15 de diciembre de 2010

Pero

Puedo arrepentirme y olvidarme cada vez que sueñe contigo,
lo que no logro es borrarte de aquí adentro.

Puedo desearte y seguir amándote y procurar no despertar nunca,
lo que no logro es aprender a vivir sin ti.

Puedo malgastar mis horas sentado en la misma cama vacía,
lo que no logro es hacer algo hermoso en ella.

Puedo lamentarme y llorar e incitar al cielo a que me fulmine,
lo que no logro es ver la perfección en esta puta vida.

Puedo cambiar tu carne por otra carne y tu aroma por otro olor,
lo que no logro es creérmelo ni un instante.

Puedo reír y levantarme un par de veces a oscuras,
pero lo que no consigo / es ser feliz.


video

http://www.youtube.com/watch?v=4zMcF7ObKB8

21 de noviembre de 2010

Pequeña muerte

Sácame los ojos a base de otro,
esquívame cuando te hable,
tírame al saco de objetos perdidos,
recógeme de entre la mierda
para que descanse limpio.

Sacúdeme los polvos que se hicieron viejos,
bríndame cada beso que malgastes,
tortúrame pintando esos ojos de arte,
recuérdame si te das la vuelta en la noche
y ves que ya me fui.

Dedícame algún pensamiento bonito,
húyeme si ves que te persigo en los sueños,
descúbreme si te espío entre las sábanas,
piérdeme tú si yo sigo sin perderte
y dame paz.

19 de noviembre de 2010

III. COLISIÓN DE AMOR

Llegó con la imperiosa necesidad de conocer su reacción. Llevaban dos largos meses sin verse. En la calle llovía como si el mundo llevase vidas enteras vagando sediento por el desierto. Al entrar, se quitó la gabardina empapada y la colgó junto a las demás en el perchero. Su corazón palpitaba a la velocidad de un rayo. Quería escapar de su pecho en cada latido. Ese músculo que bombea sangre y se ahoga de amor, azotaba ferozmente sus ya marchitas costillas. Echó un vistazo al fondo de la sala, dónde se reunían en torno a una mesa los amigos que tenían en común. No la vio. Se acercó envenenado de incertidumbre. Al llegar a la mesa, sus amigos le saludaron efusivamente. Nico, sin embargo, sólo podía centrarse en buscarla. Y como quién busca, encuentra, la divisó sentada frente a él. Sofía le miraba sin pestañear. Sentía una fuerza incontrolable desde lo más profundo de su ser, que se moría por saber cómo le había ido. Qué había sido de él en esos interminables meses de otoño. Nico se acercó a ella y la saludó cortésmente, con un beso en cada mejilla. Parecía querer marcarla cada vez que sus labios tocaron su piel.

Entre miradas esquivas e inocentes roces bajo la mesa, terminaron la cena sin decirse nada. Nico salió afuera a fumarse un cigarrillo. Ya no llovía. Tras dar un par de caladas, se abrió la puerta del restaurante. Era Sofía, quién cargada con un mechero y su habitual Marlboro, irrumpió pisando la húmeda noche que cubría el asfalto. Ahí estaban, plantados bajo el cielo entechado, escupiendo el humo lo más lejos posible. Ya habían perdido demasiada salud a causa del otro.
Finalmente se lo contaron todo. Hablaron de sus trabajos, de cómo les había ido por separado, incluso de sus fallidos intentos por rehacer su vida. Pero por mucho que Nico lo intentase, a cada palabra que soltaba, su mirada y sus deseos sólo podían dirigirse hacia los labios de Sofía. Y ella, hacía lo propio. La idea de tenerlos tan cerca, de querer devorarlos entre ternura y hambre, de no poder tocarlos, a Nico le quitaban minutos de vida. No podía comprender que hubiera barreras más fuertes que el amor. Siempre pensó que con eso bastaría.
Pasó media hora sin que ninguno recordase la excusa del cigarrillo. Esos treinta minutos de contención obligada más tarde le costarían a Nico una úlcera. El esfuerzo que hacía por no besarla sólo era comparable al de ascender y descender el Everest siete veces. El mismo número de ocasiones en que optó por derribarlo todo y ahogarla con un beso. Pero logró resistirse. Sofía entró dentro, pero Nico quiso tomar más el aire. No se sentía con fuerzas para volver al interior, así que decidió marcharse.

