12 de octubre de 2010

I. CON ESTROPAJO SALE MEJOR

El café, como de costumbre, escapaba de la taza a cada paso. Lo apoyó sobre la mesa. Luego esperó a que no quemase tanto y acercó su labio superior hasta tocar el humeante líquido. Con timidez, dio un pequeño sorbo. Por mucho que lo intentara, el día no iba a comenzar bien. Trató de disfrutar de sus “pequeñas cosas”, como él llamaba a esos momentos de paz y felicidad: el periódico deportivo, una canción alegre, un cigarrillo y el mencionado café. Pero nada pudo desviar su atención del inmenso cosquilleo de angustia que parecía carcomerle las tripas.

La noche anterior esperaba a Sofía frente al alumbrado de la valla publicitaria, como cada viernes a las nueve. Llovía. El cielo estaba gris y la calle desierta. Pasaban los minutos y ella tardaba más de lo habitual. La humedad entraba y salía por cada uno de sus poros, su ropa estaba empapada. Entonces apareció ella. Cruzó la calle corriendo hasta detenerse frente a Nico. Su pelo rubio se arrastraba mojado entre sus pómulos. En cada parpadeo, las gotas de lluvia se aferraban por no caer de sus pestañas. No pronunció palabra alguna. Tampoco él esperaba una explicación. La forma en que ella le miraba, con ese sentimiento de culpa con que te mira un perro cuando se mea en la alfombra, bastaba para confirmar lo que ya temía. Pasaron los cinco días anteriores sin verse. Ingenuo de él, que creía en la coincidencia, más de lo que quería creer en la realidad.
Caminaron sin decirse nada hasta llegar al apartamento. Pero con eso mismo se lo dijeron todo. Ya arriba, con las prendas puestas a secar junto a la estufa, se sentaron desnudos en el diván. Frente a frente, con la confianza de quién lo ha compartido todo, se miraron en silencio. Nunca una mirada había sido tan profunda. La pena, la impotencia y el cansancio dibujaban sus cuerpos. Sus cabezas comenzaron a acercarse. No querían, pero el movimiento no lo dictaban ellos. Casi les dolía cuando cerraron los ojos y se fundieron en un beso lento. Los labios sufrían ante la idea de separarse. Cada vez se apretaban con más fuerza, hasta que una lágrima se derramó hacia el vacío desde sus mejillas. Esa lágrima suicida derribó todas sus barreras contenidas. Sus manos comenzaron a buscarse. Descubrían el cuerpo del otro como si nunca antes lo hubieran amado. Sus piernas se enlazaban y la forma que iban cogiendo cayó al horizontal. El beso pasó a ser caníbal. Se mordían, se olían, restregaban sus caras, sus torsos. Estuvieron amándose toda la noche. Con el primer rayo de sol escampó, y con la lluvia, se fue todo lo que habían sido. Nico recogió su ropa, la besó en la frente y salió. Sofía se quedó tumbada bocabajo en la cama, cubierta por una sábana blanca y un mar de culpa. Miró por la ventana y deseó más que nunca que volviera a llover.

Nico se terminó el café en dos tragos. Llevó la taza hasta el fregadero y allí cogió el estropajo que acabaría con su angustiosa mañana de otoño. Se quitó la camiseta,descubriendo la palabra que le bordaba la piel en la espalda. Frotó y frotó, ensangrentó el suelo, sus manos. Tiñó de rojo su dolor y sólo así pudo olvidar el cosquilleo que le hurgaba descarado el estómago. Cayó al suelo mareado y lloró hasta secar su veneno. Borró de su memoria, de su carne y de su alma, la palabra amor.

5 de octubre de 2010

Otoño y ella

Tenía los ojos grandes,
vestía de un gris estático.
Tenía las manos frías
y la esperanza olvidada en el barro.

Brillaba su piel sobre un fondo cerrado,
su blanca almohada de tinte mágico.

Lloraba su alma con el rostro callado.

Sus mejillas, coloradas de espera,
bajo la lluvia de un otoño trágico.

Sus manos se volvieron más frías
y sus sueños acabaron mojados,
su sonrisa parecía perdida,
y sus labios murieron ahogados.

4 de octubre de 2010

Café de Octubre.

“¿Recuerdas la tarde en que tomamos aquel café de palabras, con su toque de chocolate, para que no te sintieras sola? Yo sí. Y recuerdo como la nata se posaba en tus labios, tratando de comerte, para que tú no la comieses a ella. Tenías los ojos más verdes, como más vivos, o quizás fuera el sol que brillaba más. No lo sé. Ahora prefiero imaginarte, que ver en qué te has convertido. Ahora tu mirada dice menos, desconfía más. Antes tus silencios sólo hablaban de deseo. Ahora no, ahora callan.

Sin embargo mis sábanas no se desprenden de tu olor. Ni mis ventanas dejan de reflejar tu reflejo. Lo más probable es que yo me esté volviendo loco. O puede que sea el café, que ya nunca sabe dulce. Lo único que tengo claro es que no tengo nada claro. Pero es mejor así. El viento sopla más fuerte en Octubre, volverá a arrastrarme. Mejor así. Que me vaya bonito. Que te vaya bien. Y allá donde acabe, no olvidaré esa tarde. Tarde fría de otoño, de quedarse en casa con manta y café. Justo como ésta."


Nico.

5 de Octubre 2008