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Mostrando entradas de 2013

Mamografía

La Gran Belleza

Para los buscadores de belleza,
los que miran al cielo;
para los que miran en las revistas,
o navegan a vela en mar abierto;
para los que pintan,
los que bailan,
o los que sueñan.

Para los músicos,
para los que sonríen al sol
o a la luna lloran;
para los vencidos,
los solitarios,
o los suicidas.

Para los religiosos,
o los místicos;
los sabios
o ascetas.

Para los artistas,
los creadores,
los pensadores,
los no pensadores;
para todo aquel,
que conserve un sentido.

Para los que alguno le falte,
para los muertos,
para los vivos,
para todos;
dejen de buscar,
dejen de pensar,
dejen de sentir,
dejen de hacer.

Sólo existe un acto,
que inevitable como el tiempo,
asegura la belleza:
hacer cosquillas a una mujer
y reír con ella.

El Desvirgado

Tac, tac, tac, tac,
el martillo pregunta.

Más, más, más,
me pide el tedio sin pausa,
la luz de la mañana a las dos,
el martillo en la cabeza,
tac, tac.

Paseo, el mar que antes era plano,
el transeunte que hace preguntas,
el olor a caracoles en salsa,
que sabe a todo y todo sabe a él.

La orquesta toca su juego,
la sala vacía, el vaso vacío,
alcohol, alcohol,
me clama una voz en mi cabeza,
tac, tac, tac, tac,
el martillo pregunta.

Una, dos, tres, siete,
los papeles sin más uso,
que evaporarse lo antes posible,
las muchachas llegan,
la música que se repite, y sólo las luces,
en paralela armonía me alimentan los ojos.

La música que se repite,
pam, pam, pam, pam,
el vaso que se vacía,
el vaso que se llena,
el vaso que ya no es vaso,
sino refugio.

Una, dos, tres, cuatro,
el tiempo que olvida su paso,
mi cabeza que cae,
la bebida que pesa,
y uno, dos, tres, cuatro,
Amal camina hacia su refugio,
al final de la sala decrépita,
dónde suena pum, pum, pum.

Silencio, el ruido cesa,
las demás chi…

Réquiem

Estas son las palabras de un muerto
cansado de morir y abatido de vida,
que eleva el tono de su estrecha agonía,
acariciándote en el recuerdo,
ausente en tus estallidos de luz,
abstracto y dividido entre cristales rotos;
que escucha los ruídos dónde solo habita,
desangrado en un charco sin voluntad,
abandonado sobre el yugo infinito,
que grita ayuda y suplica por tu sonrisa.

Es el muerto cubierto de fango,
que traga tierra y vuela desde la almohada;
sus sábanas son frías y sucias como sexo,
en la noche el silencio atraviesa su tráquea,
y él vomita sin levantar la barbilla.

Hablo del hombre consumido en mierda,
exiliado sin acreditación de un país sin vida,
que vaga solitario y hedoroso por ningún desierto,
que aullenta a los niños, apedreado,
mientras los pequeños diablos ríen sobre su tumba.

He aquí el viejo inmundo, el oscuro apartado,
el condenado al final de una fila sin fin,
que clama al cielo y al vidrio en formato de Dios,
para volver a verte, para volverte a sentir,
para declamar callado una vez más,

Desaciertos

Tiembla, tiembla
furioso enemigo,
de carne helada

Mi mandíbula se aferra a la aurora
al teatro de rostros sin vida
con ojos de anunciada muerte

Muere y huye a la eternidad
devastada de algodón y almanique,
en un refugio sin tiempo

Estalla el léxico de mi alma
en los estallidos de descanso y sábana
que rebosan de mercurio

Ya que a Dios o a cualquier enemigo
no le basta con el frío invernal
para arrebatar a los ojos su ausencia

Oh mi enemigo
deténme entre la espesa niebla
que permite mi paso sin invasión

Y que al azul del cielo
o de alguna ciudad inerte
le susurren algo dulce sin ánimo de lucro

Que tiemble el propio susurro
y la luna disuelta
y la emoción en alfiler

Ya es hora del hijo bastardo
el mayor fruto del mundo enfermo
vestido de arlequín y arrodillado

Los uniformados caminan en sus uniformes
despenalizados de pensamiento
o de una mirada sensible a la lluvia

Y la caja sigue sonando palabras
excesivamente informantes
entre luz sin sentimientos

Y por fin cae el tedio
como anestesia
para mis ojos cansados.

Canción del Pirata

Estaba tumbado en la cama fría y suave
del cuarto de invitados de la casa de mi abuela,
los pliegues de las sábanas resultaban bien marcados,
con esterillas de hilos y esmeraldas
que caían en cuadraturas de severos espejos;
recuerdo que la manta y sucesivas mantas
me ahogaban al cuello,
como sólo ahogan las mujeres apegadas,
y mi abuela, tan dulce y cándida,
cerró la puerta y apagó la luz
después de decrme que no tuviera miedo
por un tal coco, del que desconozco el aspecto.