Caminó pensativo hasta el garaje. Allí subió en su descapotado utilitario y emprendió la marcha de vuelta a casa. Llevaba la radio apagada y sólo escuchaba la música que le ofrecía la calle. Pensaba una y otra vez en Sofía, en cuánto la seguía amando y en cuánto daría por tenerla de nuevo entre sus brazos. Se lamentó por tantas veces que la descuidó. Envuelto en el recuerdo de un pasado mejor, siguió circulando por las calles de insomnio de Madrid. De pronto, salió un coche de la nada y se aproximó a toda velocidad hacia Nico. Sin tiempo a reaccionar, fue testigo de cómo le embistió por el lateral. El ensordecedor ruido de la colisión silenció hasta el crujir de las nubes. La noche se quedó muda. El corazón de Nico, aquél que tanta guerra daba cuándo sentía cerca el corazón de Sofía, se quedó mudo también. Tanta censura hacia sus impulsos y pulsiones, acabaron por apagarlo.

10 de noviembre de 2010

Insomnio

Si no es tu piel morena la que me abraza,
que no me abracen.
Si no despierto devorado por tu perfume,
que no me despierten.
Si tus ojos blancos no me vigilan en la noche,
que no me vigile nadie.

Pero si decides quedarte hasta el alba
y olvidas tus miedos afuera
y callas tus labios de rabia
y juras mirar sólo al frente
y gastas tus besos en mi cama,
entonces quédate.

Pero si decides quedarte hasta el alba
y te acuestas con tus miedos
y tus labios escupen rabia
y tu mirada anda de espaldas
y guardas tus besos en otra cama,
entonces márchate.

Y si te quedas o si te marchas,
siempre recuerda
que mi noche contigo empieza
y en ti acaba.

9 de noviembre de 2010

II. CORAZONES TUERTOS

Ahí estaba él, empedrado como una baldosa más. La pared de la cocina helaba, sin embargo no podía sentir el frio. La luz a penas le permitía reconocer la silueta de esos labios obcecados. Se acercaban como hachazos en la noche. Como dando bocados al tiempo. Frente a ella, resistirse parecía una utopía. Apretó sus puños y sus dientes, y procuró dirigir la mirada hacia un lugar seguro, allá donde no le encontrasen esos decididos ojos verdes. Los mismos que antes eran capaces de llevarle a la cama con un solo pestañeo, ahora se empleaban con más ahínco en su empecinada labor. Esquivó la primera embestida, pero ceder el cuello fue inevitable. Ella le mordía como si se fueran a acabar los besos. Eran las diez, y las agujas del reloj querían saltarse las horas. Nico lo tenía todo en contra. Amarrando sus labios a su rostro se dejó llevar hasta el sofá. Allí se encontró semidesnudo, con las piernas de Sofía impidiéndole cualquier escapatoria. Se esculpían a suspiros. Sus labios jugaban a no enredarse, pero sin perderse de vista. Llegó la segunda embestida. Entonces a Nico se le subió el frío desde donde lo tuviese olvidado. Recordó cuantas veces sus labios no alcanzaban a besarla, y la esquivó de nuevo. La hizo a un lado, levantó sus Levis desteñidos del sofá y encendió un cigarrillo que dejó atraparse. Sofía recogió su suéter y salió de un portazo. Nico miró por la ventana y sólo quiso cerrar los ojos.

