31 de diciembre de 2013

Mamografía


Yo me tendría que haber muerto,
el día que mi madre dejó de darme teta,
a los dos días de nacer.

Desde entonces todo ha sido una mierda,
constante,
y estoy cansado de siempre quejarme
y llorar
y sufrir
y morir en puta vida,
porque muerto estoy,
sin alma y sin voluntad,
sólo me queda este cuerpo
que se queja y escribe,
se queja y escribe,
se queja y escribe.

Miro a la vía del tren y no tengo valor,
¿pero cómo es posible?

¿No tengo valor para vivir,
y tampoco para morir?

Debo ser una broma de la existencia,
como todas las demás,
pero más seria,
y más triste y consciente.

Ojalá venga el tren
y me arrolle,
y me arrolle,
cómo nunca se atrevió a hacer;
ojalá venga pronto
y acabe con el tedio.

¿Dónde está mi teta?

¿Acaso yo no tengo derecho a mamar?

¿No fui un buen bebé?

Por eso te amo, madre,
te amo y te extraño porque me faltas,
desde mi segundo día.

Te amo,  mujer,
te amo a toda la que tengas pecho,
y des vida,
y ofrezcas tu seno a mi boca hambrienta.

Te amo y despierto
y las vías del tren son acero pesado
y mi vida también,
y sufro y no sufro,
imagino que sufro y es peor,
porque es más cierto.

Te amo, mujer,
te amo porque no existes
y me abandonaste al mundo
y el frío ganó.

Allá se acerca el tren de las dos,
cada vez más rápido,
y más fuerte,
y más potente hacia lo que queda de mí.

Que pase el reloj y se acaben sus horas,
porque no son horas ni nada,
porque no soporto el tedio,
y muero,
y muero sin nadie que me abrace.

Soy un niño, joder,
y nadie me enseñó a vivir,
nadie me preguntó si quería,
o si amaba la vida,
o si me amaba ella a mí.

Porque no, no nos engañemos,
me odio, como todo lo odio,
porque estoy solo y solo muero,
y no me queda nada cuando no estoy.

Rápido, más rápido,
tren inevitable,
arrebátame la sonrisa cuando escape,
no me permitas ser feliz.

Arróllame con tu fuerza,
con tu fuego hazme hervir,
y borra de este rostro triste la opción de esperanza.

Mátame ser inmundo,
te llaman vida y vida no eres,
sólo un tren cargado de muerte,
que alumbra mi posible adiós.

Arróllame, llévame contigo,
no soporto esta herida,
que tanto tarda en cerrar.

Aliméntame, dame tu abrigo,
en la noche hace frío,
y  yo no sé respirar.


13 de diciembre de 2013

La Gran Belleza

Para los buscadores de belleza,
los que miran al cielo;
para los que miran en las revistas,
o navegan a vela en mar abierto;
para los que pintan,
los que bailan,
o los que sueñan.

Para los músicos,
para los que sonríen al sol
o a la luna lloran;
para los vencidos,
los solitarios,
o los suicidas.

Para los religiosos,
o los místicos;
los sabios
o ascetas.

Para los artistas,
los creadores,
los pensadores,
los no pensadores;
para todo aquel,
que conserve un sentido.

Para los que alguno le falte,
para los muertos,
para los vivos,
para todos;
dejen de buscar,
dejen de pensar,
dejen de sentir,
dejen de hacer.

Sólo existe un acto,
que inevitable como el tiempo,
asegura la belleza:
hacer cosquillas a una mujer
y reír con ella.

10 de diciembre de 2013

El Desvirgado

Tac, tac, tac, tac,
el martillo pregunta.

Más, más, más,
me pide el tedio sin pausa,
la luz de la mañana a las dos,
el martillo en la cabeza,
tac, tac.

Paseo, el mar que antes era plano,
el transeunte que hace preguntas,
el olor a caracoles en salsa,
que sabe a todo y todo sabe a él.

La orquesta toca su juego,
la sala vacía, el vaso vacío,
alcohol, alcohol,
me clama una voz en mi cabeza,
tac, tac, tac, tac,
el martillo pregunta.

Una, dos, tres, siete,
los papeles sin más uso,
que evaporarse lo antes posible,
las muchachas llegan,
la música que se repite, y sólo las luces,
en paralela armonía me alimentan los ojos.

La música que se repite,
pam, pam, pam, pam,
el vaso que se vacía,
el vaso que se llena,
el vaso que ya no es vaso,
sino refugio.

Una, dos, tres, cuatro,
el tiempo que olvida su paso,
mi cabeza que cae,
la bebida que pesa,
y uno, dos, tres, cuatro,
Amal camina hacia su refugio,
al final de la sala decrépita,
dónde suena pum, pum, pum.

Silencio, el ruido cesa,
las demás chicas desaparecen,
los camareros y marinos,
los viejos, los jóvenes y los casados,
todos callan.

Amal sonríe,
habla delicado francés,
entre pum y pum,
el ruido le molesta,
dice que sigamos fuera.

Silencio,
Amal abre la puerta,
las mujeres en polvos salen del baño,
los casados entran,
salimos al aire,
fumamos, reímos, respiro,
apoyado sobre la pared,
escondido ante deslumbrante luz
en un sitio tan lúgubre.

Pam, pam, pam,
caminamos en silencio,
la noche acecha un posible error,
el portero reclama su parte,
el refugio del ascensor,
la calle fría, la gente fría,
nosotros,
con la temperatura aldente,
y el misterio sobre la piel.

Hablamos, Amal me asombra,
no es así cómo me habían contado,
yo balbuceo palabras en francés,
ella ríe, me mira a los labios,
hablas de sus estudios,
de la presencia del mal y del bien,
de la dureza del mundo,
de su optimismo.

Y Amal ya no es de pago,
cuándo le pido un beso,
y me lo entrega con gusto.

El silencio en la ciudad del caos,
la bruma del mar entre tierras,
las gaviotas, los consejeros,
todos fuera,
mientras Amal gime endemoniada.

Oui, oui, oui,
su mirada en mis retinas,
el olor a carne y canibalismo,
su piel de seda,
sus ojos, sus milenarios diamantes,
entre pestañas de negro carbón.

Oui, oui,
la noche pesa y el alcohol,
pero el cuerpo sigue,
y el banquete sigue,
entre las pausas de ternura
y las miradas clavadas.

Tac, tac, tac, tac,
el martillo pregunta sin piedad,
el amanecer de las dos de la tarde,
la hora abitual y la habitual jaqueca,
pero nada importa,
ni el tac, tac, tac,
porque Amal duerme a mi lado,
acurrucada en mis brazos,
siempre sobre su fina piel,
tiembla, sueña,
me agarra con fuerza,
tac, tac, nada importa.

Oui, oui, oui, repite la mañana,
mientras hacemos competencia a los martillos,
y nos besamos de nuevo,
y nos abrazamos con fuerza,
y nos miramos sin tiempo,
repetidas veces.

Tac, tac, tac, tac,
Amal se marchó y el martillo no,
la ciudad del caos estalla,
el sol, la brisa, el mar.

Amal se llevó el dinero,
mi corazón no, sigue helado,
pero con parte del suyo,
me recordó que ahí sigue,
y el martillo dejó de sonar.

5 de diciembre de 2013

Réquiem

Estas son las palabras de un muerto
cansado de morir y abatido de vida,
que eleva el tono de su estrecha agonía,
acariciándote en el recuerdo,
ausente en tus estallidos de luz,
abstracto y dividido entre cristales rotos;
que escucha los ruídos dónde solo habita,
desangrado en un charco sin voluntad,
abandonado sobre el yugo infinito,
que grita ayuda y suplica por tu sonrisa.

Es el muerto cubierto de fango,
que traga tierra y vuela desde la almohada;
sus sábanas son frías y sucias como sexo,
en la noche el silencio atraviesa su tráquea,
y él vomita sin levantar la barbilla.

Hablo del hombre consumido en mierda,
exiliado sin acreditación de un país sin vida,
que vaga solitario y hedoroso por ningún desierto,
que aullenta a los niños, apedreado,
mientras los pequeños diablos ríen sobre su tumba.

He aquí el viejo inmundo, el oscuro apartado,
el condenado al final de una fila sin fin,
que clama al cielo y al vidrio en formato de Dios,
para volver a verte, para volverte a sentir,
para declamar callado una vez más,
las palabras de un vivo que olvidó vivir,
y callar al muerto que murió con tu adios.

1 de diciembre de 2013

Desaciertos

Tiembla, tiembla
furioso enemigo,
de carne helada

Mi mandíbula se aferra a la aurora
al teatro de rostros sin vida
con ojos de anunciada muerte

Muere y huye a la eternidad
devastada de algodón y almanique,
en un refugio sin tiempo

Estalla el léxico de mi alma
en los estallidos de descanso y sábana
que rebosan de mercurio

Ya que a Dios o a cualquier enemigo
no le basta con el frío invernal
para arrebatar a los ojos su ausencia

Oh mi enemigo
deténme entre la espesa niebla
que permite mi paso sin invasión

Y que al azul del cielo
o de alguna ciudad inerte
le susurren algo dulce sin ánimo de lucro

Que tiemble el propio susurro
y la luna disuelta
y la emoción en alfiler

Ya es hora del hijo bastardo
el mayor fruto del mundo enfermo
vestido de arlequín y arrodillado

Los uniformados caminan en sus uniformes
despenalizados de pensamiento
o de una mirada sensible a la lluvia

Y la caja sigue sonando palabras
excesivamente informantes
entre luz sin sentimientos

Y por fin cae el tedio
como anestesia
para mis ojos cansados.