Creo que fue alrededor de los siete años,
cuando mi abuela me enseñó lo que era el miedo.

Desde entonces he visto muchos cocos,
como las miradas de la gente que viaja en el subterráneo,
o como mi mirada perpleja al exponerme a sus ojos.

Sin embargo, si le preguntase a ese niño
que se prestaba a dormir plácidamente como debería un alma,
si se imaginaba algo desconocido que pudiera alterarlo;
lo negaría como hacen los inocentes,
o las ardillas que se acercan al niño, ya mayor,
antes de que éste las pateé al estilo americano.

Y allá veo pas…

Can't be that

Otoño me devolvió a las islas
con los terrones de azucar,
los diez azules del cielo,
las nubes
y los viejos 60.

Ah, y tu cuello.

Qué bueno que volviste,
porque los días empezaban a pesar
y mi ingravidez me apretaba en la sién.

Pero la ingravidez compartida contigo,
resulta mucho más amena.

Volviendo a tu cuello,
al regusto de chocolate derretido,
como no podía ser de otra forma,
entre tus dedos.

Al Otoño fuera habiendo mojado
tu cabello quince minutos
después del despertar.

La batería sigue un ritmo monótono,
tú taconeas en mi más fondo,
a la par que abres y cierras los ojos;
sonríes,
y no puede ser.

Dulces ojos oscuros

Tengo un miedo a no verte,
que me impide clavarte los ojos.

Pero ocurre que, cuando bajas la mirada
y la dejas caer en mí,
la noto en mi nuca,
como un clavo ardiendo,
más tallo de flor,
que hierro quemado,
pero ardiendo.

Y levanto la vista
y rapidamente te encuentro,
no sólo al lado,
sino en algún lugar más lejos,
y como si no existiera el tiempo,
enseguida aparto la mirada,
y me pierdo en nada,
sin darle sentido a los ojos,
o a algo más bello a lo que mirar.

Es entonces cuando guardo silencio,
tu piel morena me resulta cálida,
cercana como los bonitos recuerdos,
tus manos, tan artesanales,
tan como deberían ser las manos,
recogen algún cabello tras tus orejas,
sonríes y es inevitable
que yo sonría también.

Pero tengo un miedo a no verte,
que me impide clavarte los ojos.

Epitafio a los ojos más bellos

Ya nadie me mira de esa manera,
quizás yo perdí a dónde mirar;
la otra noche,
miré fijamente a los ojos,
y el embrujo vibró,
por un instante;
pero no tenía el infinito tiempo,
que albergaban los ojos de Mariu,
cuando detenía la mente y todo,
entre nuestros iris de nubes rosas.

Y hoy en un sueño, los ojos de Anael,
se detuvieron en mí como antaño,
frágiles y entregados
a cualquier causa perdida,
delicados como la primera lluvia.

Es por eso que tanto añoro,
tener ojos para mirar;
con la mirada perdida,
o escondida en el suelo o el cielo,
no encuentro ojos que me salven.

Recuerdo aquí los grandes ojos de Clara,
examinando con devoción mi misterio de piedra;
o las ventanas del mundo triste al real,
que se abrían en el rostro de Lídia,
cuando un poema brotaba de mis ojos,
antes de ser escrito en las calles de Madrid.
Y los ojos de Laura, también grandes,
azules como el mar,
o como Olivia Pazos esperando en el puerto,
al borde de la lágrima, pero feliz.

Quizás sean tantos y tan bellos mi…

Señorita Viaje

Vida y muerte, que no os engañen las letras,
es la misma palabra,
la vida, la continua muerte,
sentado en el presente,
observando, sintiendo,
dejando estar,
todo muere ante los ojos,
sobre la piel,
en el aire,
todo está muriendo
mientras el testigo observa
desde su propio cuerpo que muere,
desde su alma que nunca dejó de volar.

Por allí camina el Señor Futuro,
proyectado como un cinematógrafo,
en mi mente que lo enciende,
y mi cuerpo tejido de Don Pasado.

¡Ay, la humildad del que se sabe humano!
En su mirada encogida en preguntas,
entre los hombros altivos.


Vida y muerte del viejo Walt

Como membrillo sentado frente al pasto,
el viejo árbol florece de oro dulce,
tres pequeños conejos cruzan frente a mí,
les saludo y sonrío,
muerdo el fruto con ambas manos,
sin perderlo de vista,
los tres pequeños se pierden,
la montaña, a lo lejos,
prevalece en la neblina y reina la meseta,
el viejo sur, el sur olvidado,
hallo descanso entre espigas de sol.

El tren de las ocho, siempre puntual,
rumbo mississippi, a los campos de algodón,
el viejo walt bajó del monte invierno,
toca su armónica sin más prisa que el tiempo,
la vieja cabaña, el viejo río, el viejo walt.