De pronto los abrió como si acabase de entender la vida. Pero no fue eso. Tiró el cigarro al suelo, lo pisó y salió a toda prisa hacia la calle. Allí estaba Sofía, subida en su coche y poniéndolo en marcha. Metió la primera y aceleró rumbo a sí misma, con la intención de no volverse nunca hacia nadie más. De un salto, Nico se plantó frente al coche. Fue el pie de Sofía y no su deseo quién frenó. Él abrió la puerta, la cogió de la mano y la sacó del tirón más delicado que jamás hayan dado. Plantaron sus ojos frente al otro. Entonces sus bocas quisieron emularlos y se acercaron hasta rozarse con un "te quiero". El beso y la manera en que hicieron el amor esa noche, sólo lo podría haber evitado la razón, de dos corazones tuertos.

2 de noviembre de 2010

Gran Vía, Tú y Yo

Desnuda como la vida sin ti,
desnuda como la noche contigo.
Barrimos los rincones de Madrid
en busca de cualquier enemigo.

Hemos violado cada esquina,
enterrado la vergüenza.
Hemos compartido secretos
con farolas de poca inocencia.

Hemos pintado las paredes de rojo
y el cielo de azul.

Cada boca de metro
tocaba su melodía.
Cada paseo empedrado,
cada marquesina cotilla
desnudaba a la gente
que recorría Gran Vía.

Ayer esquivamos los ojos que juzgan
y abrazamos las sonrisas que miran.
Hoy caminamos calles, plazas y avenidas
y encontramos nuestras vidas perdidas.

Hemos pintado las paredes de rojo,
y el cielo de azul.

12 de octubre de 2010

I. CON ESTROPAJO SALE MEJOR

El café, como de costumbre, escapaba de la taza a cada paso. Lo apoyó sobre la mesa. Luego esperó a que no quemase tanto y acercó su labio superior hasta tocar el humeante líquido. Con timidez, dio un pequeño sorbo. Por mucho que lo intentara, el día no iba a comenzar bien. Trató de disfrutar de sus “pequeñas cosas”, como él llamaba a esos momentos de paz y felicidad: el periódico deportivo, una canción alegre, un cigarrillo y el mencionado café. Pero nada pudo desviar su atención del inmenso cosquilleo de angustia que parecía carcomerle las tripas.

La noche anterior esperaba a Sofía frente al alumbrado de la valla publicitaria, como cada viernes a las nueve. Llovía. El cielo estaba gris y la calle desierta. Pasaban los minutos y ella tardaba más de lo habitual. La humedad entraba y salía por cada uno de sus poros, su ropa estaba empapada. Entonces apareció ella. Cruzó la calle corriendo hasta detenerse frente a Nico. Su pelo rubio se arrastraba mojado entre sus pómulos. En cada parpadeo, las gotas de lluvia se aferraban por no caer de sus pestañas. No pronunció palabra alguna. Tampoco él esperaba una explicación. La forma en que ella le miraba, con ese sentimiento de culpa con que te mira un perro cuando se mea en la alfombra, bastaba para confirmar lo que ya temía. Pasaron los cinco días anteriores sin verse. Ingenuo de él, que creía en la coincidencia, más de lo que quería creer en la realidad.
Caminaron sin decirse nada hasta llegar al apartamento. Pero con eso mismo se lo dijeron todo. Ya arriba, con las prendas puestas a secar junto a la estufa, se sentaron desnudos en el diván. Frente a frente, con la confianza de quién lo ha compartido todo, se miraron en silencio. Nunca una mirada había sido tan profunda. La pena, la impotencia y el cansancio dibujaban sus cuerpos. Sus cabezas comenzaron a acercarse. No querían, pero el movimiento no lo dictaban ellos. Casi les dolía cuando cerraron los ojos y se fundieron en un beso lento. Los labios sufrían ante la idea de separarse. Cada vez se apretaban con más fuerza, hasta que una lágrima se derramó hacia el vacío desde sus mejillas. Esa lágrima suicida derribó todas sus barreras contenidas. Sus manos comenzaron a buscarse. Descubrían el cuerpo del otro como si nunca antes lo hubieran amado. Sus piernas se enlazaban y la forma que iban cogiendo cayó al horizontal. El beso pasó a ser caníbal. Se mordían, se olían, restregaban sus caras, sus torsos. Estuvieron amándose toda la noche. Con el primer rayo de sol escampó, y con la lluvia, se fue todo lo que habían sido. Nico recogió su ropa, la besó en la frente y salió. Sofía se quedó tumbada bocabajo en la cama, cubierta por una sábana blanca y un mar de culpa. Miró por la ventana y deseó más que nunca que volviera a llover.

