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Mostrando entradas de diciembre, 2011

Le mépris

Con hambre y sed y frío
te busco en la calma del invierno
en la quietud del mar de poniente
te busco sin darme un segundo
de descanso repartido en cigarros
abatidos como la calma de invierno
te busco cuando ya te he encontrado
y no eres la misma y no soy el mismo
y somos cenizas de un olmo quemado
que perdió la sangre y la luz
y conserva tus ojos cercanos

Con rabia y miedo y pena
te pido que me devuelvas al mundo
como quien nace de un coño sagrado
o como quien aborta un deseo de mal
te pido que me recuerdes tu olor
en el que inventan perfumes las flores
y me permitas beberme el mar de poniente
y ahorcarme por bulerías en tu cabello
te pido un cuchillo o un veneno
y que me llames Romeo
para ser inmortales en tinta y papel

Con valor para decirte que te echo de menos
y que prefiero tu desprecio a ningún otro beso
te busco al cerrar los ojos y te sueño
y me invento tu olor en mi cama
y me invento tu luz en la noche
y me engaño al hablar de pasión
si no te encuentro / amor
si no te encue…

Luna de margarita

No sigas buscando adjetivos o miradas que imiten su silencio cuando la luna escampa que no es por sus caderas ni por la forma que tiene de explicar un beso
Que más allá de las nubes se saben sus latidos de memoria y conozco dos o tres ejércitos que darían la vida por invadir su edredón
Y la manera que tiene de cerrar los ojos como si esperase un deseo incapaz de existir Ya no basta con compartir su risa cuando la has visto reir hasta apagar las calles Y eso de que llora a escondidas o se araña en el alma cada vez que descubre un lamento ajeno
No me digas que entiendes de mujeres hasta que no la escuches gemir ardiendo Y eso de que sus pechos son pequeños sólo es cierto si los comparas con la vida Esa vida que ella conoce como nadie y atormenta sus dudas en un pestañeo
Que la manera que tiene de recibir los días grises sólo es posible por sus infinitos colores Y la forma en que te abraza fuerte y se encoge por no morir de frío para matarte de calor
Yo ya sé lo que es acostarse con el…

Llámame que no tengo saldo

Quizás quepa alguna gota más pero dudo que mantenga el color tantos filtros perdieron su esencia y el color amarillo pasó a ser recuerdo como el frío que desaparece o como una palabra callada que se pierde en un matiz de grises y sólo queda un beso que sabe a ciencia ficción
Es probable que vuelen las flores y que las nubes caigan al suelo tanto como es posible estirar el silencio al sonido y mutar sin miedo la ambigüedad
Existe una opción entre miles de que una estrella caiga en tu cama y existen miles entre una opción de candidatos a cuidar tu sonrisa pero sólo hay una tonalidad de rojo que la sabe mantener en llamas
Quizás cuele alguna mirada pero el viento barre casas de cartón y hormigón mojado en graffitis desde la estación de los gritos mudos ya sólo hablan los zurdos que perdieron la mano derecha en tu piel como quien pierde el móvil o el alma pero mantiene la cobertura para llamar a tus ojos.

Donde habita el olvido

Y se apagó una luz junto a la calle tormento de colillas vírgenes y vidrios con sida apestando a sexo barato y evocando suicidas la tarde acabó entre guantes vacíos y manos desnudas y pantalones hambrientos por hincarle el diente a cualquier merluza de aspecto embobado y palabras simples con susurros lentos y minutos calientes más allá del deseo se ocultó la tiniebla y nació el jazz entre colchones de tiza y aspirando ceniza se fundió la bombilla y callaron mendígos y las putas gemían sobre la acera de una calle sombría de viejas costumbres y nuevas orgías se apagaron las luces y me entró el sueño y se hizo de día en la calle tormento.

En tu trinchera

No temo la guerra si su espalda está conmigo y las armas no me asustan más que su ausencia
No le pido tanto a cada pestañeo que ironiza al descaro si su voz calma mi piel
No me importa el frío si me tocan sus dedos y al hambre no le temo si le sobra un beso
No me espanta el dinero si me regala su risa y del sueño no comento mientras no cierre los ojos.

Producto agotado

No tengo con quién hablar y cuantas más palabras acumulo en mi interior más pesado se vuelve mi cuerpo y cuantos más besos no doy más me quema la piel y cuantas más lagrimas me empeño en ocultar más sinceros son mis engaños
No tengo ganas de vivir no en esta vida en este mundo occidental y accidentado en esta tierra cansada y violada bajo este techo negro que nunca se borra
No tengo ganas de amar y eso es quizás lo que más me preocupa
No tengo ya tacto para querer ni paciencia para ser querido No tengo ya prisa por crecer ni ilusión, ni ganas, ni aliento No tengo ya argumento para seguir sonriendo ni fuerza para levantar el ánimo
No tengo pelotas para quitarme la vida y me faltan cojones para seguir viviendo
No tengo ganas de amar y eso es quizás lo que más me preocupa.