Un café en envoltorio de madera fina,
los segundos, tic tac, tic tac, tic tac,
del ámbar al verde, el camino abre,
los carros chirrían su humo negro,
respiro, o abro la boca y dejo entrar,
el café cae con intención,
tic tac, tic tac, tic tac,
el reloj marca puntual las ocho,
la gente camina bajo la sombra de las torres,
de madera podrida hasta gris metal,
ventanas cuadriculadas y caminos paralelos,
el viejo barbudo, el v…

Pink Rabbits

Son tan frágiles mis manos,
cuando imaginan el tacto de tu piel,
y tú sonríes, desnuda sobre la cama,
y tu pelo te parte el hombro izquierdo,
como señalándolo,
como haciéndome señales para morder,
y lo beso, una, dos, tres veces.

Tu espalda, nunca la imaginé tan bella,
y ese lunar que tienes,
que me parte la percepción de todo,
como señalándome,
para que nunca lo olvide.

Lamento no haberte conocido nunca,
pero esa es mi mayor esperanza,
saber que me queda todo por conocer,
que tus manos sobre mi barba,
serán más manos y menos espejismo.

Imagino que lloro apoyado en tu vientre,
y que acaricias mi cabellera sin hablar,
y que con sólo tu mano sobre mi sién,
basta para que en mí todo se calme.

Pero sólo imagino, porque no te conozco,
pero es cómo si no hubiera nada de ti,
que no me vaya a gustar.

De nuevo me inundo de fantasía,
pero te escucho a lo lejos,
sincronizado con la música que escuchamos,
cada uno en una habitación distinta,
que está menos vacía desde que te pienso.

Pero no te conozco, ni falta me hace,
porqu…

Abraham el Judas

Encuentro la grandeza de todo,
en la parte más baja de la línea blanca,
junto al suburbio de terror y pánico,
vestido con prenda de hielo.

La luz que atraviesa mi vientre,
no es luz sino vientre,
no es perdón sino abrazo,
al borde de la locura.

Diluvios de hojas secas que caen,
hasta abatir mis cicatrices,
en delicados hilos de algodón,
recogidos en frío invierno.

Ya no hay ya sin mañana,
ni hubo ayer sin hoy,
montañas y nubes de rubí,
afloran en mi memoria.

La fina línea que me separa del todo,
abochornada por la nariz sin olfato,
allá sueño con la jarra de agua,
y me ahogo en barro.

Un rayo de luz asoma a la ventana,
me asomo y nada veo,
no participo de su llanto ardiente,
detenido en mi cuna sin seno.

Constante primavera que nunca falta,
la llama del deseo que se atraganta,
en un campo de inhóspitos cerezos,
la noche nunca encontró un camino.

Me detengo al borde de la locura,
la miro a los ojos y sonrío,
dónde otros ven guerra, hallo paz,
dónde el terror acecha, oportunidad.

Desca…

Moaxaja a Tánger

Canta un espectro desde lo alto del minarete,
la mujer del niño duerme,
la calle alborota los rugidos de los autos en declive,
al fondo el mar descansa bajo lunas de mil noches.

Una pequeña vende pañuelos y regala sonrisas,
sus hermanos juegan al pegamento,
sin escuela y sin cuaderno.

La ciudad cae en cólera y hierbabuena,
los cláxones sacan pecho y las mujeres,
descubren sus manos,
recitan tobillos sin adoquines.

Ojos de mil tamaños y un color,
felinos, indiscretos amantes,
la arena del este siguió a la estrella.

El perro ladra su ausencia,
el gato come pescado a medio podrir,
el puerto cierra y el mercado cae,
sube la marea de tierras contemporáneas,
sin el porvenir de la realidad.

El taxista sonríe y entona una fecuencia,
corta al viento y al prójimo en carril de arcilla,
el camarero sonríe,
con sus rostro serio, inmutable,
sonríe por dentro mientras sirve el café,
desde el azucar el vapor del vaso rebosa,
la cicatriz de una vida en desorden.

La mujer pasa, la mujer manda, la mujer que no lo es,
se permite e…

Benzoilmetilecgonina

No existe
la profundidad de mi cama
ni mis solitarias noches

No soy
el que merece haber nacido
y se regodea en su ausencia

Nunca tuve
la profundidad que ansío
o delicadas palabras

No me falta
la culpa de todo
o soledad inerte

No quiero
besos fugaces
ni camas a medio hacer

No poseo
la luz de la mañana
ni constante paz

No puedo
dedicarme a la belleza
mientras sólo imagine

No pido
acompañamiento sin rumbo
ni despertar sin ayer

No hablo
salvo si alcohol me inunda
o mi alma se rompe

No existo
si no la tengo a mi lado
o mi lado es abismo

No soy
mientras siga borracho
y las flores sean agua.

Dinamarca

¡Miedo, miedo, miedo!

¿A qué?
Al espejo.

¡Tristeza, abandono, lamento!

Sin fin, sin retroceso,
tambaleándose en fina melodía,
ausente en cristal opaco,
delirio curvado entre el tiempo.