Nico se terminó el café en dos tragos. Llevó la taza hasta el fregadero y allí cogió el estropajo que acabaría con su angustiosa mañana de otoño. Se quitó la camiseta,descubriendo la palabra que le bordaba la piel en la espalda. Frotó y frotó, ensangrentó el suelo, sus manos. Tiñó de rojo su dolor y sólo así pudo olvidar el cosquilleo que le hurgaba descarado el estómago. Cayó al suelo mareado y lloró hasta secar su veneno. Borró de su memoria, de su carne y de su alma, la palabra amor.

5 de octubre de 2010

Otoño y ella

Tenía los ojos grandes,
vestía de un gris estático.
Tenía las manos frías
y la esperanza olvidada en el barro.

Brillaba su piel sobre un fondo cerrado,
su blanca almohada de tinte mágico.

Lloraba su alma con el rostro callado.

Sus mejillas, coloradas de espera,
bajo la lluvia de un otoño trágico.

Sus manos se volvieron más frías
y sus sueños acabaron mojados,
su sonrisa parecía perdida,
y sus labios murieron ahogados.

4 de octubre de 2010

Café de Octubre.

“¿Recuerdas la tarde en que tomamos aquel café de palabras, con su toque de chocolate, para que no te sintieras sola? Yo sí. Y recuerdo como la nata se posaba en tus labios, tratando de comerte, para que tú no la comieses a ella. Tenías los ojos más verdes, como más vivos, o quizás fuera el sol que brillaba más. No lo sé. Ahora prefiero imaginarte, que ver en qué te has convertido. Ahora tu mirada dice menos, desconfía más. Antes tus silencios sólo hablaban de deseo. Ahora no, ahora callan.

Sin embargo mis sábanas no se desprenden de tu olor. Ni mis ventanas dejan de reflejar tu reflejo. Lo más probable es que yo me esté volviendo loco. O puede que sea el café, que ya nunca sabe dulce. Lo único que tengo claro es que no tengo nada claro. Pero es mejor así. El viento sopla más fuerte en Octubre, volverá a arrastrarme. Mejor así. Que me vaya bonito. Que te vaya bien. Y allá donde acabe, no olvidaré esa tarde. Tarde fría de otoño, de quedarse en casa con manta y café. Justo como ésta."


Nico.

5 de Octubre 2008

29 de septiembre de 2010

Que

Que me lluevan las nubes si se les antoja.

Que me queme el sol si le reconforta.

Que me ignore la luna por espiarte.

Que me silbe el viento si me duermo.

Que me canten los pájaros si no despierto.

Que me hieran las rocas si soy muy blando.

Que me envenenen las plantas si nunca muero.

Que me ignore el silencio si no voy ebrio.

Que me pierdan las sábanas si no me encuentro.

Que me asfixie tu olor si quedo ciego.

Que me salven tus besos si nunca vuelvo.

21 de septiembre de 2010

Me gustas

Me gusta tu sonrisa
cuando provocas al destino,
me gusta tu silencio
cuando cuentas lo prohibido,
me gustan tus labios
cuando callan con un beso,
me gusta tu voz
cuando sordo la encuentro.

Me gusta que tus manos me miren,
me gusta que tu cuerpo me hable,
me gusta que tu pelo me pierda,
me gusta que tu aroma me embriague.