13 de noviembre de 2013

Canción del Pirata

Estaba tumbado en la cama fría y suave
del cuarto de invitados de la casa de mi abuela,
los pliegues de las sábanas resultaban bien marcados,
con esterillas de hilos y esmeraldas
que caían en cuadraturas de severos espejos;
recuerdo que la manta y sucesivas mantas
me ahogaban al cuello,
como sólo ahogan las mujeres apegadas,
y mi abuela, tan dulce y cándida,
cerró la puerta y apagó la luz
después de decrme que no tuviera miedo
por un tal coco, del que desconozco el aspecto.

Creo que fue alrededor de los siete años,
cuando mi abuela me enseñó lo que era el miedo.

Desde entonces he visto muchos cocos,
como las miradas de la gente que viaja en el subterráneo,
o como mi mirada perpleja al exponerme a sus ojos.

Sin embargo, si le preguntase a ese niño
que se prestaba a dormir plácidamente como debería un alma,
si se imaginaba algo desconocido que pudiera alterarlo;
lo negaría como hacen los inocentes,
o las ardillas que se acercan al niño, ya mayor,
antes de que éste las pateé al estilo americano.

Y allá veo pasar de largo a aquel alma muerta,
el niño que era yo y aún soy, pero atado de manos y pies,
sollozando algúna canción de algún juego divertido,
antes de temer la hora en que prohibían jugar.

Por allá cruza el alma rota, del niño roto,
que fue pateado en el trasero por una realidad y una vida
siempre demasiado triste,
siempre demasiado adulta y recta,
falsamente pulcra y de percepciones unísonas;
pero el niño camina con la cabeza alta al pasar junto a ellos,
y sube el monte hasta la cima que atrasa a las nubes;
allá va el niño a reunirse con todo,
y a volver a nacer.

Mientras, aquí caminan los cocos, siempre con el cristal cerrado,
siempre sin ojos y sin amor en vueltas redondas siempre iguales.

Y lo que no queda de niño, que no se detiene frente a la pastelería,
que no llora para pedir ayuda a cualquier ser con oído y abrazo;
ése camina aún más sólo que cualquier alma muerta,
porque las almas muertas, mi abuela contó que nacían;
mientras los cuerpos muertos,
sólo esperan morir.

26 de octubre de 2013

Can't be that

Otoño me devolvió a las islas
con los terrones de azucar,
los diez azules del cielo,
las nubes
y los viejos 60.

Ah, y tu cuello.

Qué bueno que volviste,
porque los días empezaban a pesar
y mi ingravidez me apretaba en la sién.

Pero la ingravidez compartida contigo,
resulta mucho más amena.

Volviendo a tu cuello,
al regusto de chocolate derretido,
como no podía ser de otra forma,
entre tus dedos.

Al Otoño fuera habiendo mojado
tu cabello quince minutos
después del despertar.

La batería sigue un ritmo monótono,
tú taconeas en mi más fondo,
a la par que abres y cierras los ojos;
sonríes,
y no puede ser.

30 de septiembre de 2013

Dulces ojos oscuros

Tengo un miedo a no verte,
que me impide clavarte los ojos.

Pero ocurre que, cuando bajas la mirada
y la dejas caer en mí,
la noto en mi nuca,
como un clavo ardiendo,
más tallo de flor,
que hierro quemado,
pero ardiendo.

Y levanto la vista
y rapidamente te encuentro,
no sólo al lado,
sino en algún lugar más lejos,
y como si no existiera el tiempo,
enseguida aparto la mirada,
y me pierdo en nada,
sin darle sentido a los ojos,
o a algo más bello a lo que mirar.

Es entonces cuando guardo silencio,
tu piel morena me resulta cálida,
cercana como los bonitos recuerdos,
tus manos, tan artesanales,
tan como deberían ser las manos,
recogen algún cabello tras tus orejas,
sonríes y es inevitable
que yo sonría también.

Pero tengo un miedo a no verte,
que me impide clavarte los ojos.

29 de septiembre de 2013

Epitafio a los ojos más bellos

Ya nadie me mira de esa manera,
quizás yo perdí a dónde mirar;
la otra noche,
miré fijamente a los ojos,
y el embrujo vibró,
por un instante;
pero no tenía el infinito tiempo,
que albergaban los ojos de Mariu,
cuando detenía la mente y todo,
entre nuestros iris de nubes rosas.

Y hoy en un sueño, los ojos de Anael,
se detuvieron en mí como antaño,
frágiles y entregados
a cualquier causa perdida,
delicados como la primera lluvia.

Es por eso que tanto añoro,
tener ojos para mirar;
con la mirada perdida,
o escondida en el suelo o el cielo,
no encuentro ojos que me salven.

Recuerdo aquí los grandes ojos de Clara,
examinando con devoción mi misterio de piedra;
o las ventanas del mundo triste al real,
que se abrían en el rostro de Lídia,
cuando un poema brotaba de mis ojos,
antes de ser escrito en las calles de Madrid.
Y los ojos de Laura, también grandes,
azules como el mar,
o como Olivia Pazos esperando en el puerto,
al borde de la lágrima, pero feliz.

Quizás sean tantos y tan bellos mis recuerdos,
que la falta de presente en mis huesos y mi piel,
me amarga hasta caer;
quizás sólo tenga que levantar la mirada,
dar un paseo sobre las hojas de otoño,
para encontrar unos ojos que me miren,
como me miraban ellas,
como yo miro al mundo, cuando lo miro,
y no me escondo en los ojos,
que ya no tengo para mirar.

Señorita Viaje

Vida y muerte, que no os engañen las letras,
es la misma palabra,
la vida, la continua muerte,
sentado en el presente,
observando, sintiendo,
dejando estar,
todo muere ante los ojos,
sobre la piel,
en el aire,
todo está muriendo
mientras el testigo observa
desde su propio cuerpo que muere,
desde su alma que nunca dejó de volar.

Por allí camina el Señor Futuro,
proyectado como un cinematógrafo,
en mi mente que lo enciende,
y mi cuerpo tejido de Don Pasado.

¡Ay, la humildad del que se sabe humano!
En su mirada encogida en preguntas,
entre los hombros altivos.


15 de septiembre de 2013

Vida y muerte del viejo Walt

Como membrillo sentado frente al pasto,
el viejo árbol florece de oro dulce,
tres pequeños conejos cruzan frente a mí,
les saludo y sonrío,
muerdo el fruto con ambas manos,
sin perderlo de vista,
los tres pequeños se pierden,
la montaña, a lo lejos,
prevalece en la neblina y reina la meseta,
el viejo sur, el sur olvidado,
hallo descanso entre espigas de sol.

El tren de las ocho, siempre puntual,
rumbo mississippi, a los campos de algodón,
el viejo walt bajó del monte invierno,
toca su armónica sin más prisa que el tiempo,
la vieja cabaña, el viejo río, el viejo walt.

Un café en envoltorio de madera fina,
los segundos, tic tac, tic tac, tic tac,
del ámbar al verde, el camino abre,
los carros chirrían su humo negro,
respiro, o abro la boca y dejo entrar,
el café cae con intención,
tic tac, tic tac, tic tac,
el reloj marca puntual las ocho,
la gente camina bajo la sombra de las torres,
de madera podrida hasta gris metal,
ventanas cuadriculadas y caminos paralelos,
el viejo barbudo, el viejo walt,
sentado de piernas cruzadas y mirada caída,
sujeta un cartel de madera fina:

"POR FAVOR, TENGO HAMBRE"

Olvidó la poesía, la armónica y su banjo,
perdió de vista la monárquica montaña,
los pastos dieron paso a caliente asfalto,
los paisajes del tren se sumergieron,
los frutos del árbol no encontraron árbol
del que nacer.

Tic tac, tic tac, tic tac,
el viejo walt perdió la hora,
perdió la tierra,
perdió la vieja cabaña,
y el dulce membrillo,
suerte que su blanca barba,
encontró remojo, entre heces y ratas,
en las alcantarillas de la gloriosa ciudad,
tic tac, tic tac.



12 de septiembre de 2013

Pink Rabbits

Son tan frágiles mis manos,
cuando imaginan el tacto de tu piel,
y tú sonríes, desnuda sobre la cama,
y tu pelo te parte el hombro izquierdo,
como señalándolo,
como haciéndome señales para morder,
y lo beso, una, dos, tres veces.

Tu espalda, nunca la imaginé tan bella,
y ese lunar que tienes,
que me parte la percepción de todo,
como señalándome,
para que nunca lo olvide.

Lamento no haberte conocido nunca,
pero esa es mi mayor esperanza,
saber que me queda todo por conocer,
que tus manos sobre mi barba,
serán más manos y menos espejismo.

