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Mostrando entradas de 2012

Cartas a Olivia Pazos - XV -

No escucho flores de mal
ni lamentos oxidados
no soy indiferente
nunca he existido

El papel se quema
como se quema el recuerdo
como se quema la mar
sin ti

La noche de siempre
la noche oscurecida en misterio
la noche y nada más

Tus ojos
tus ojos grandes y azules
se fundieron con la mar
para quemarme el aire

El aire pesa tanto
que ni si quiera lo noto
la noche vuelve
para alejarme de mí

Tus labios
tus labios grandes y rosas
como flores de mal
que nunca me escuchan

La noche vuelve
la noche muere angustiada
y me quema
y olvida ser noche
sin ti.


Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - XIV -

Pasaron tres estrellas
a las tres pedí un deseo
pasaron tres segundos
y apareciste tú

Tu muro me pareció tan grande
que supe que detrás habría magia
no me equivoqué

Tu piel me pareció de seda
estuve cerca
creció en las estrellas
y la luna te vistió de ella

Pasaron tres veranos
esperé tu sonrisa
y no me defraudó

Tu voz me pareció tan suave
que me permitía cerrar los ojos
entre dos silencios tuyos
encontré infinitos sueños
y unicornios verdes invisibles
que sólo tú me hacías ver

Pasaron tres estrellas
y no pedí deseo alguno
por fín
te tenía a mi lado.



Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - XIII -

Y me siento alegre entre mis vestiduras tristes,
bajo este aspecto de sufrido pesimista,
sólo hay montañas de amor gozando,
como levadura de una idea lejana,
hinchando las costuras de mi piel.

Y me recuerdo cansado temblando de frío,
acurrucado entre los brazos de nadie,
contando en silencio los segundos,
como asunto impropio y pasajero,
arrastrado por el viento en delirio.

Y levito como una pluma de otoño,
acercando tu aroma invisible,
desafiante hasta la locura.

Y sutil como el final de la lluvia,
mi tristeza sucumbe.


Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - XII -

Te asocio con el mar,
confundo entre tú y él,
de tu piel lo calmado,
la caricia.

Y te recuerdo en algún paisaje,
desconocido entre mis recuerdos,
con luz cálida de media tarde,
velas blancas cortando el viento,
pescadores y mercaderes,
sirenas, cangrejos y delfines.

Y te veo azul como el aire,
verde como la mar en descanso,
como un azote de lluvia
en delicadas lágrimas.

Confundo tu fotografía,
con aquel atardecer,
cuando enmudeció el tiempo
para hacerse eterno.

Y te descubro en el reflejo,
fundiendo mis manos con tu ausencia,
a veces, demasiado triste.


Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - XI -

Belleza son tus ojos,
la sonrisa de un niño,
un acto de fe,
las nubes.

Belleza es la mujer,
desnuda, vulnerable,
una nota de una guitarra,
un color de un paisaje cualquiera.

Belleza es cuando callas,
y miras lo pequeño,
disimuladamente,
curiosa.

Belleza nunca se alcanza,
es el placer de mirar adelante,
la satisfacción de no rendirse.

Belleza son tus manos,
cuando recorren mi barba.



Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - X -

Calles vacías. Un país extranjero con sus farolas calladas. Observan, discuten en silencio. Perdieron el don de escandalizarse, pero siguen juzgando. Nosotros caminamos, verticalmente, siguiendo el compás que marcan las baldosas en ayuno. La hierba crece muerta a ambos lados. Al final, el perdón.

Tu abrigo marrón te protege del frío y de mis manos. Mis manos, me protegen de ti. Mi conciencia, se arrastra moribunda por la estación de Callao, llorando jazz. Nosotros, pedimos un café. La camarera sonríe, como si fuese capaz de calcular las gotas de veneno que vertió sobre las tazas. El amarillo resucita entre los dedos como prueba del tiempo. El tiempo no pasa, se distrae. Tus ojos me miran, yo me hundo. Entonces acaricias mi barba, recordándome que el mundo llegó a albergar calor. Pedimos la cuenta y tú pagas. El único papel de valor que alguna vez tuve, lo arrojé a la hoguera con mis poemas. Mis poemas estallaron, justo en el preciso instante en el que las nubes dejaron pa…

Cartas a Olivia Pazos - IX -

Eres tan esquiva como el verano
cuando el invierno controla los tiempos
y tus pechos se rebelan
contra la melancolía de antaño
o el desconcierto de hoy.

Eres tan dulce como el cerezo
cuando se pinta colores alegres
y tu mirada se cae
hasta fruncir el ceño
con la sonrisa en auxilio.

Eres tan fría como la nieve
cuando evapora risueños susurros
y tu cabello se enreda
contra los besos perdidos
o los abrazos de ayer.

Eres tan bella como la lluvia
cuando se derrama lenta hacia las flores
y tu mente se confunde
hasta dejar caer los parpados
con la ilusión empapada.


Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - VIII -

Soy el ser más absolutamente opuesto
opuesto a qué dirás, opuesto a todo.

Convivo en un desequilibrio equilibrado
en el péndulo que forman mis dos extremos
dos individuos que se odian y aman
compiten todo el día por ser mis ojos
yo, más vago y traumado
les replico que no tengo dinero.