Tus tobillos aguantan una flor
y me gustan,
tus pechos susurran ternura
y me gustan,
tu vientre desprende calor
y me gusta.
Tus lunares esconden tesoros...

Y tus ojos.
¡Ay, tus ojos!

1 de septiembre de 2010

El Ciego

Negra, luz negra,
negra noche, negro alma.
Negros mis ojos,
negras mis palmas.
Negro mi aire
y negras mis entrañas.

Negro es ahora el día,
negras ahora mis lágrimas
y negra mi esperanza.
Negro estoy y negro veo.
Negro siento y negro duermo.
Negro despierto
y negro sueño.

Negro es todo,
todo es negro,
negra la paz,
negro el descanso,
negro yo muero.

30 de agosto de 2010

Vida

Todo en ti es alegría.
Es sonrisa y frescura.

Somos la noche y el día,
tú iluminada de esperanza,
yo oscurecido de locura.
Somos el rico y el pobre,
a ti te faltan las excusas,
a mi me sobran los motivos.
Somos el cielo y la tierra.
Cuando pisas, crecen las flores.
Cuando vuelo, cae la tormenta.

Todo en ti es inocencia.
Es bondad, es ternura.

Todo en mí es complicado,
es pasión y amargura.

Pero la vida nos sirve una tregua
para olvidar lo no olvidado,
para huir de la eterna cadena
que mi corazón tiene apresado.

Todo en ti es amor,
todo en mi eres tú.

Y si quieres que mi lluvia
caiga sobre tus flores,
que la noche y el día se toquen,
que el rico y el pobre se abracen,
y deseas vivir eternamente
saboreando un instante,
sin miedos, reproches ni lamentos;
con caricias, susurros y besos.
Toma esta tregua que nos brindan,
cierra los ojos, abre las manos.
y cultiva, vida mía, mi vida.

22 de julio de 2010

Dolor de sueño

Mi corazón no entiende de vacío.
Si no ama, no vive,
y me duele el vivir,
justo aquí,
junto al corazón,
al lado del rincón de los sueños.

Ese rincón casi olvidado,
casi oscuro,
casi apagado,
que reconozco al despertar,
que busco al dormir.

Y lo encuentro,
con pena y lamento,
pero nunca, nunca te hallo a ti.

17 de julio de 2010

Dile

Dile que se suelte el pelo
que descubra sus ojos
que se quite los tintes
que se desvista de a poco

Dile que la belleza la lleva
que el tiempo es poco
que quién la vea la espera
que nunca me equivoco

Dile que encienda sus labios
que sus manos tocan hondo
que no esconda los pecados
que la vida es breve y ella todo.

20 de junio de 2010

Ilimitado

Buscamos los límites de nuestra libertad
sin saber que nosotros los dibujamos,
sin dejarnos sentir lo que queremos sentir,
sin dejarnos pensar lo que queremos pensar,
censurando el viento que nos erosiona el alma,
atando nuestro cuerpo a la estatua más rígida,
a la realidad prohibitiva que nos da la calma.

Actuamos mejor si antes no calculamos
la probabilidad del desastre,
el empujón de la suerte,
los posibles lastres,
incluso la muerte.

Respiramos sin carga si nos aflojamos,
entre miradas que lo dicen todo,
impulsos ciegos y cojos,
palabras de amor,
incluso la vida.

Y en este mundo y en este tiempo,
donde lo racional justificado
y donde la fe injustificable,
lloremos, amemos, bailemos,
soñemos.

21 de mayo de 2010

Volamos

No hay mayor virtud que saber amar.
No hay mayor vicio que ser amado.
Y la barrera de la imposibilidad
se alía con el corazón autodestructivo,
para dejarnos nacer.

Nosotros que tanto amamos amar
y que tanto amamos sufrir,
buscamos los bosques más espesos,
más infranqueables,
inmaculados de amor,
con espinas y clavos,
con lágrimas y abrazos,
con susurros,
con llantos,
con miedos
y espantos.