Frío, frío, frío,
oscuridad y abandono,
desasosiego y llanto,
raquítica tristeza.

¿Quién va ahí?

Es el espectro del rey caído,
es su reino abandonado en malas hierbas,
es el colmo de la inseguridad,
es la voluntad quebrantada,
es el fuego que todo quemó.

¡Delirio!

En tus senos encuentro placer,
placer momentáneo y absoluto,
placer efímero y pasajero,
placer que lleva al dolor.

Si yo fuera rey de algún reino,
lo llenaría de risueñas flores,
de tempestades de agua calmada,
de vino eterno y ningún perdón,
para ninguna culpa.

Mas no soy rey ni de mi cuerpo,
no me pertenece mi mente apagada,
atrapada en circular monotonía,
en triste lamento sin principio,
en vergonzoso ningún fin.

¡Miedo, miedo!

Devuélveme el miedo,
devuélveme la luz estival,
devuélveme algo,
aunque nada sea.

¡Miedo, miedo, miedo!

¡No existe…

Velero Tú

Tu recuerdo como insmonio,
la noche en mar interminable,
el día como inalcanzable fin,
tu piel morena y divino abrazo.

Mi locura ingobernable,
nuestro temor al tiempo,
la cama en solitario lugar,
mi tremenda falta de fe.

Un beso que se ahorca,
tú tumbada sobre el cesped,
yo desequilibrado y tranquilo,
la pasión como lenguaje.

Tu olor, tu ensoñado olor,
la luna en forma de barco,
el cielo como cien mares,
amor como rutina esmeralda.

Yo caigo y caigo vacío,
tú sientes y sientes viva,
la ciudad nos entrega,
escapando la eternidad.

Mi insomnio como recuerdo,
tu sonrisa en delicado triunfo,
el adios como tangible fianza,
la noche como bien común.

Un calor vaporoso y real,
la caricia que faltó al mundo,
mi lágrima en sentido pecho,
tu ilusión como salvavidas.

Mi insomnio, tu recuerdo,
la locura y mi cama y el cielo,
el mar en eterna pasión,
la luna como único testigo.

Manual de cómo bañarse con dos mujeres desnudas y dormir solo:

En primer lugar hay que ser gilipollas.

Después de eso, hay que encontrarse
con dos mujeres intelectuales, libertinas y preciosas.

Luego se llena la bañera,
se quita de encima la ropa,
y se permite el contacto físico.

Una vez humedecida la piel,
se procede al contacto humano,
sin demasiado atrevimiento.

Posteriormente, uno alucina.

Una vez consciente de que estás en la bañera
con dos mujeres inteligentes, libertinas y preciosas,
por un instante, se agradece haber nacido.

Luego se juega con el agua,
se masajean las carnes divinas,
y se arrugan las yemas de los dedos.

Es muy importante,
para acabar solo en la cama,
ser un auténtico imbécil,
ser un hombre que teme lo precoz,
que se vence al rechazo,
y que persigue la belleza,
sin ser consciente
de que la tiene frente a sí,
en sus delicadas y miedosas manos.

Tan pronto como acaba el baño,
las virtudes se secan el cabello fino,
hay que disfrutar del agua que se compartió.

Luego uno se seca,
se ata la toalla a la cintura,
y se lamenta de su…

Mosquito

Ahora que soy menos bonito que nunca,
ahora que me dejo caer sin esperar nada,
ahora que mi delirio se enclaustra,
mis parpados levitan,
mi orgullo zozobra,
ahora que el cero me queda grande,
me seda la ilusión.

Mi soberbia sigue intacta,
pero le cambié el nombre por esperanza.

Ahora que caigo lento y punzante,
me deshoyo la sonrisa contra el aire,
el aire que me quema al respirar,
el aire que me hierve las horas,
porque el tiempo no pasa,
el tiempo muere.

Ahora que estoy muerto y puedo hablar,
ahora que me igualo a la nada y resucito,
ahora que la belleza quedó tan lejana,
su recuerdo me devuelve la sed.

Ahora que soy un mosquito,
mientras me muerdo y sangro,
mientras me callo y grito,
ahora decido volar lejos de aquí.

Mi locura no deja de crecer,
pero me siento más cuerdo que nunca.

Ahora despierto y señalo al mundo,
ahora lo amo, ahora me compadezco,
tras haberme matado el hambre que nunca tuve,
tras haberme zambullido en una fuente sin agua,
ahora encuentro en las curvas de tu piel,
una nueva razón para respir…

Canción desesperada

No soy de nadie y nadie es mío,
no quiero tener a nadie,
pero sí quiero que me tengan.

Me pesa la vida como alquitrán,
necesito ayuda, ¡Ayuda por favor!

No soy de nadie y a nadie quiero,
pero necesito ayuda para caminar,
necesito ayuda para amar,
necesito ayuda para llorar,
necesito ayuda para dejar de ser un estúpido.

Y no me soporto ni soporto al mundo
desde mis ojos.