Imagino que lloro apoyado en tu vientre,
y que acaricias mi cabellera sin hablar,
y que con sólo tu mano sobre mi sién,
basta para que en mí todo se calme.

Pero sólo imagino, porque no te conozco,
pero es cómo si no hubiera nada de ti,
que no me vaya a gustar.

De nuevo me inundo de fantasía,
pero te escucho a lo lejos,
sincronizado con la música que escuchamos,
cada uno en una habitación distinta,
que está menos vacía desde que te pienso.

Pero no te conozco, ni falta me hace,
porque sólo imagino y lo siento real,
y al bajar la vista y volver al mundo,
me encuentro llorando en tu vientre,
y tu mano me arrebata el miedo,
y sonríes,
y todo está bien.

Abraham el Judas

Encuentro la grandeza de todo,
en la parte más baja de la línea blanca,
junto al suburbio de terror y pánico,
vestido con prenda de hielo.

La luz que atraviesa mi vientre,
no es luz sino vientre,
no es perdón sino abrazo,
al borde de la locura.

Diluvios de hojas secas que caen,
hasta abatir mis cicatrices,
en delicados hilos de algodón,
recogidos en frío invierno.

Ya no hay ya sin mañana,
ni hubo ayer sin hoy,
montañas y nubes de rubí,
afloran en mi memoria.

La fina línea que me separa del todo,
abochornada por la nariz sin olfato,
allá sueño con la jarra de agua,
y me ahogo en barro.

Un rayo de luz asoma a la ventana,
me asomo y nada veo,
no participo de su llanto ardiente,
detenido en mi cuna sin seno.

Constante primavera que nunca falta,
la llama del deseo que se atraganta,
en un campo de inhóspitos cerezos,
la noche nunca encontró un camino.

Me detengo al borde de la locura,
la miro a los ojos y sonrío,
dónde otros ven guerra, hallo paz,
dónde el terror acecha, oportunidad.

Descalzos caminan los siervos de nada,
buscando superficies sin espinas,
más dónde se halla el camino,
las espinas indican la dirección correcta.

Amanece por fín un día más,
que nunca volverá a ser el mismo,
aunque el sol se ponga y la luna vuelva,
mi vientre es mi luz,
y mi luz mi vientre.

10 de septiembre de 2013

Moaxaja a Tánger

Canta un espectro desde lo alto del minarete,
la mujer del niño duerme,
la calle alborota los rugidos de los autos en declive,
al fondo el mar descansa bajo lunas de mil noches.

Una pequeña vende pañuelos y regala sonrisas,
sus hermanos juegan al pegamento,
sin escuela y sin cuaderno.

La ciudad cae en cólera y hierbabuena,
los cláxones sacan pecho y las mujeres,
descubren sus manos,
recitan tobillos sin adoquines.

Ojos de mil tamaños y un color,
felinos, indiscretos amantes,
la arena del este siguió a la estrella.

El perro ladra su ausencia,
el gato come pescado a medio podrir,
el puerto cierra y el mercado cae,
sube la marea de tierras contemporáneas,
sin el porvenir de la realidad.

El taxista sonríe y entona una fecuencia,
corta al viento y al prójimo en carril de arcilla,
el camarero sonríe,
con sus rostro serio, inmutable,
sonríe por dentro mientras sirve el café,
desde el azucar el vapor del vaso rebosa,
la cicatriz de una vida en desorden.

La mujer pasa, la mujer manda, la mujer que no lo es,
se permite esconder su sombra entre pañuelos oscuros,
y con sus rasgados ojos dictamina un final.

Allá va el caballo que no eligió serlo,
mientras su amo le azota con diligencia.

Allá va el siervo del mundo, el siervo de una idea,
a vislumbrar su infinito descanso más allá de ahora,
o quizás nunca más que ayer.

Las gallinas hacen su juego,
el cordero dejó de caminar,
en el interior del tajín escucho su canto,
desde un minarete cercano,
vigilante la mar.

Allá camina el niño sin niñez y el viejo sin muerte,
de la mano cruzan frente al carnicero,
al que saludan, como cada día,
mientras juntos salen a pasear.

Entre el norte del continente olvidado y el sur
de cualquier mar,
dónde los pies caminan descalzos,
los camellos esperan el pasar del tiempo,
y los amigos se cuentan por docenas,
y la mar asoma, y la mar asoma,
las estrellas apuntan al suelo,
desde un portal equivocado.

Allá va el solitario cristiano, que no eligió serlo,
allá va la mujer sin cuerpo,
y el cuerpo olvidado,
y los ojos que miran y callan.

Allá se pone el sol, por poniente,
allá va la mar,
y la mar asoma.

Canta un rezo sin pregunta,
una respuesta que perdió las horas,
al vino le entregó un sollozo,
que no encontró respuesta.

Allá canta un espectro, desde lo alto del minarete,
allá se dejó caer al vacío,
y su sombra se fundió con la noche,
y su día, comenzó a brillar.

17 de agosto de 2013

Benzoilmetilecgonina

No existe
la profundidad de mi cama
ni mis solitarias noches

No soy
el que merece haber nacido
y se regodea en su ausencia

Nunca tuve
la profundidad que ansío
o delicadas palabras

No me falta
la culpa de todo
o soledad inerte

No quiero
besos fugaces
ni camas a medio hacer

No poseo
la luz de la mañana
ni constante paz

No puedo
dedicarme a la belleza
mientras sólo imagine

No pido
acompañamiento sin rumbo
ni despertar sin ayer

No hablo
salvo si alcohol me inunda
o mi alma se rompe

No existo
si no la tengo a mi lado
o mi lado es abismo

No soy
mientras siga borracho
y las flores sean agua.

14 de agosto de 2013

Dinamarca

¡Miedo, miedo, miedo!

¿A qué?
Al espejo.

¡Tristeza, abandono, lamento!

Sin fin, sin retroceso,
tambaleándose en fina melodía,
ausente en cristal opaco,
delirio curvado entre el tiempo.

Frío, frío, frío,
oscuridad y abandono,
desasosiego y llanto,
raquítica tristeza.

¿Quién va ahí?

Es el espectro del rey caído,
es su reino abandonado en malas hierbas,
es el colmo de la inseguridad,
es la voluntad quebrantada,
es el fuego que todo quemó.

¡Delirio!

En tus senos encuentro placer,
placer momentáneo y absoluto,
placer efímero y pasajero,
placer que lleva al dolor.

Si yo fuera rey de algún reino,
lo llenaría de risueñas flores,
de tempestades de agua calmada,
de vino eterno y ningún perdón,
para ninguna culpa.

Mas no soy rey ni de mi cuerpo,
no me pertenece mi mente apagada,
atrapada en circular monotonía,
en triste lamento sin principio,
en vergonzoso ningún fin.

¡Miedo, miedo!

Devuélveme el miedo,
devuélveme la luz estival,
devuélveme algo,
aunque nada sea.

¡Miedo, miedo, miedo!

¡No existes!
¡No eres en mí, ni fuera!
¡No te extiendas en mi imaginación!

Déjame imaginar la belleza,
sin nunca tocarla, como no te toco, miedo,
como nada toco sin manos que tocar,
como no soy mientras perviertes mis ojos.

¡Porque soy único!

La existencia estaba vacía sin mí,
estará vacía cuando me vaya,
aunque de todo rebose,
y los árboles sean árboles,
y el cielo, cielo sea,
nunca estuve antes,
ni volveré a estar.

¡Ámame existencia, déjame amarme!

Arráncame las malas hierbas,
las raíces del miedo que no existen,
entrégame a tu misericordiosa agua,
y como no te pedí vivir,
sí te pido que me vivas.

¡Amor, amor, amor!

Sólo existe el amor eterno,
la creación interminable,
despójame de mis capas de lodo,
que al loto cubren con sombra,
con sombra que nunca existió,
y me consume lento.

¿Quién va ahí?

Soy el espectro al que no he de temer,
soy la bondad del mundo y su egoísmo,
soy el mundo,
soy humano,
soy animal,
soy divino,
soy todo, menos miedo.

Velero Tú

Tu recuerdo como insmonio,
la noche en mar interminable,
el día como inalcanzable fin,
tu piel morena y divino abrazo.

Mi locura ingobernable,
nuestro temor al tiempo,
la cama en solitario lugar,
mi tremenda falta de fe.

Un beso que se ahorca,
tú tumbada sobre el cesped,
yo desequilibrado y tranquilo,
la pasión como lenguaje.

Tu olor, tu ensoñado olor,
la luna en forma de barco,
el cielo como cien mares,
amor como rutina esmeralda.

Yo caigo y caigo vacío,
tú sientes y sientes viva,
la ciudad nos entrega,
escapando la eternidad.

Mi insomnio como recuerdo,
tu sonrisa en delicado triunfo,
el adios como tangible fianza,
la noche como bien común.

Un calor vaporoso y real,
la caricia que faltó al mundo,
mi lágrima en sentido pecho,
tu ilusión como salvavidas.

Mi insomnio, tu recuerdo,
la locura y mi cama y el cielo,
el mar en eterna pasión,
la luna como único testigo.