Pero nosotros volamos,
juntos, de la mano,
alto,
muy alto.

Y la cuerda que nos une al mundo
se toma su merecido descanso,
librándonos del prejuicio y del juicio,
de lo racional y lo ficticio,
lo cotidiano y lo espontáneo,
para que solos, huyamos,
al cielo, a dónde queramos.

18 de mayo de 2010

Lento y callado

Me siento tan solo,
que olvidé estar acompañado.
Me siento tan simple,
que el amor se torna complejo.
Me siento tan vacio,
que ignoro si mis pulmones se llenan.
Me siento tan tonto,
que me pierdo en ninguna mujer.

Me arrepiento de no haberme desangrado,
el goteo lento y callado es más doloroso.
Me arrepiento de no haberte amado,
porque ahora lo hago y ahora lo pago.
Me arrepiento de mi,
de mi corazón,
tan duro y tan blando.
Me arrepiento de ti,
de tu compasión,
por no haberla cuidado.

3 de mayo de 2010

Brisa del Sur

Tantos tonos de azules
y ninguno te complace.
El mar te abraza,
la brisa te perfila,
las gaviotas te cantan
y las olas, insaciables,
te siguen a la orilla.
Y nada te complace.

Tantos minutos que te pierden.
Tan inmenso el sol
y no te alcanza.
Tan ruidosa la luna
y no la escuchas.

Y tu piel se camufla,
la arena la cubre amarilla,
la sal esculpe tus curvas
y tus curvas enmudecen.

Tu figura blanca y pura,
soñolienta y diferente,
manda señales a mis ojos
que sólo mis ojos entienden.
Y tu cabello se extiende
y tus manos descubren
lo que la mar ofrece,
dónde la mar lo quiere.

17 de abril de 2010

Adoro

Te pido y te re-pido tus lunares,
pero no hallo nada.
Te busco y te re-busco los besos,
pero encuentro mejilla.
Me vendo por tenerte tres instántes.
Y acabo solo,
y queda nada.

Me reconcilio con el consciente
y no me alivia,
ni me sacia.
Me difumino con la pena
pero no siento,
ni padezco.
Me escapo con el silencio
y me abandona
y ya no pienso.
Me encamino hacia el descenso
pero no caigo,
ni tropiezo.

Adoro adivinarte sonrisas,
adoro ver tu brillo como nadie
en esos ojos que sólo yo veo.
Adoro que me muerdas,
adoro que me hieras y que me sanes,
sabiendo que siempre observas.
Adoro que estés.
Muero cuando no estás.

30 de marzo de 2010

Pequeñas dósis de amor

Estás atrapado y quieres saltar, quieres salir, quieres volar. Pero estás ahí juzgándote. Ignorándote. Ninguneándote. Buscándole un sentido al tiempo, sin comprender si quiera por qué respiras. Ni por qué amas. Así todo se complica, cuando amas. Pero cuando no lo haces se te seca la piel, se te cierran los ojos, se te oscurece el alma.

Tus manos,intransigentes, se convierten en puños y tu corazón no sabe en que dirección bombear. Ni hacia quien. Es entonces cuando tus venas te piden algo con lo que poder saciarse. Están vacías de forma y perdidas de rumbo. El agua sabe a poco, dura poco y arregla poco; mejor para las plantas. Ahí aparece el alcohol, poniéndo en tu puño un billete de salida sin retorno hacia el olvido. Ahí aparece la droga.

Sigues atrapado, pero lo soportas, o eso crees. Y te quedas esperando, viendo las horas pasar, sabiendo que no volverán. Entonces solo eres capaz de desear una cosa: que tus puños florezcan y amen, que tus ojos despierten y amen, que tus venas cambien de veneno. Y que esta vez, vuelva a ser Amor el que las altere. Incluso en pequeñas dósis.

4 de marzo de 2010

No te encuentro

Ni en el cuento más hermoso,
ni en la poesía más tímida,
ni en el pelo más casposo,
ni en la barba más suicida.