Me resisto a crecer, a la responsabilidad,
esa palabra tan fea y tan difícil.

Dicen que a quién sabe usarla,
se le recompensa con maduros frutos.

Pero no me gusta la fruta, me gusta el ron.

Toda esta posesión me aniquila,
porque nada poseo, nada soy,
no quiero poseer ni ser,
no quiero conciencia ni libertad.

Lo perdí todo en sucesivos veranos,
y en sucesivos veranos me lo recuerdo.

Que alguien venga a ayudarme,
¡Ayuda por favor!

No soporto este peso del cosmos,
directo y seco contra mi cuerpo,
contra mi cabeza perdida,
contra mis manos sin ilusión,
y mis agotadas piernas.

Nada quiero, a nadie quiero,
¡Sólo pido amor! ¡…

Globos

Soy un desequilibrado emocional,
pero la mayoría del tiempo me muestro entero,
no sé cómo lo hago,
ni por qué.

Debería derrumbarme cada vez que siento,
pero procuro sonreir y pensar en las nubes,
sí, las nubes me alivian,
son tan delicadas y suaves.

Ojalá me hubieran colgado por hereje,
por mentiroso, traicionero y sensible.

Qué mentira, de tanta emoción me volví un cobarde.

Ojalá llueva, me gusta el olor de la lluvia en verano,
es como la inocencia, cuando todo brota de la tierra,
sin más fin que el de subir,
porque todo sube, como el aire caliente,
sube y sube, como un globo,
que explota y llena a los comensales de entrañas.

Creo que deliro, buen síntoma,
porque si deliro existo,
significa que he bebido,
por lo tanto debo estar bien.

Me gusta beber, porque así me olivido,
y olvido mi cuerpo y mis acciones,
olvido mi pensamiento y mis deseos,
me olvido de mí mismo para por fin ser.

Pero nunca fuí, nunca podré ser,
no mientras siga quejándome en tono irónico,
de lo puta que es la vid…

Confesión al Sol

He pecado como sólo peca un hombre,
he hecho llorar a una mujer a la que amaba,
repetidas veces.

Es por ello que no encuentro en mí la nobleza,
en mis manos albergo culpa,
en mi descanso no hallo perdón.

He llorado más de lo que se le permite a un hombre,
he hecho de mi cuerpo un recipiente sin uso,
demasiado triste.

Recuerdo que alguna vez aprecié la luz del sol,
cuando castigaba a aquellas mujeres con desprecio,
el mismo que me tenía a mí mismo,
en contenido silencio.

No soy digno de un abrazo o cualquier comprensión,
condenado a vivir en penumbra alejado de todo,
con la única compañía de mi pena,
extendida hasta sangrar.

He recibido la belleza en mis manos,
repetidas veces,
he ignorado la fuente de amor que de ellas brotaban,
sin suficiente lamento.

Es por ello que hoy me condeno al ostracismo,
alejado de la luz estival que engrandece las flores,
porque yo merezco oscuridad y abandono,
el mismo que entregué inconsciente,
al no ver lo que la vida me entregó compasiva.

Ahora bebo y lloro sabiendo que lo merez…

Luna en leo, Leo en luna

No veo la luna por ninguna parte,
como no te veo a ti,
pero sé con certeza,
que tu piel, como la luna,
está brillando sobre algún mar.

Mientras vuelves, si lo haces,
yo te espero, o desespero,
entre largas pausas de sol,
con el sol recordándome tu luna,
bajo una noche ingobernable.

Tu retrato se disuelve sin lluvia,
adopta la sonrisa esquizofrénica,
libre y condenada a bajar la marea,
cuando tú la nadas desnuda,
como me nadas la sangre.

Ya no veo nube alguna,
o rastro de hierba en crecimiento,
mientras se enjuta mi corazón,
esperando a que lo esperes,
sin demasiada pausa.

El verano me recorre lento,
tu humo no escapa de mi piel,
por mucho que intente echarlo,
prevalece entre mis poros,
como la sonrisa en tu recuerdo.

Es por ello que no me derrumbo,
y mantengo alto mi rumbo perdido,
procurando acertar algún bloque de hielo,
sin romper mi vencida esperanza,
entre los surcos de la mar de poniente.

Porque mañana saldrá el sol un diá más,
como saldrá tu cabello oscuro y tu piel oscura,
de …

Mortuorio

No habrá estatua que conmemore mi muerte,
ni adiós que me brinden cien bellas muchachas;
nunca seré príncipe de ningún reíno habitado,
ni llenarán de flores y coronas a este loco olvidado.

No habitaré en la memoria de dos generaciones,
entre mi herencia sólo encontrarán códigos sin barra;
nunca me rendirán más culto que el de las larvas,
ni sangrarán canciones las amapolas desde mi espalda.

En el río Manzanares nunca llegué a bañarme,
ni en río alguno se perdieron mis ganas;
la cima de la Maliciosa con los primeros pares,
demasiado jóven para volver a escalarla.