13 de agosto de 2013

Manual de cómo bañarse con dos mujeres desnudas y dormir solo:

En primer lugar hay que ser gilipollas.

Después de eso, hay que encontrarse
con dos mujeres intelectuales, libertinas y preciosas.

Luego se llena la bañera,
se quita de encima la ropa,
y se permite el contacto físico.

Una vez humedecida la piel,
se procede al contacto humano,
sin demasiado atrevimiento.

Posteriormente, uno alucina.

Una vez consciente de que estás en la bañera
con dos mujeres inteligentes, libertinas y preciosas,
por un instante, se agradece haber nacido.

Luego se juega con el agua,
se masajean las carnes divinas,
y se arrugan las yemas de los dedos.

Es muy importante,
para acabar solo en la cama,
ser un auténtico imbécil,
ser un hombre que teme lo precoz,
que se vence al rechazo,
y que persigue la belleza,
sin ser consciente
de que la tiene frente a sí,
en sus delicadas y miedosas manos.

Tan pronto como acaba el baño,
las virtudes se secan el cabello fino,
hay que disfrutar del agua que se compartió.

Luego uno se seca,
se ata la toalla a la cintura,
y se lamenta de su falta de todo.

Al llegar a casa, antes de dormir solo,
es importante recordarse lo cretino que uno es.

Luego se llora, se escucha de nuevo pink floyd,
se enciende un cigarro,
y como no queda nada mejor que hacer,
escribe su tristeza en palabras vacías.

Lo habéis adivinado, hablo de mí,
hablo del solitario hombre que no se acepta,
hablo de la injusticia del mundo,
con mis manos como testigos culpables.

Finalmente, para ser un verdadero absurdo,
uno se lava los ojos,
se mira al espejo,
y se recuerda que tanta sensibilidad,
tanta incomprensión forzada y penumbrosa,
sólo conduce a una cama vacía,
a una vida vacía,
a unos sueños que pasaron de largo,
al abandono absoluto.

Y después de eso,
al dormir como cada noche,
sin ningún atisbo de esperanza,
sin ninguna intención de cambiar,
sólo la consciencia de que se es un cobarde
y que la vida,
es demasiado grande y hermosa,
para una mente tan triste.

12 de agosto de 2013

Mosquito

Ahora que soy menos bonito que nunca,
ahora que me dejo caer sin esperar nada,
ahora que mi delirio se enclaustra,
mis parpados levitan,
mi orgullo zozobra,
ahora que el cero me queda grande,
me seda la ilusión.

Mi soberbia sigue intacta,
pero le cambié el nombre por esperanza.

Ahora que caigo lento y punzante,
me deshoyo la sonrisa contra el aire,
el aire que me quema al respirar,
el aire que me hierve las horas,
porque el tiempo no pasa,
el tiempo muere.

Ahora que estoy muerto y puedo hablar,
ahora que me igualo a la nada y resucito,
ahora que la belleza quedó tan lejana,
su recuerdo me devuelve la sed.

Ahora que soy un mosquito,
mientras me muerdo y sangro,
mientras me callo y grito,
ahora decido volar lejos de aquí.

Mi locura no deja de crecer,
pero me siento más cuerdo que nunca.

Ahora despierto y señalo al mundo,
ahora lo amo, ahora me compadezco,
tras haberme matado el hambre que nunca tuve,
tras haberme zambullido en una fuente sin agua,
ahora encuentro en las curvas de tu piel,
una nueva razón para respirar profundo.

Ahora mis palabras no valen nada,
ahora yo no valgo nada,
ahora mi vida por fin tiene sentido.

Mi muerte tardó demasiado,
y tus ojos grandes me salvaron.

Ahora sólo me queda vivir.

10 de agosto de 2013

Canción desesperada

No soy de nadie y nadie es mío,
no quiero tener a nadie,
pero sí quiero que me tengan.

Me pesa la vida como alquitrán,
necesito ayuda, ¡Ayuda por favor!

No soy de nadie y a nadie quiero,
pero necesito ayuda para caminar,
necesito ayuda para amar,
necesito ayuda para llorar,
necesito ayuda para dejar de ser un estúpido.

Y no me soporto ni soporto al mundo
desde mis ojos.

Me resisto a crecer, a la responsabilidad,
esa palabra tan fea y tan difícil.

Dicen que a quién sabe usarla,
se le recompensa con maduros frutos.

Pero no me gusta la fruta, me gusta el ron.

Toda esta posesión me aniquila,
porque nada poseo, nada soy,
no quiero poseer ni ser,
no quiero conciencia ni libertad.

Lo perdí todo en sucesivos veranos,
y en sucesivos veranos me lo recuerdo.

Que alguien venga a ayudarme,
¡Ayuda por favor!

No soporto este peso del cosmos,
directo y seco contra mi cuerpo,
contra mi cabeza perdida,
contra mis manos sin ilusión,
y mis agotadas piernas.

Nada quiero, a nadie quiero,
¡Sólo pido amor! ¡Sólo entrego amor!

Que alguien venga a recogerlo,
o acabará por volverse indiferencia,
y moriré por dentro.

Globos

Soy un desequilibrado emocional,
pero la mayoría del tiempo me muestro entero,
no sé cómo lo hago,
ni por qué.

Debería derrumbarme cada vez que siento,
pero procuro sonreir y pensar en las nubes,
sí, las nubes me alivian,
son tan delicadas y suaves.

Ojalá me hubieran colgado por hereje,
por mentiroso, traicionero y sensible.

Qué mentira, de tanta emoción me volví un cobarde.

Ojalá llueva, me gusta el olor de la lluvia en verano,
es como la inocencia, cuando todo brota de la tierra,
sin más fin que el de subir,
porque todo sube, como el aire caliente,
sube y sube, como un globo,
que explota y llena a los comensales de entrañas.

Creo que deliro, buen síntoma,
porque si deliro existo,
significa que he bebido,
por lo tanto debo estar bien.

Me gusta beber, porque así me olivido,
y olvido mi cuerpo y mis acciones,
olvido mi pensamiento y mis deseos,
me olvido de mí mismo para por fin ser.

Pero nunca fuí, nunca podré ser,
no mientras siga quejándome en tono irónico,
de lo puta que es la vida,
mientras mi plato está lleno y mi tejado cubierto,
soy un desgraciado, sí,
pero con mucha suerte y demasiado ron.

Ojalá las arañas no me coman esta noche.

8 de agosto de 2013

Confesión al Sol

He pecado como sólo peca un hombre,
he hecho llorar a una mujer a la que amaba,
repetidas veces.

Es por ello que no encuentro en mí la nobleza,
en mis manos albergo culpa,
en mi descanso no hallo perdón.

He llorado más de lo que se le permite a un hombre,
he hecho de mi cuerpo un recipiente sin uso,
demasiado triste.

Recuerdo que alguna vez aprecié la luz del sol,
cuando castigaba a aquellas mujeres con desprecio,
el mismo que me tenía a mí mismo,
en contenido silencio.

No soy digno de un abrazo o cualquier comprensión,
condenado a vivir en penumbra alejado de todo,
con la única compañía de mi pena,
extendida hasta sangrar.

He recibido la belleza en mis manos,
repetidas veces,
he ignorado la fuente de amor que de ellas brotaban,
sin suficiente lamento.

Es por ello que hoy me condeno al ostracismo,
alejado de la luz estival que engrandece las flores,
porque yo merezco oscuridad y abandono,
el mismo que entregué inconsciente,
al no ver lo que la vida me entregó compasiva.

Ahora bebo y lloro sabiendo que lo merezco,
no busco un porqué alejado de mis costillas,
no necesito explicación o tormento,
más allá del que yo mismo me impongo.

Soy un condenado a vagar sediento,
asumo en mí las culpas del mundo,
como reflejo de las propias,
sirviendo penitencia a mi abatida alma.

He tenido la belleza en mis manos,
no he sabido regarla,
no he sabido cuidarla,
repetidas veces,
mientras la vida pasaba.

Es por ello que ya no vivo ni muero,
atrapado en este cuerpo dócil,
que olvidó la luz del alba.

7 de agosto de 2013

Luna en leo, Leo en luna

No veo la luna por ninguna parte,
como no te veo a ti,
pero sé con certeza,
que tu piel, como la luna,
está brillando sobre algún mar.

Mientras vuelves, si lo haces,
yo te espero, o desespero,
entre largas pausas de sol,
con el sol recordándome tu luna,
bajo una noche ingobernable.

Tu retrato se disuelve sin lluvia,
adopta la sonrisa esquizofrénica,
libre y condenada a bajar la marea,
cuando tú la nadas desnuda,
como me nadas la sangre.

Ya no veo nube alguna,
o rastro de hierba en crecimiento,
mientras se enjuta mi corazón,
esperando a que lo esperes,
sin demasiada pausa.

El verano me recorre lento,
tu humo no escapa de mi piel,
por mucho que intente echarlo,
prevalece entre mis poros,
como la sonrisa en tu recuerdo.

Es por ello que no me derrumbo,
y mantengo alto mi rumbo perdido,
procurando acertar algún bloque de hielo,
sin romper mi vencida esperanza,
entre los surcos de la mar de poniente.

