23 de febrero de 2010

Sin fondo

Caígo hondo
y sigo cayendo,
no existe
límite al sufrimiento.

Caígo hondo
y no me detengo,
soy ligero,
libre de sentimientos.

Caígo y caígo
y me espera el suelo
y las paredes se estrechan
y no huelo tu pelo
y olvido tus manos
y busco tus besos
y encuentro rechazo,
frío y desprecio.

Caígo y caígo,
sin pausa, moribundo
ansiándo un rumbo
que me devuelva
a mi ser.

Caígo y caígo
y no dices nada,
ni piensas nada,
ni amas nada.
Me dejas caer.

1 de febrero de 2010

El hombre que quiso amar

Un hombre se pasó toda una vida tratando de encontrar al amor. Buscaba entre el cabello de cada mujer ese olor que le embriagase de deseo. Cruzaba miradas con todos aquellos ojos que tuviesen algo que contar. Pero, pese a todos sus intentos por encontrar la calma eterna sobre el vientre de una mujer, murió en absoluta soledad.

En su juventud vivía ciego de ilusión, "todo sería perfecto siempre". La mujer a la que quería le bañaba en amor cada segundo. Se desvivía por él y él no podía pedir más. Estaba pleno. Completo. Después creció y entendió la vida, como realmente es y no como la dibujan en los cuadros. La chispa que parecía tan infinita terminó por agotarse. Se rindió. Se volvió mortal. Se camufló con el silencio.

Ya en su madurez tuvo tiempo de enamorarse mil veces. Bien por 10 minutos o por 10 años. Su corazón se engrandecía tan rápido como se desquebrajaba. Se rompía en cien pedazos y se volvía a unir. Nada parecía llenarlo manteniéndolo ileso. Nadie lograba matarle, pero le mataban en cada beso.

Entonces fue cuando decidió dejar de buscarlo. No quería cruzarse con manos suaves de dientes largos. Renunció al amor y dejó de creer. Su vida se llenó de odio. Odio hacia sí mismo. Odio hacia todo aquello con que soñó.


La vida es breve y no la aprovechamos lo suficiente. Nos cruzamos con un posible amor y no le echamos valor, o lo vemos como un reto sin solución. Disfrutemos de amar. Y amemos.

Miguelón.