No busquen en mi recuerdo marcas de sol,
en mis lunares nunca escondí misericordia;
sólo los altos alquimistas pidieron perdón,
después largos inviernos sin ser memoria.

No lancen mi cuerpo a una fosa sin nombre,
mas en secreto, entréguenme al vasto mar;
allá donde encuentre reposo el horizonte,
en silencio, descúbranme verdadera soledad.

En las vistillas de un largo paisaje de ciudad,
recordaré lo que descendió hasta mi hígad…

Pesticidio

No hay droga ya que valga,
ojalá.

Las paredes del mundo se encogen,
entre pequeños duendes sin futuro;
las farolas de la ciudad sin luz,
se acoplan a un escuálido grito;
ya no hay dibujos de paisajes,
ni paisajes.

El cuchillo que bordea mi abdómen,
decide adentrarse; mis vísceras,
cual cerdo, desprenden olor a muerte.

Los grados de más y de menos volaron,
las palomas ya no recuerdan tierras de Lorca,
su esqueleto yace en una fosa,
mi humanidad descansa a su lado.

La cuchilla está afilada, sangre, sangre;
litros de sangre sin cuerpo ni destino,
mis pies cuelgan de algún balcón sin dueño,
bocabajo entiendo lo que hay sobre mi sién.

Y en el abrazo que no tengo,
revolotean las golondrinas apareándose,
mutilándose las alas de tanto volar.

Pronto caen, olvidan el suelo,
y las farolas apagadas de Madrid,
recuerdan al poeta,
que nunca llegó a escribir.

No hay ojalá que valga,
droga ya.

Palabras sin lengua

Si de palabras pudiesen hablar mis ojos,
no te mirarían como si de un mudo fueran.

Si el lenguaje no hablara de dinero,
hablaría de la luna llena como madre de todos.

Si el tiempo no se midiese en segundos,
lo mediría en cada una de tus sonrisas.

Si el dolor no fuera algo que esconder,
pintaría sin él los lienzos más hermosos.

Si a tu tacto no le tuviera el respeto del oro,
no habría moneda más cara que tu piel.

Si a la luz de la noche le faltaran tus palabras,
mi consuelo estaría vacío en eterna sombra.

Si tu camino no se cruza de una vez con el mío,
me temo, esperaré sentado a que vuelvas.

Si no vuelves,
iré a buscarte.

Cicatrizado y abierto

Hoy he salido a pasear y la noche estaba alegre,
antes, adormilado en mi escritorio, sólo llanto,
ahora, tras la luna llena, las nubes rosas,
el tacto del cesped, nuestro cesped y de nadie,
los pequeños conejos saltando como en cuentos,
las maravillas de alicia dibujadas en acuarela,
tu cambio como sol y tu miedo a cambiar,
siento tanto dolor en mi nuca al no mostrarte,
al no enseñarte lo que hay más allá de lo conocido,
entre las montañas de colores y caminos de tierra,
pero es mi miedo el que controla mis actos,
contigo incluso, me dejo llevar, me arrastro,
sonrío estúpidamente por cada gesto o palabra,
porque mi mente y mi cuerpo y mi todo,
se descomponen al descubrir tu sonrisa,
al sembrar tu sonrisa en mi rostro sin mueca,
me haces reír y morir por dentro, al tener miedo,
miedo a ser rechazado, miedo al no guiarte,
al no caminar de la mano contigo entre la niebla,
porque solo no sé andar, porque solo no soy.

Y me atrevo a decir que soy un cobarde,
tantas veces me mataron la ilusión,
tantas veces la ma…

Valiente cobarde

No tengo fe en la pareja
tampoco en el polvo de una noche
¿A qué le tengo fe entonces?

No me relaciono con la gente
porque no me importa lo que piensan
y prefiero no ser hipócrita
a sonreír como un imbécil.

No creo en el sexo sin amor
tampoco en el amor sin esfuerzo
me cuesta tanto enamorarme
como fácil ser olvidado.

No salgo a la calle a pasear
porque vivo encerrado en un parque
con demasiados árboles y señoras tristes
que nunca muestran su tristeza.

No confío en ningún instante
más allá de ahora mismo
y al amor ya no le espero
mientras se consume mi vida.

No muestro mi extrema sensibilidad
por miedo a que me la arrebaten
o no sepan cuidarla
y la abandonen conmigo.

No tengo fe en la belleza
sin embargo
¿Hay sentido en no buscarla?

Mundo

Mundo que no te comprendo
y te amo
como sólo puedo amarte
a través de mis ojos, manos y acciones
mundo que te lloro y pienso
tan poco y tan demasiado
cada vez que veo la inmediatez del hombre
cada vez que observo a una mujer resignada
me pregunto dónde estará la luna
quizás asustada
quizás sólo esperando el momento justo
para calmar esta humanidad hambrienta
cegada entre el abrazo del miedo.

