, frente a aquel jardín sombrío, afloraban las sonrisas y los comentarios complacientes entre señores y señoras de etiqueta, con quienes ningún parentesco me unía; y ahí estaban, sí, los niños sentados a la mesa, jugando y tirándose la comida los unos a los otros, y sonriendo frente a las palabras vacías de sus padres, que escupían apariencias y engaños como culebras atrapadas en burbujas de odio.…

LECCIÓN DE LIBERTINAJE

Había terminado de leer el tratado sobre libertad sexual que dejó escrito el Marqués de Sade en su Filosofía del Tocador, desde un banco de un parque cualquiera del Barrio de las Letras, cuando algo se apoderó de mis piernas, que cerraron aquellas páginas propagandísticas, y caminaron por la plaza de Santa Ana hasta el interior de una tienda de alimentación. Como era de esperar, había una china detrás del mostrador que miraba totalmente absorbida una serie de televisión protagonizada por sus con-ciudadanos. Me preguntaba qué era lo que hacía yo, detenido en mitad de aquella tienda, cuyo aire acondicionado sólo expulsaba calor húmedo y bochornoso, como recreando los arrozales del Sur de la República Popular; y no podía entender por qué mis piernas se encontraban clavadas en aquel suelo de granito, si no tenía voluntad, hambre, o dinero para comprar ninguno de sus productos de fácil adquisición. Y de pronto, apareció por aquel pasillo la ilógica razón que me había llevado hasta allí, t…

VIAJE A NINGUNA PARTE

Es en esta época absurda como todas, donde la facilidad para la distracción y la ausencia de magia se arriman en portales que estallan y se reproducen ante los ojos atónitos y siervos de una idea que ni siquiera es idea, sino simple esclavitud y prostitución de lo que pueda quedar de amor, de consciencia y de alma en los cuerpos vacíos de todos aquellos que escribimos en las noches, con los dedos sin yagas, y las palabras vomitadas en algo que no podemos doblar y tirar; observo desde la ventana:
En la calle sólo hay prostitutas y jóvenes, no tan jóvenes, que salen a tomar una cerveza y beben, y gritan, incluso insultan a las bien alimentadas señoras que les aguantan y cuyos padres bebían y gritaban, como beben y gritan hoy sus acompañantes patéticos.
Entre la plaza de Legazpi y la calle Lavapiés, decidió caminar William Alberto en busca de algo que llevar a la boca o a su polla hambrienta. Pasaba la medianoche y los demás borrachos apuraban sus botellines ante el incómodo sonido del …

Semreh

Quisiera ser la voz de mi generación, pero me resulta una labor estéril.
Me resulta tan complicado hallar en mí definición alguna; cada vez que se me invita cortésmente a que me defina, sólo puedo parapetarme detrás de alguna cortina cómplice, o bajo mi disfraz indefinido.
Espío a las chicas desde mi habitación, lo cual me inhibe para postularme a rey de baile alguno.
Cada vez que un pensamiento se posa sobre mi lengua, empleo todo mi esfuerzo, para de forma involuntaria, dejarlo caer; a continuación, un nuevo pensamiento ocupa el lugar del anterior, y sigue a sus con-pensamientos hacia el precipicio de la lengua española.
Y no puedo decir, como dijo Pessoa, que mi patria sea lengua alguna, puesto que yo habito en el limbo  que separa a las palabras, demasiado poco expresivas, para lo que mi mente habla, y mi corazón se empeña en callar.
Quisiera ser un mensajero, pero no encuentro nada que decir.
Y cada vez que algo parece valer la pena, se derrumba como un castillo de naipes, sobre mi comunicación inservible.
Q…