Porque mañana saldrá el sol un diá más,
como saldrá tu cabello oscuro y tu piel oscura,
de esta cabeza y este cuerpo anónimos,
que no me pertenecen,
mientras tú mi luna, permanezcas escondida.

29 de julio de 2013

Mortuorio

No habrá estatua que conmemore mi muerte,
ni adiós que me brinden cien bellas muchachas;
nunca seré príncipe de ningún reíno habitado,
ni llenarán de flores y coronas a este loco olvidado.

No habitaré en la memoria de dos generaciones,
entre mi herencia sólo encontrarán códigos sin barra;
nunca me rendirán más culto que el de las larvas,
ni sangrarán canciones las amapolas desde mi espalda.

En el río Manzanares nunca llegué a bañarme,
ni en río alguno se perdieron mis ganas;
la cima de la Maliciosa con los primeros pares,
demasiado jóven para volver a escalarla.

No busquen en mi recuerdo marcas de sol,
en mis lunares nunca escondí misericordia;
sólo los altos alquimistas pidieron perdón,
después largos inviernos sin ser memoria.

No lancen mi cuerpo a una fosa sin nombre,
mas en secreto, entréguenme al vasto mar;
allá donde encuentre reposo el horizonte,
en silencio, descúbranme verdadera soledad.

En las vistillas de un largo paisaje de ciudad,
recordaré lo que descendió hasta mi hígado;
no hay encuentro alguno entre el bien y el mal,
si a la tierra entrego lo que no fue consumido.

No pierdan las ganas ni la fuerza en buscarme,
antes de avisar, sin ruído me habré marchado;
no volveré a este vacío y bochornoso lugar,
mientras quede aliento para haberme matado.

28 de julio de 2013

Pesticidio

No hay droga ya que valga,
ojalá.

Las paredes del mundo se encogen,
entre pequeños duendes sin futuro;
las farolas de la ciudad sin luz,
se acoplan a un escuálido grito;
ya no hay dibujos de paisajes,
ni paisajes.

El cuchillo que bordea mi abdómen,
decide adentrarse; mis vísceras,
cual cerdo, desprenden olor a muerte.

Los grados de más y de menos volaron,
las palomas ya no recuerdan tierras de Lorca,
su esqueleto yace en una fosa,
mi humanidad descansa a su lado.

La cuchilla está afilada, sangre, sangre;
litros de sangre sin cuerpo ni destino,
mis pies cuelgan de algún balcón sin dueño,
bocabajo entiendo lo que hay sobre mi sién.

Y en el abrazo que no tengo,
revolotean las golondrinas apareándose,
mutilándose las alas de tanto volar.

Pronto caen, olvidan el suelo,
y las farolas apagadas de Madrid,
recuerdan al poeta,
que nunca llegó a escribir.

No hay ojalá que valga,
droga ya.

23 de julio de 2013

Palabras sin lengua

Si de palabras pudiesen hablar mis ojos,
no te mirarían como si de un mudo fueran.

Si el lenguaje no hablara de dinero,
hablaría de la luna llena como madre de todos.

Si el tiempo no se midiese en segundos,
lo mediría en cada una de tus sonrisas.

Si el dolor no fuera algo que esconder,
pintaría sin él los lienzos más hermosos.

Si a tu tacto no le tuviera el respeto del oro,
no habría moneda más cara que tu piel.

Si a la luz de la noche le faltaran tus palabras,
mi consuelo estaría vacío en eterna sombra.

Si tu camino no se cruza de una vez con el mío,
me temo, esperaré sentado a que vuelvas.

Si no vuelves,
iré a buscarte.

Cicatrizado y abierto

Hoy he salido a pasear y la noche estaba alegre,
antes, adormilado en mi escritorio, sólo llanto,
ahora, tras la luna llena, las nubes rosas,
el tacto del cesped, nuestro cesped y de nadie,
los pequeños conejos saltando como en cuentos,
las maravillas de alicia dibujadas en acuarela,
tu cambio como sol y tu miedo a cambiar,
siento tanto dolor en mi nuca al no mostrarte,
al no enseñarte lo que hay más allá de lo conocido,
entre las montañas de colores y caminos de tierra,
pero es mi miedo el que controla mis actos,
contigo incluso, me dejo llevar, me arrastro,
sonrío estúpidamente por cada gesto o palabra,
porque mi mente y mi cuerpo y mi todo,
se descomponen al descubrir tu sonrisa,
al sembrar tu sonrisa en mi rostro sin mueca,
me haces reír y morir por dentro, al tener miedo,
miedo a ser rechazado, miedo al no guiarte,
al no caminar de la mano contigo entre la niebla,
porque solo no sé andar, porque solo no soy.

Y me atrevo a decir que soy un cobarde,
tantas veces me mataron la ilusión,
tantas veces la maté yo al matarla fuera,
tantas veces he perdido el sentido a la vida,
por quedarme abandonado en medio del camino,
que he olvidado el bailar de mis piernas,
he olvidado el camino sin rumbo,
y tú me lo has devuelto, en tu sonrisa,
en tu manera de reír, en tu miedo a caminar sola,
y mi miedo a caminar solo,
ha nacido una rama de hierba en mi vientre,
que me invita a cogerte de la mano,
y caminar muy pegados, como uno solo,
pero sin miedo.

21 de julio de 2013

Valiente cobarde

No tengo fe en la pareja
tampoco en el polvo de una noche
¿A qué le tengo fe entonces?

No me relaciono con la gente
porque no me importa lo que piensan
y prefiero no ser hipócrita
a sonreír como un imbécil.

No creo en el sexo sin amor
tampoco en el amor sin esfuerzo
me cuesta tanto enamorarme
como fácil ser olvidado.

No salgo a la calle a pasear
porque vivo encerrado en un parque
con demasiados árboles y señoras tristes
que nunca muestran su tristeza.

No confío en ningún instante
más allá de ahora mismo
y al amor ya no le espero
mientras se consume mi vida.

No muestro mi extrema sensibilidad
por miedo a que me la arrebaten
o no sepan cuidarla
y la abandonen conmigo.

No tengo fe en la belleza
sin embargo
¿Hay sentido en no buscarla?

20 de julio de 2013

Mundo

Mundo que no te comprendo
y te amo
como sólo puedo amarte
a través de mis ojos, manos y acciones
mundo que te lloro y pienso
tan poco y tan demasiado
cada vez que veo la inmediatez del hombre
cada vez que observo a una mujer resignada
me pregunto dónde estará la luna
quizás asustada
quizás sólo esperando el momento justo
para calmar esta humanidad hambrienta
cegada entre el abrazo del miedo.

Mundo que te imploro
que reconozco tus mares como dioses
que reconozco tus dioses como seres
en la habitación contigua
paseando en la calle un domingo de julio
vendiendo pan poco después del alba
empujando el carrito de un bebé que es de nadie
al que se le enseña a hablar antes que a escuchar
porque se le da por sabido
y se le olvida
y se pierde en el abrazo del miedo.

Mundo que callas y gritas en sueño
te oígo
te siento
tu llanto es el de mis costillas
y ahí lo atrapo y conozco
y ahí lo sufro y bendigo
mundo que te mueres
que no sabes cómo pedir auxilio
te tiendo mi mano
al tendermela a mí
para seguir andando.

Mundo que te caes y permaneces
que avanzas dos pasos atrás y uno adelante
que te agarras con rabia al frío del invierno
y al calor del verano prevaleces
y al candor de una caricia sucumbes
en un mar de silencio te dejas llevar
y te olvidas del miedo
más allá de su abrazo.

Mundo que ríes y vives junto al arroyo
entre los acantilados de nunca volver
sin la opción de repetir cada momento
mundo de princesas y soldados
cambiad los vestidos
conoced lo extraño
disfrutad del paisaje
mundo acelerado y opaco
eres mi abrazo.

Sur

Al llegar a casa, un día más,
escucho cat stevens en cueros,
fumo hachís, fiel compañero,
y nada tengo, nada me falta.

El hambre lo perdí con el miedo,
la mujer de acento andaluz,
madrileña de nacimiento,
me endulzó la noche en bulerías,
bailando al son de un vagabundo,
y su guitarra,
y su perro empapado en cerveza,
llorando a la luna en comedia,
pues el drama murió en ayunos.

Y nada me falta, porque nada tengo,
y por fin mi tristeza es nada,
y a la nada, no puedo pedirle más,
y a mi soledad, la acompaño de instante,
y más allá de ahora, nada soy, nada fui,
prefiero atraparme en una acera de madrid,
con la música y una rubia fumada,
llenando de humo mis vagos recuerdos,
y la cerveza hasta morir,
y la noche de nadie,
ni de mis sueños.

Porque nada sueño, si nada deseo,
porque mi súplica la suple el ahora,
y en el antes, perdí mi abismo,
y en el mañana, nada soy sin ya.

De la paciencia aprendí
la virtud de esperar,
y de esperar, absorví el tiempo.

Entre las sábanas de una baja pasión,
sin ningún edredón, ni calor, ni frío,
vi pasar mi cuerpo atado a un yugo,
nada lo detuvo, hasta caer en perdón.