Cuando me miro al espejo
veo a satán mirándome fijamente
nunca parpadea, pero no se entromete
simplemente me manda cajas de ron.

Adoro tanto la luz del sol
que no puedo soportarla.

Es por eso que me entrego a la noche
con la única condición de ocupar mi boca
es raro que hable, sino fumo tabaco
con la única obsesión de ocupar mis labios.

La luna, la maldita luna embustera
¡Qué poco se muestra completa!

La balanza, la cuerda de venas que me ata
el respiro del aire, la señal de las estrellas
el silencio generoso, las buenas noches.

Cada vez que giro la mirada
entre las calles nauseabundas
caminando a contratiempo
con la fe ondeando en mis pestañas
timidamente, casi sin molestar
busco mi opuesto
mi complemtento
mi Olivia Pazos.


Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - VII -

Soy el más solitario del mundo
por eso me rodeo de gente a diario.

Extraño cada milímetro de tus caricias
imagino el silencio y lo señalo.

Me llamaste hipersensible
y dijiste que por esa razón
tu propósito en esta vida
sería cuidarme.

Olivia Pazos, no estás ahora
y cada vez que me enseño
acabo ahogado.

Mi amor
si aún mantienes la palabra
devuélveme el aire.


Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - VI -

Un roce
de tus labios
casi sin querer
al borde de la muerte.

Una palabra entrelazada
con otra palabra
de tus labios.

Hablar pegados
besar despacio.

¡Qué suave es la vida 
junto a los labios
de Olivia Pazos!

Desperté y todo
se volvió gris y real.



Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - V -

Me despedí de Olivia
hace ya cuatro años
acusado de amar en exceso.

Deshecho bajo un arbolito
demasiado jóven
para cargar a diario
los frutos pesados
cargados de amor.

Sin la piel de Olivia Pazos
mi cuerpo se sentía angustiado
cansado, abandonado y desnudo
por dormir sin sus labios.

Tanto tiempo sin Olivia y sin mí
que olvidé recordar todo lo demás
y tras largos sueños y pesadas vidas
me encontré de nuevo con sus ojos
y lo vi todo azul
y claro.


Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - IV -

Impulso, maldito impulso
rodeado de bellas mujeres
atarvesándome el muro del alma
camufladas entre ojos de cristal
robándome el tiempo
hablándome cosas de otros
sin expresar deseo alguno.

Impulso traicionero
que me llevaste al desprecio
de mí mismo al seguir tu juego
escrutando mi mente
en busca de la mujer
que ocupa mis sueños
me haces perderme de todo
para llegar hasta nada.

Razón vestida de impulso
poco lograste engañarme
no me enseñaste sus labios
en ese momento
perdiste el juego.


Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - III -

Se torció el clima y me llevó a ti
la montaña cayó sobre el arbusto
pasaron tres vidas eternas
haciendo del tiempo un lugar inseguro.

Se apagó el alma
las partículas de nada
brotaron en flores de todo
el mar inundó tus ojos
tan perfectos como el aire.

Yo, acabé ahogado.




Hugo Vidal

Cartas a Olivia Pazos - II -

¿Qué quieres de mí, Luna? ¿Qué me vas a matar si ya estoy muerto? Cualquier castigo que me impongas será un regalo dulce y placentero. Cualquier daño físico es para mí la más suave caricia que puedo llegar a sentir.  ¿Qué más puedo sentir? Si ya no me quedan sentidos para perder la cabeza, si sólo pienso en echar una cuerda alrededor de mi cuello y acabar con todo. ¿Por qué me elegiste, Luna? ¿Por qué fui tu enviado al mundo para sentirlo tan dolorosamente en cada respiración? ¿Por qué me matas y no tienes cojones a matarme? Degollado y moribundo me haces arrastrarme por el suelo cuando yo sólo quiero volar. Me obligas a amar y ni si quiera le encuentro un porqué. ¿Te hace feliz mi sufrimiento? ¿Te causa placer ver cómo pierdo el aliento y las lágrimas tratando de escalar una rampa invisible que nunca me llevará a ti? Y me dejas caer al frío suelo una y otra vez. No tienes compasión. No amas y me pides que ame, y me obligas a amar. Ojalá el frío acabe por congelar cualqu…

Cartas a Olivia Pazos - I -

Olivia Pazos sale a la calle sin sujetador
es una cálida tarde de agosto
decide desnudarse entre las particulas de aire
que separan su cuerpo del bar de la plaza
decide pedir un café con hielo pero sin agua
y las particulas de aire que bailan en la avenida
deciden sucidarse en modo derretido.

Olivia Pazos camina y sonríe a sus vecinos
usa la misma mueca adormecida y dulce
heredada de su madre en la infancia
junto al viejo embarcadero del pueblo pesquero
a las orillas de un mar
que no siempre quiso bañarla.

Olivia Pazos espera mientras fuma un cigarro
lo hace sin despeinar su rostro de sirena de piedra
acomodada en el pedestal por el que no pasa el tiempo
mientras su mueca se va derritiendo
entre las olas que ya no permiten
a ningún forastero exiliado
bañar su recuerdo entre los pechos desnudos
de la estatua de Olivia Pazos.


Hugo Vidal

Infinito

Gris

Morado

Amarillo