Ni en el recuerdo más amargo,
ni en la pintura más creativa,
ni en el mejor plato de encargo,
ni en las corrientes submarinas.

Ni en el beso más gigante,
ni en mil caricias prohibidas,
ni a lomos de un elefante,
ni en la nube más perdida.

Si existes,
da señales
y si vives,
dame vida.

23 de febrero de 2010

Sin fondo

Caígo hondo
y sigo cayendo,
no existe
límite al sufrimiento.

Caígo hondo
y no me detengo,
soy ligero,
libre de sentimientos.

Caígo y caígo
y me espera el suelo
y las paredes se estrechan
y no huelo tu pelo
y olvido tus manos
y busco tus besos
y encuentro rechazo,
frío y desprecio.

Caígo y caígo,
sin pausa, moribundo
ansiándo un rumbo
que me devuelva
a mi ser.

Caígo y caígo
y no dices nada,
ni piensas nada,
ni amas nada.
Me dejas caer.

1 de febrero de 2010

El hombre que quiso amar

Un hombre se pasó toda una vida tratando de encontrar al amor. Buscaba entre el cabello de cada mujer ese olor que le embriagase de deseo. Cruzaba miradas con todos aquellos ojos que tuviesen algo que contar. Pero, pese a todos sus intentos por encontrar la calma eterna sobre el vientre de una mujer, murió en absoluta soledad.

En su juventud vivía ciego de ilusión, "todo sería perfecto siempre". La mujer a la que quería le bañaba en amor cada segundo. Se desvivía por él y él no podía pedir más. Estaba pleno. Completo. Después creció y entendió la vida, como realmente es y no como la dibujan en los cuadros. La chispa que parecía tan infinita terminó por agotarse. Se rindió. Se volvió mortal. Se camufló con el silencio.

Ya en su madurez tuvo tiempo de enamorarse mil veces. Bien por 10 minutos o por 10 años. Su corazón se engrandecía tan rápido como se desquebrajaba. Se rompía en cien pedazos y se volvía a unir. Nada parecía llenarlo manteniéndolo ileso. Nadie lograba matarle, pero le mataban en cada beso.

Entonces fue cuando decidió dejar de buscarlo. No quería cruzarse con manos suaves de dientes largos. Renunció al amor y dejó de creer. Su vida se llenó de odio. Odio hacia sí mismo. Odio hacia todo aquello con que soñó.


La vida es breve y no la aprovechamos lo suficiente. Nos cruzamos con un posible amor y no le echamos valor, o lo vemos como un reto sin solución. Disfrutemos de amar. Y amemos.

Miguelón.

19 de enero de 2010

Vete

Renuncia a mi y a mis manos,
renunca mis besos y abrazos,
niega todo lo que ha pasado
y huye de lo que pasará.

Dejame aqui tirado
solo, hambriento y magullado
simple, vacio y desolado.

Refugiate en la desgana,
en los ojos que no dicen nada,
en sonrisas falsas
y en palabras amargadas.

Dejame aqui tirado
solo, hambriento y magullado
simple, vacio y desolado.

Y si algun dia despiertas
y lo ves todo gris
y se te olvida reir
y tu cara se oscurece
y tu corazón se retuerce
y no puedes volver a dormir
Ese día
piensa en mi.

7 de enero de 2010

Piénsame

Te pido que te marches
y que te quedes,
te pido que no busques
y que me encuentres.
Te pido que me pienses sin pensarme
y que me ames sin matarme.

Te pido un segundo tuyo
y te doy una eternidad mia.
Te siento sin sentirme
y me refugio en tu murmullo.
Te dibujo y te escribo,
pero no encuentro ni el color
ni la palabra.

Me pierdo en el océano,
en cada gota que derramo,
en cada susurro lastimado
y en este mundo
y en esta gente que no comprende
y en el amor.
Pero sobre todas las cosas,
me pierdo en ti.