Mundo que te imploro
que reconozco tus mares como dioses
que reconozco tus dioses como seres
en la habitación contigua
paseando en la calle un domingo de julio
vendiendo pan poco después del alba
empujando el carrito de un bebé que es de nadie
al que se le enseña a hablar antes que a escuchar
porque se le da por sabido
y se le olvida
y se pierde en el abrazo del miedo.

Mundo que callas y gritas en sueño
te oígo
te siento
tu llanto es el de mis costillas
y ahí lo atrapo y conozco
y ahí lo sufro y bendigo
mundo que te mueres
que no sabes cómo pedir auxilio
te tiendo mi mano
al tendermela a mí
para s…

Sur

Al llegar a casa, un día más,
escucho cat stevens en cueros,
fumo hachís, fiel compañero,
y nada tengo, nada me falta.

El hambre lo perdí con el miedo,
la mujer de acento andaluz,
madrileña de nacimiento,
me endulzó la noche en bulerías,
bailando al son de un vagabundo,
y su guitarra,
y su perro empapado en cerveza,
llorando a la luna en comedia,
pues el drama murió en ayunos.

Y nada me falta, porque nada tengo,
y por fin mi tristeza es nada,
y a la nada, no puedo pedirle más,
y a mi soledad, la acompaño de instante,
y más allá de ahora, nada soy, nada fui,
prefiero atraparme en una acera de madrid,
con la música y una rubia fumada,
llenando de humo mis vagos recuerdos,
y la cerveza hasta morir,
y la noche de nadie,
ni de mis sueños.

Porque nada sueño, si nada deseo,
porque mi súplica la suple el ahora,
y en el antes, perdí mi abismo,
y en el mañana, nada soy sin ya.

De la paciencia aprendí
la virtud de esperar,
y de esperar, absorví el tiempo.

Entre las sábanas de una baja pasión,
si…

Exlitio

Te amo, porque al amarte, amo al mundo,
ya no me retuerzo en un pozo sin fondo,
alimentando mi trágica existencia,
porque no encuentro lo trágico,
si en este mundo hay gente como tú,
que prefiere la salud del mundo a la propia,
porque nada me duele si alguien sufre,
porque mi sufrir es diminuto con el llanto
que puebla al mundo, sin descanso, sin compasión,
porque te amo y hasta que no te he amado,
no he amado antes, no, antes sólo me amaba a mí,
ahora sé que te amo porque sé que todo lo amo,
porque siempre estuviste para recordármelo,
y juntar nuestros cuerpos no tiene sentido,
sin antes haber juntado nuestras almas hasta sangrar,
porque te amo, y al amarte, ya no estoy solo.

Pero maldigo al mundo por no amarte,
lo maldigo en cada instante de perdón,
me duele, me duele amarte,
porque me duele el mundo,
cuando te asfixia en invención destructiva,
y tú creas, y creas, y creas,
hasta vaciarte, para dar luz y sentido,
a los que te escurecen con conocimiento.

Y por fin te amo, porque por…

Azul Amarillo

Si la naturaleza lo marca,
si la vida nace del fuego,
sentir, como cada exceso,
atrapa al cuerpo y la mente,
inamovible, congelado,
un pensamiento dentro,
un acto que no se realiza,
una emoción que se escapa,
a los designios del hombre.

Pues hombre reproduce,
reproduce, reproduce, luego piensa,
reproduce de nuevo, mata la idea,
reproduce, reproduce, reproduce,
y quizás antes de dormir,
por un instante, siente.

Y yo, que pienso, pienso, pienso,
luego siento, me masturbo, no pienso,
luego pienso y siento, siento, siento,
siempre equivocado, siempre aislado,
como un ogro en una cueva sin luz,
llena de amor hacia todo menos a mí.

Llega el día en el que reproduzco,
luego pienso y siento, reproduzco de nuevo,
siento, reproduzco, siento, reproduzco, reproduzco,
hasta que pensar se convierte en lastre en desuso,
comienzo a reproducir como cualquier otro hombre,
sin importarme lo que sentirá la mujer que lo observa,
tras una esquina, callada y triste, pues ella piensa y siente,
y siente, y siente y siente, como lo hacía …

Maldito Diablo

Hacía tiempo que no venías tan fuerte,
soledad interminable, hija de la locura,
me llegaste a mostrar cuatro bellas razones,
con corazones serviles y precisas caricias,
tu embrujo me ocultó el mundo y del mundo,
en tu abrazo el sosiego encontró reposo,
¡Pero qué poco duraste hermosa mía!

Luego trajiste del cielo dos grandes apoyos,
hermanos de sangre, vividores del tiempo,
y nos bebimos las reservas globales de elixir,
el momento se convirió en el único presente,
las mujeres como maravilloso puente,
sin retenciones ni momentos de lucidez,
sólo reposo y comida y exceso, libertinaje,
curioso tren hacia ninguna parte, sin destino,
ni rumbo fijo o variable, hasta que llegó la noche.

