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Mostrando entradas de febrero, 2011

El bar de color azul

Volví al bar de color azul sin entender que te había teñido No fui capaz de darme la vuelta sobre la acera de ceniza ni sobre los hombros de un chalado que te buscaba en las esquinas.
Volví al mismo vagón de metro sin esperar encontrarte y no te encontré pero mi mano bajo tierra se vuelve más curiosa y acabé por encontrar otras piernas y un culo que no admitía novatos ni movimientos de dedos largos o de extraños borrachos balanceándose sin porqué.
Volví a la misma plaza abarrotada sin pensar más allá de donde alcanzan tus manos ni más acá de donde brota tu trópico Logré distraerme con los juegos simples de los perros y sus amos y los niños y las niñas que luchan desde embriones hasta ancianos por un beso y un compañero de éxodo y desengaños.
Volví al mismo teatro gastado donde los actores ya no me contaban tu historia ni las actrices me hablaban de ti Sólo quedaba un decorado abusado por un director de escena frustrado que dibujaba en las butacas vacantes los trazos de un cuento …

Petite rousse

Cuando entras en el cuarto a oscuras
y desnudas tu mirada al humo

Cuando entras en el cuarto a oscuras
se me agarran los pelos a los brazos
y me arremete un sudor toxicómano
salpicando mi sana alergia a tu tacto

Cuando tus párpados se abren en un aliento
y tu descaro va más allá que tu ingenio
se me parte en dos el mundo
el de ayer
el de mañana

Cuando se me enrojece la noche al verte
y te pienso la mañana siguiente
y te escribo las cartas de visionario idealista
a visionaria idealista
y cuando sonríes bajo la luz extinguida
y me haces sonreír

Cuando tus ojos se desperezan de tanto sueño
y se abren ante mí

Cuando fijamos los pies al suelo
y exploramos nuestros cuerpos
desde una simple mirada
hasta las manos más ávidas
perdidas

Cuando entras en el cuarto a oscuras
y no sales
y me quedo
Cuando entras a oscuras en el cuarto
y me desvisten tus pupilas
arropadas cristalinas
por un mar de claro deseo
y sed de vida

Mutis

Son las noches que nunca amanecen
las culpables de que nunca anochezca.
Son las luces que siempre se encienden
las culpables de que nunca me apagues.

Me vuelvo a contemplar tu camino
y encuentro desgaste en tus piernas.
Me sublevo ante respuestas eternas
y tropiezo con la verdad de mi sino.

Son tus ojos los que se me clavan en el alma,
los que me parten en dos .

Me justifico sin buscar mi imperfección
y me hundo en un foso de verdades mentiras.
Me entrego a la causa de las palabras suicidas
y discurro por las arterias de la razón.

Son tus ojos los que se me clavan en el alma,
los que me parten en dos .

Me retiro lejos de la línea de fuego
y entierro los recuerdos del tormento.
Me lamento por haber sido tan lento
y encomendar mi suerte a mi ego.

Son las noches que nunca amanecen
las culpables de que nunca anochezca.
Son las luces que siempre se encienden
las culpables de que nunca me apagues.

Hablando en sueños

Resucito
tras cruzar el mar sin ti
inmune
a la tierra que dejé atrás.

Rastreo
entre las fibras de mi pena
insomne
ante cualquier gesto de paz.

Respiro
exaltado si te siento cerca
inerte
ante tu respiración adulterada.

Retumba
en mí el azote de tu ausencia
indolente
ante tu piel morena prohibida.

Recaudo
las monedas más valientes
insuficientes
para sobornar a quién te cuida.

Rocío
mi sueño con tus imágenes
infinitas
ante tus ojos que no las ven.

Ríen
los límites y la vergüenza
ignorantes
sin saber cuánto te amaré.

Baby

Si no puedo hablarte
pues no te hablo.

Si puedo soñarte
pues te sueño.

Si no puedo olvidarte
pues te olvido.

Si puedo suplirte
pues lo intento.

Si no tengo tiempo
pues lo invento.

Si tengo prisa
pues me espero.

Si no puedo amar
pues quiero.

Si puedo gozar
pues gozo.

Si no puedo más
pues me jodo.

Llanto a Erató

Fáltame un ojo o un brazo,
una pierna, un riñón o el pelo.
Fáltame cariño y atención,
o descanso o algún perdón.

Pero tú, mi musa,
no me faltes.

No me arranques del sueño
para arrojarme al mundo.
No me cortes las mullidas alas
para que jamás regrese.
No te pierdas en un secreto
para inhumar mi verdad.

No concibo día o noche,
mes o año, minuto o vida.
No entiendo lamento,
ni luz ni sombra,
ni risa ni tiempo.
No domino el idioma
que no me habla de ti.

Fáltame tu cuerpo en la noche
lluviosa.
Fáltame tu sonrisa bajo el sol
otoñal.

Pero tú, mi musa,
no me faltes.

No me abandones a mi suerte
para acabar de matarla.
No te ensañes con la muerte
para que todos la teman.
No me pidas un solo descanso
para macerar mi desgana.

Si tú me faltas
mi musa,
si tú me faltas,
¿qué más me puede faltar?