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Mostrando entradas de octubre, 2010

I. CON ESTROPAJO SALE MEJOR

El café, como de costumbre, escapaba de la taza a cada paso. Lo apoyó sobre la mesa. Luego esperó a que no quemase tanto y acercó su labio superior hasta tocar el humeante líquido. Con timidez, dio un pequeño sorbo. Por mucho que lo intentara, el día no iba a comenzar bien. Trató de disfrutar de sus “pequeñas cosas”, como él llamaba a esos momentos de paz y felicidad: el periódico deportivo, una canción alegre, un cigarrillo y el mencionado café. Pero nada pudo desviar su atención del inmenso cosquilleo de angustia que parecía carcomerle las tripas.
La noche anterior esperaba a Sofía frente al alumbrado de la valla publicitaria, como cada viernes a las nueve. Llovía. El cielo estaba gris y la calle desierta. Pasaban los minutos y ella tardaba más de lo habitual. La humedad entraba y salía por cada uno de sus poros, su ropa estaba empapada. Entonces apareció ella. Cruzó la calle corriendo hasta detenerse frente a Nico. Su pelo rubio se arrastraba mojado entre sus pómulos. En cada p…

Otoño y ella

Tenía los ojos grandes,
vestía de un gris estático.
Tenía las manos frías
y la esperanza olvidada en el barro.

Brillaba su piel sobre un fondo cerrado,
su blanca almohada de tinte mágico.

Lloraba su alma con el rostro callado.

Sus mejillas, coloradas de espera,
bajo la lluvia de un otoño trágico.

Sus manos se volvieron más frías
y sus sueños acabaron mojados,
su sonrisa parecía perdida,
y sus labios murieron ahogados.

Café de Octubre.

“¿Recuerdas la tarde en que tomamos aquel café de palabras, con su toque de chocolate, para que no te sintieras sola? Yo sí. Y recuerdo como la nata se posaba en tus labios, tratando de comerte, para que tú no la comieses a ella. Tenías los ojos más verdes, como más vivos, o quizás fuera el sol que brillaba más. No lo sé. Ahora prefiero imaginarte, que ver en qué te has convertido. Ahora tu mirada dice menos, desconfía más. Antes tus silencios sólo hablaban de deseo. Ahora no, ahora callan.

Sin embargo mis sábanas no se desprenden de tu olor. Ni mis ventanas dejan de reflejar tu reflejo. Lo más probable es que yo me esté volviendo loco. O puede que sea el café, que ya nunca sabe dulce. Lo único que tengo claro es que no tengo nada claro. Pero es mejor así. El viento sopla más fuerte en Octubre, volverá a arrastrarme. Mejor así. Que me vaya bonito. Que te vaya bien. Y allá donde acabe, no olvidaré esa tarde. Tarde fría de otoño, de quedarse en casa con manta y café. Justo como ésta.&q…