Porque la noche era sólo una parte,
no existía el horario para beber hasta caer,
hasta que un manto infinito y profundo,
me enterró en la locura, reflejé mis miedos,
encontré lo sublime y oculto, lo genial compartido,
en dos grandes apoyos caídos del cosmos,
me llevaron hasta la tiniebla más escondida,
pues só…

Conversaciones

Reciente sintonía de cuerda,
esparcida en un salón francés,
fumaderos de hachís adulteros,
con golondrinas al óleo,
sandías en malasaña, o no,
noches sin dormir y sin aire,
gargantas que perdieron el cuello,
cigarrillos a las afueras de la pista de baile,
canciones que orgían las piernas enrevesadas,
descanso afligido entre domingos y junio,
las gotas verdes del engaño secaron,
la curva entre solo y solo, unida sin más,
como la muerte que nunca existió.

Salpicaduras de nubes abatidas,
pequeños charcos de calor sin perdón,
labios abiertos y enclaustrados,
sonrisas, ojos de mil colores,
conversaciones de dos de mayo,
conversaciones de salón francés,
conversaciones en silencio.

La mujer que vino a abrazarme,
nunca vino, nunca avisó de su ausencia,
da igual, nunca la habría visto con tanta niebla,
con tanto hachís en las paredes y vapor de una noche,
con tantas latas de cerveza rescatadas del olvido,
con tantas copas de vino y de ron y de todo,
vacías antes de llegar a mi vientre,
nunca, ni con los ojos abiertos,
h…

True romance

Llevaba un tiempo encerrando algo en mí,
no sabría decir qué, pero tú me lo recuerdas,
hay inviernos que duran dos veranos,
hay ojos que al aire de junio permanecen,
clavados en algún punto sobre el abdómen,
como una risa escapando de un muro,
inocente y desesperada entre breves ginebras,
en alguna terraza o algún bar de Madrid,
como un camino entre las calles, un diálogo,
discutiendo en silencio lo mucho que me gustas,
como un sueño, o un palacio inventado,
dibujando en las calles y veranos de Madrid,
lo que hacía tiempo olvidé observar.

Y contando uno a uno tus lunares,
por fin me salió infinito.

Y soñando con tu piel bajo mis dedos,
la noche cobró sentido.

Hacía tiempo que no me detenía en tu voz,
cuando la deslizas entre el viento con sutileza,
o cuando pestañeas, y lo detienes todo,
porque estrangulas al mundo en delirio,
sí, cuando pestañeas amor y yo muero.

Y en las letras de un corazón triste,
tú dibujas flores con tu sonrisa.

Y en los pantalones de un pobre lirio,
nace el alm…

El Colgado

En este mundo no hay vuelta atrás,
somos prisioneros de la conciencia,
de los siglos de castigo y silencio,
de la evolución humana, a pesar
de la terquedad de los ahorcados,
no en las plazas públicas, sino en sus camas,
cuando el peso de las estrellas,
oculta tras sus sueños delirios de culpa,
porque ahorcados lo somos todos,
irresponsables con el mundo y la belleza,
al no liberar los besos de los paisajes desiertos,
por no descubrir nuestro cuerpo al contacto,
por temer más la caricia que la violencia,
porque todos somos Leopoldo María Panero,
colgados y encerrados, colmados de locura,
prisioneros de nuestra propia conciencia.

Pero al no haber marcha atrás, habrá marcha adelante,
entonces sublimaré mi cuerpo a los deseos que encuentre,
seré responsable con mis playas y bosques, y flores y perros,
entregaré el rubor de mi despertar a quién pregunte por él,
los barrotes del mundo, sus discursos de simios desorientados,
no me producen miedo ni desesperanza, la fatiga cae en compasión,
todas las palabras nega…

"MUJER DESNUDA" - Tres Diálogos

Acto único
Diálogo Primero
El escenario está vacío. En el centro se ilumina la figura de una MUJER DESNUDA tumbada sobre el suelo. Por la izquierda entra una MUJER VESTIDA sosteniendo una manta. Mira hacia atrás intranquila, luego se apresura a cubrir con la manta a la otra mujer.
MUJER DESNUDA:

¿Quién eres? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué me tapas? ¿Has venido a hacerme daño?

MUJER VESTIDA: No temas. No voy a hacerte daño. Estás desnuda y por eso te he tapado. Estás desnuda, tumbada sobre el suelo, tienes pecas en la cara y el cabello entre amarillo y naranja, como un amanecer. Me miras extrañada, aturdida por ignorar el lugar en el que te encuentras. Pero no temas. Yo cuidaré de ti.
La MUJER DESNUDA se cubre con la manta y se incorpora.
MUJER DESNUDA: No entiendo nada. ¿Por qué estaba desnuda? ¿Por qué tú no lo estás? ¿Por eso me tapas?
MUJER VESTIDA: No tengas miedo. Lo normal es llevar ropa encima. No puedes salir así, con ese aspecto.
MUJER DESNUDA: ¿Lo normal...? ¿Salir a dónde?
MUJER V…