Bajo la vela de ningún vago reflejo,
la noche no fue de nadie,
mi tristeza, permaneció en silencio.

4 de julio de 2013

Exlitio

Te amo, porque al amarte, amo al mundo,
ya no me retuerzo en un pozo sin fondo,
alimentando mi trágica existencia,
porque no encuentro lo trágico,
si en este mundo hay gente como tú,
que prefiere la salud del mundo a la propia,
porque nada me duele si alguien sufre,
porque mi sufrir es diminuto con el llanto
que puebla al mundo, sin descanso, sin compasión,
porque te amo y hasta que no te he amado,
no he amado antes, no, antes sólo me amaba a mí,
ahora sé que te amo porque sé que todo lo amo,
porque siempre estuviste para recordármelo,
y juntar nuestros cuerpos no tiene sentido,
sin antes haber juntado nuestras almas hasta sangrar,
porque te amo, y al amarte, ya no estoy solo.

Pero maldigo al mundo por no amarte,
lo maldigo en cada instante de perdón,
me duele, me duele amarte,
porque me duele el mundo,
cuando te asfixia en invención destructiva,
y tú creas, y creas, y creas,
hasta vaciarte, para dar luz y sentido,
a los que te escurecen con conocimiento.

Y por fin te amo, porque por fin me acepto,
por fin me perdono y no me castigo,
porque mi castigo es el del mundo,
y mi felicidad es la de todos,
y no tengo derecho a sufrir,
si tú sufres, porque el mundo llora,
abandonado y triste en manos del ávaro,
y tu lloras y sufres porque todo es odio,
y tú eres amor, tanto, que te confunden.

Te amo, porque amo al mundo,
te amo porque el mundo te ama y tú no lo ves,
y cortaría mis venas entre el cielo y yo,
para que sólo así, tú pudieras amarte,
como lo amas todo, como yo te amo.

1 de julio de 2013

Azul Amarillo

Si la naturaleza lo marca,
si la vida nace del fuego,
sentir, como cada exceso,
atrapa al cuerpo y la mente,
inamovible, congelado,
un pensamiento dentro,
un acto que no se realiza,
una emoción que se escapa,
a los designios del hombre.

Pues hombre reproduce,
reproduce, reproduce, luego piensa,
reproduce de nuevo, mata la idea,
reproduce, reproduce, reproduce,
y quizás antes de dormir,
por un instante, siente.

Y yo, que pienso, pienso, pienso,
luego siento, me masturbo, no pienso,
luego pienso y siento, siento, siento,
siempre equivocado, siempre aislado,
como un ogro en una cueva sin luz,
llena de amor hacia todo menos a mí.

Llega el día en el que reproduzco,
luego pienso y siento, reproduzco de nuevo,
siento, reproduzco, siento, reproduzco, reproduzco,
hasta que pensar se convierte en lastre en desuso,
comienzo a reproducir como cualquier otro hombre,
sin importarme lo que sentirá la mujer que lo observa,
tras una esquina, callada y triste, pues ella piensa y siente,
y siente, y siente y siente, como lo hacía yo,
ambos aislados y errantes, solitarios y muertos.

Y no me siento más hombre al reproducir que al llorar,
porque este mundo gobernado por orangutanes con falo,
desechan a la mujer que siente y le prohíben pensar,
si todos los hombres se dedicasen a pensar y a sentir,
y las mujeres a reproducir, reproducir, reproducir,
los pequeños simios no tendrían más hijos estúpidos,
para continuar su estúpida estirpe de egoísmo inútil,
y el hombre, no se llamaría más hombre,
para llamarse humano.

En esta guerra que lucho contra mí mismo,
he ganado una batalla, pensar está en desuso,
pero reproducir sin sentir, debería ser castigo,
porque entre el miembro de un hombre,
y la vagina de una mujer, está presente el mundo,
y en este mundo de hombres, ya no confío.

29 de junio de 2013

Maldito Diablo

Hacía tiempo que no venías tan fuerte,
soledad interminable, hija de la locura,
me llegaste a mostrar cuatro bellas razones,
con corazones serviles y precisas caricias,
tu embrujo me ocultó el mundo y del mundo,
en tu abrazo el sosiego encontró reposo,
¡Pero qué poco duraste hermosa mía!

Luego trajiste del cielo dos grandes apoyos,
hermanos de sangre, vividores del tiempo,
y nos bebimos las reservas globales de elixir,
el momento se convirió en el único presente,
las mujeres como maravilloso puente,
sin retenciones ni momentos de lucidez,
sólo reposo y comida y exceso, libertinaje,
curioso tren hacia ninguna parte, sin destino,
ni rumbo fijo o variable, hasta que llegó la noche.

Porque la noche era sólo una parte,
no existía el horario para beber hasta caer,
hasta que un manto infinito y profundo,
me enterró en la locura, reflejé mis miedos,
encontré lo sublime y oculto, lo genial compartido,
en dos grandes apoyos caídos del cosmos,
me llevaron hasta la tiniebla más escondida,
pues sólo tras haberla bebido tan cerca,
encontraría las puertas del paraíso.

Y allí me encuentro, perdido en el jardín del edén,
perdido y solo, rodeado de gente bella y viva,
que pasea por las calles como si no fueran capaces
de sentir el hambre del niño sin hogar,
y lo ven y lo sienten, y no se detienen,
ese niño soy yo, esa gente que camina
soy yo, yo soy su asfalto y su no hogar,
¿Por qué me siento tan solo entre tanta belleza?

La pregunta sin respuesta, el amor sin vida,
porque lo amo todo, porque nada me queda sin sentir,
entre mis costillas y mi vientre, en algún lugar de la niñez,
cuando elegí quedarme solo a sentir todo el dolor,
y ahora no sé cómo compartir la hermosura del mundo,
no sé salir a caminar, ni dar refugio al niño sin casa,
no sé mover mis cansadas piernas de esta silla rota,
no sé reír y estar en compañía si no me llevan,
si no vienen los ángeles a rescatarme del abismo,
esos ángeles que son personas como tú y como yo,
que viven en la casa de enfrente o en tu mismo salón,
y salen a la calle a pasear y se enamoran de ti,
o te acompañan en los placeres o en la tristeza,
o se quedan sin hogar y te ofrecen consuelo.

No sé acercarme a los ángeles, y ante su auxilio huyo,
me siento enormemente solo en un mundo hiperpoblado,
con maravillosos mares y gentiles ángeles de la guarda,
yo me siento solo, y solo, sólo se debe sentir el diablo.

21 de junio de 2013

Conversaciones

Reciente sintonía de cuerda,
esparcida en un salón francés,
fumaderos de hachís adulteros,
con golondrinas al óleo,
sandías en malasaña, o no,
noches sin dormir y sin aire,
gargantas que perdieron el cuello,
cigarrillos a las afueras de la pista de baile,
canciones que orgían las piernas enrevesadas,
descanso afligido entre domingos y junio,
las gotas verdes del engaño secaron,
la curva entre solo y solo, unida sin más,
como la muerte que nunca existió.

Salpicaduras de nubes abatidas,
pequeños charcos de calor sin perdón,
labios abiertos y enclaustrados,
sonrisas, ojos de mil colores,
conversaciones de dos de mayo,
conversaciones de salón francés,
conversaciones en silencio.

La mujer que vino a abrazarme,
nunca vino, nunca avisó de su ausencia,
da igual, nunca la habría visto con tanta niebla,
con tanto hachís en las paredes y vapor de una noche,
con tantas latas de cerveza rescatadas del olvido,
con tantas copas de vino y de ron y de todo,
vacías antes de llegar a mi vientre,
nunca, ni con los ojos abiertos,
habría visto frente a mí, la belleza,
en un abrazo, un beso, y silencio.

17 de junio de 2013

True romance

Llevaba un tiempo encerrando algo en mí,
no sabría decir qué, pero tú me lo recuerdas,
hay inviernos que duran dos veranos,
hay ojos que al aire de junio permanecen,
clavados en algún punto sobre el abdómen,
como una risa escapando de un muro,
inocente y desesperada entre breves ginebras,
en alguna terraza o algún bar de Madrid,
como un camino entre las calles, un diálogo,
discutiendo en silencio lo mucho que me gustas,
como un sueño, o un palacio inventado,
dibujando en las calles y veranos de Madrid,
lo que hacía tiempo olvidé observar.

Y contando uno a uno tus lunares,
por fin me salió infinito.

Y soñando con tu piel bajo mis dedos,
la noche cobró sentido.

Hacía tiempo que no me detenía en tu voz,
cuando la deslizas entre el viento con sutileza,
o cuando pestañeas, y lo detienes todo,
porque estrangulas al mundo en delirio,
sí, cuando pestañeas amor y yo muero.

Y en las letras de un corazón triste,
tú dibujas flores con tu sonrisa.

Y en los pantalones de un pobre lirio,
nace el alma de una canción feliz.

Ya se fue el invierno y con él tu olvido,
o lo que intentó ser olvido entre nada,
ahora he rescatado tu recuerdo de mi abismo,
confundido entre las bragas de otra mujer,
castigado por no llevar tu aroma.

Y he soñado que besaba a la más bella de Madrid,
dibujando infinitos lazos entre infinitos lunares.

Y soñando con tu piel bajo mis dedos,
la noche cobró sentido.

4 de junio de 2013

El Colgado

En este mundo no hay vuelta atrás,
somos prisioneros de la conciencia,
de los siglos de castigo y silencio,
de la evolución humana, a pesar
de la terquedad de los ahorcados,
no en las plazas públicas, sino en sus camas,
cuando el peso de las estrellas,
oculta tras sus sueños delirios de culpa,
porque ahorcados lo somos todos,
irresponsables con el mundo y la belleza,
al no liberar los besos de los paisajes desiertos,
por no descubrir nuestro cuerpo al contacto,
por temer más la caricia que la violencia,
porque todos somos Leopoldo María Panero,
colgados y encerrados, colmados de locura,
prisioneros de nuestra propia conciencia.

Pero al no haber marcha atrás, habrá marcha adelante,
entonces sublimaré mi cuerpo a los deseos que encuentre,
seré responsable con mis playas y bosques, y flores y perros,
entregaré el rubor de mi despertar a quién pregunte por él,
los barrotes del mundo, sus discursos de simios desorientados,
no me producen miedo ni desesperanza, la fatiga cae en compasión,
todas las palabras negativas, y los vídeos de muerte y opresión,
no son más que la base para sembrar el mundo de flores,
como intentaron los malnombrados hippies, como intentó Pessoa,
como intentó Whitman, como llevó al extremo el Marqués de Sade,
como deberá hacer en algún momento la humanidad, incesante,
entregada al ritmo de la evolucíon, de la re-evolución del amor,
y nos quitaremos la soga del cuello, tras colgar a Leopoldo María
Panero, para gritar libertad a los corazones desterrados,
que hoy por fin pueden volver a brillar.

1 de junio de 2013

"MUJER DESNUDA" - Tres Diálogos

Acto único

Diálogo Primero

El escenario está vacío. En el centro se ilumina la figura de una MUJER DESNUDA tumbada sobre el suelo. Por la izquierda entra una MUJER VESTIDA sosteniendo una manta. Mira hacia atrás intranquila, luego se apresura a cubrir con la manta a la otra mujer.

MUJER DESNUDA:
 

¿Quién eres? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué me tapas? ¿Has venido a hacerme daño?

MUJER VESTIDA:
No temas. No voy a hacerte daño. Estás desnuda y por eso te he tapado. Estás desnuda, tumbada sobre el suelo, tienes pecas en la cara y el cabello entre amarillo y naranja, como un amanecer. Me miras extrañada, aturdida por ignorar el lugar en el que te encuentras. Pero no temas. Yo cuidaré de ti.

La MUJER DESNUDA se cubre con la manta y se incorpora.

MUJER DESNUDA:
No entiendo nada. ¿Por qué estaba desnuda? ¿Por qué tú no lo estás? ¿Por eso me tapas?

MUJER VESTIDA:
No tengas miedo. Lo normal es llevar ropa encima. No puedes salir así, con ese aspecto.

MUJER DESNUDA:
¿Lo normal...? ¿Salir a dónde?

MUJER VESTIDA:
Pues salir de aquí. ¿No pretenderás pasarte la vida en este sitio, tapada con una manta y tirada en el suelo?

MUJER DESNUDA:
Pero... ¿Qué hay fuera? ¿Allí la gente va vestida como tú? ¿Llevan mantas encima y no se pasan el día tumbados?

MUJER VESTIDA:
(Ríe groseramente)
¡Pero qué dices! Eso no sería posible. La gente fuera siempre lleva ropa encima. ¡A nadie se le ocurre ir por ahí desnudo! (Ríe de nuevo) No se pasan el día tumbados sin tener nada que hacer. La gente tiene que hacer cosas.

MUJER DESNUDA:
Y no pueden ir desnudos.

MUJER VESTIDA:
¡Exacto! Vas entendiendo como funciona.

La MUJER VESTIDA examina a la MUJER DESNUDA. La coge de la mano y la hace dar vueltas mientras la observa de arriba a abajo.

MUJER DESNUDA:
¿Qué ocurre? ¿Estoy bien?

MUJER VESTIDA:
Perfecta. Estás perfecta. ¿Cómo van tus lecciones de francés?

MUJER DESNUDA:
¿Francés? No sé nada de francés. No entiendo qué es todo esto, ni quién es usted. Le agradezco mucho que me haya dado una manta, pero no sé si quiero salir de aquí. Yo estoy bien, tumbada sobre el suelo. No me falta nada.

MUJER VESTIDA:
¿Ah no te falta nada? Entonces puedes devolverme la manta.

MUJER DESNUDA:
Es suave, y usted me ha dicho que no puedo estar desnuda. ¿De verdad quiere que se la devuelva?

MUJER VESTIDA:
No hace falta. (La observa encandilada por unos instantes) Bueno, como te he dicho antes, no tienes por qué tener miedo. (La arropa con la manta) Y efectivamente, no puedes andar por ahí desnuda.

La MUJER VESTIDA coge por el brazo a la mujer DESNUDA y caminan juntas hacia el frente del escenario.

MUJER VESTIDA:
No temas. Fuera no hay nada por lo que debas sentirte con miedo. No puedes ir desnuda, porque escandalizarías a la gente digna y los ancianos, y los no tan ancianos, te mirarían con deseo; y de esa forma estarían cometiendo una enorme falta sobre sus esposas, o novias, y provocarías que otras muchachas jóvenes y hermosas como tú, salieran también a la calle desnudas. Y entonces todo el mundo sentiría un enorme deseo, y se desatarían profundos y peligrosos instintos, y se acabaría la inocencia y la pulcritud.

MUJER DESNUDA:
¿Qué es la pulcritud?

MUJER VESTIDA:
Es lo que hace que fuera sea un lugar mejor, un sitio seguro y digno, donde llevar una vida ordenada y tranquila.

MUJER DESNUDA:
¿Y por qué tengo que aprender francés?

MUJER VESTIDA:
Es importante hablar francés. Cuando salgas fuera, tendrás que desempeñar el papel que se te ha otorgado como mujer. Tu lugar en la sociedad depende de ello.

MUJER DESNUDA:
¿Y la sociedad? ¿Qué es?

MUJER VESTIDA:
Es la forma en la todo que se ordena fuera. Para que todos tengamos un papel establecido. Y cumplamos con él.

MUJER DESNUDA:
¿Entonces fuera la gente tiene mantas y sitios sobre los que tumbarse tranquilamente a no hacer nada?

MUJER VESTIDA:
Así es. Eso es lo más básico de nuestra sociedad. A todo individuo que vive fuera, se le otorga en primer lugar una manta y se le asigna un lugar en el que tumbarse.

MUJER DESNUDA:
¿Entonces has venido a rescatarme? Me has dado una manta y ahora me darás un sitio en el que dormir mejor. ¿Verdad?

MUJER VESTIDA:
Así es, bonita. Ahora vayamos a ponerte algo de ropa.

La MUJER VESTIDA y LA MUJER DESNUDA salen por la derecha del escenario.



Diálogo Segundo

La MUJER VESTIDA entra empujando un ropero con ruedas, repleto de vestidos y prendas femeninas. La MUJER DESNUDA entra tras ella, cargando aparatosamente una enorme caja atada con un lazo, mientras procura que no se le caiga la manta. Ambas se detienen en el centro del escenario. La primera se apoya en el ropero y la segunda se sienta sobre la caja. Fuman un cigarro. La MUJER DESNUDA tose.

MUJER DESNUDA:
¿Qué es esto? (Tose de nuevo) No me gusta mucho.

MUJER VESTIDA:
Fuma. Cuando salgas fuera tienes que fumar como una señorita.

MUJER DESNUDA:
¿Pero qué sentido tiene?

MUJER VESTIDA:
Es bueno para el francés. Así será más sencillo que cumplas tu papel. (Apaga el cigarro y se incorpora) Corre, fuma. (La MUJER DESNUDA da otra calada al cigarro. La MUJER VESTIDA se lo apaga contra el suelo y la ayuda a levantarse) Vamos querida, ahora tenemos que elegir tu vestimenta.

Ambas se levantan y comienzan a ver distintos vestidos del ropero.

MUJER DESNUDA:
¿Qué clase de vestido me irá mejor?

MUJER VESTIDA:
Uno en el que enseñes. Eres joven y hermosa, tienes que vestir algo propio de tu nivel.

La MUJER VESTIDA saca un vestido corto y de una pieza, que entrega a la MUJER DESNUDA.

MUJER DESNUDA:
¿Qué hago con él?

MUJER VESTIDA:
Ve ahí detrás y pruébatelo.

La MUJER DESNUDA se esconde tras el otro lado del ropero y se pone el vestido. Luego sale tímidamente con la manta por encima.


MUJER DESNUDA:
Ya está.

MUJER VESTIDA:
¿Pero qué haces con la manta encima?

MUJER DESNUDA:
No lo sé. Me siento más desnuda que cuando no llevaba nada. Es como si me estuvieran señalando. Como si el vestido transformase las curvas de mi piel en ojos perturbados. ¿Así cumpliré mi papel fuera?

MUJER VESTIDA:
¡Por supuesto! ¡Déjame ver! (La MUJER VESTIDA tira de la manta y deja a la MUJER DESNUDA al descubierto vistiendo el ceñido vestido) ¡Estás divina! ¡Pareces una mujer afrancesada y digna!

MUJER DESNUDA:
(Mirándose con desaprobación)
¿Estás segura? No lo sé... Yo no...

MUJER VESTIDA:
¿Qué te dije? No tienes nada que temer. Cuando salgas fuera, con ese aspecto serás la mujer más respetada de tu nivel.

MUJER DESNUDA:
¿Y qué nivel es ese?

MUJER VESTIDA:
¡Perfecto! Ahora te pondremos unos zapatos acordes.

La MUJER VESTIDA se dirige a la enorme caja. Deshace el lazo y al abrirla comienza a sacar montones de zapatos de tacón.

MUJER DESNUDA:
¿Y eso qué es? ¿Para qué sirve?

MUJER VESTIDA:
Algo tendrás que llevar en los pies. No vas a ir con ese maravilloso vestido y descalza por ahí fuera.

MUJER DESNUDA:
(Observando extrañada un tacón)
¿Pero por qué tienen esta cosa que se eleva por aquí? ¿Debe ser muy complicado andar con esto?

MUJER VESTIDA:
Es más sencillo de lo que parece. Mira, pruébate éstos. (La MUJER VESTIDA le entrega un par de zapatos de tacón. La MUJER DESNUDA se los pone con dificultad y trata de levantarse y dar unos pasos.) ¡Muy bien! Da un par de vueltas, para hacerte con ellos. Te quedan perfectos. Éstos te los regalo yo, pero cuando estés fuera tendrás que hacer bien tu labor para poder tener mucho más.

MUJER DESNUDA:
(Caminando aparatosamente)
¿Y para qué querría tener más?

MUJER VESTIDA:
¡Qué pregunta! Fuera no podrás ir siempre con el mismo calzado. Tendrás que tener un par distinto para cada ocasión.

MUJER DESNUDA:
¿Y todo el mundo lleva estos zapatos fuera?

MUJER VESTIDA:
No, no todo el mundo. solo las mujeres dignas de llevarlos.

MUJER DESNUDA:
¿Y las mujeres que no son dignas? ¿Ellas qué llevan?

MUJER VESTIDA:
No lo sé, supongo que llevaran calzado común o irán descalzas.

MUJER DESNUDA:
(Se detiene)
¿Y por qué yo sí puedo llevar estos zapatos?

MUJER VESTIDA:
¡Porque serás una mujer digna! Para eso estoy aquí, para eso te he encontrado, y te he dado una manta, y luego un bello vestido y unos lindos zapatos de tacón. Para que seas una mujer digna como yo, y algún día puedas enseñar a otras pobres muchachas a ser mujeres útiles para la sociedad.

MUJER DESNUDA:
No entiendo... hay algo que no entiendo...

La MUJER DESNUDA comienza a quitarse con decepción los zapatos de tacón.

MUJER VESTIDA:
¿Pero qué haces? ¿No te gustan?

MUJER DESNUDA:
(Quitándose el vestido mientras se cubre con la manta)
No, no me gustan. Y tampoco me gusta este vestido. Y no sé si quiero salir fuera y hacer todas esas cosas. Yo estoy bien aquí, no me falta nada. Tengo todo lo que necesito para vivir. No necesito hablar francés, ni vestir ropa que me aprieta y no me permite respirar, ni fumar cigarrillos que me hacen toser. No me gusta nada de lo que me enseñas. ¡Márchate! ¡Déjame, te lo ruego! ¡Llévate todas tus cosas y déjame tranquila! No quiero salir fuera.

MUJER VESTIDA:
¿Estás segura? ¿Después de todo lo que he hecho por ti, y así me lo agradeces, despreciándome y pidiéndome que me marche?

MUJER DESNUDA:
¡Sí! Siento si te molesta lo que te digo, pero no me interesan tus lecciones y consejos. Creo que ahí fuera no debe ser todo tan bello como dices.

MUJER VESTIDA:
(Recoge los zapatos y vestidos)
Muy bien, tú lo has querido. A ver qué haces ahora sin mí.

La MUJER VESTIDA sale por la derecha del escenario empujando el ropero y arrastrando la enorme caja con el lazo. La MUJER DESNUDA se sienta en el suelo desconsolada y se cubre con la manta.



Diálogo Tercero

La MUJER DESNUDA está sentada en el centro del escenario. Llora casi en silencio, cubierta virginalmente por la manta.

MUJER DESNUDA:
¿Quién soy? ¿Qué hacía esta mujer aquí? ¿Por qué me dio todas esas cosas? ¿Vino a cuidarme? (Suspira y deja de llorar poco a poco) No entiendo nada. Yo estaba aquí, tumbada desnuda sobre el suelo. No necesitaba nada ni a nadie. Y ella llegó y me ofreció esta manta, y ahora no sé estar sin la manta. ¿Qué más necesito? ¿Qué más me hace falta? Ahora me siento sola, parece que llevo toda la vida sola, aislada del mundo... ¿Pero qué habrá fuera? ¿Será realmente un lugar bello y ordenado, dónde todo el mundo tenga una misión y un deber? ¿Seré yo la extraña, la que va al revés del orden de las cosas, aquí, sola y desnuda, sin nadie con quién hablar?

La MUJER VESTIDA entra silenciosamente por la derecha del escenario. Observa con compasión a la MUJER DESNUDA y se acerca sigilosamente hacia ella.

MUJER VESTIDA:
No temas. No voy a hacerte daño.

MUJER DESNUDA:
(Sobresaltada)
¡Me has asustado!

MUJER VESTIDA:
No tienes nada por lo que preocuparte. Entiendo que antes te hayas enfadado. Es difícil encontrarse solo y de repente ser consciente de que hay más gente alrededor. Yo también he pasado por eso.

MUJER DESNUDA:
¿Ah sí?

MUJER VESTIDA:
Sí. Más o menos cuando tenía tu edad. Y era tan joven y hermosa como tú lo eres. Y tenía las mismas dudas.

MUJER DESNUDA:
(Poco a poco más interesada)
¿Y qué dudas tenías?

MUJER VESTIDA:
Sinceramente, tenía miedo de lo que podría encontrarme fuera. Pero con el paso del tiempo, ese miedo se iba transformando en curiosidad, y luego en ilusión. Y entonces empecé a tener miedo de seguir en este lugar, de estar sola y no formar parte de nada.

MUJER DESNUDA:
¿Y cuando saliste fuera, cómo era?

MUJER VESTIDA:
Bueno, al principio no era todo como yo lo imaginaba. Aquí todo era natural, no conocía otra cosa. Al salir fuera tuve que aprender que algunas de las cosas que hacía aquí, fuera no podría hacerlas.

MUJER DESNUDA:
¿Como qué cosas?

MUJER VESTIDA:
Recuerdo cuando tuve mi primera menstruación. Estaba sola y de repente comencé a sangrar mucho. Recuerdo que no me asusté, pero como no tenía nada con lo que limpiarme, me puse a lamer mis piernas hasta quedar limpia de nuevo.

MUJER DESNUDA:
Sí, a mí me pasó algo parecido. Y también me limpié lamiendo mis heridas. ¿Fuera como lo curan?

MUJER VESTIDA:
Fuera no está permitido lamerse. Es algo que no es propio de una mujer digna. A las niñas las ocultan cuando llegan a esa edad. Y les enseñan que a partir de ese momento, están al servicio de los hombres. Para crear una sociedad próspera y pulcra.

MUJER DESNUDA:
¿Entonces debemos estar al servicio de los hombres? ¿Y por qué no son ellos los que están a nuestro servicio?

MUJER VESTIDA:
Las mujeres no somos fuertes. No tenemos la misma inteligencia racional que los hombres. Ellos son más sabios y nos protegen de cualquier mal.

MUJER DESNUDA:
¿Y si fuera al revés? Quizás si los hombres estuvieran al servicio de las mujeres, ese mundo del que me hablas, fuera, quizás sería más natural, sin tantos artificios como esos trajes o esos zapatos, quizás las mujeres se ayudasen las unas a las otras cuando llegue su menstruación y así no tendrían motivos para ocultarlo. Y quizás eso serviría para que los hombres aprendiesen compasión y piedad. Y habría menos normas, y menos estructuras y jerarquías. Y quizás así todo el mundo tuviese derecho a llevar la ropa que quisiera y a tumbarse tranquilamente en cualquier sitio, sin que ello supusiera ningún escándalo para las personas más dignas.

MUJER VESTIDA:
(Ríe)
¡Pero qué disparates dices! Eso no son más que ideas absurdas y sin sentido. el mundo no podría funcionar así, al menos no podría funcionar tal y como están ordenadas las cosas. Y las cosas están ordenadas de una manera, porque así debe ser.

MUJER DESNUDA:
Quizás tengas razón... Al fin y al cabo yo no sé nada, nunca he estado fuera y no puedo hablar de cómo funciona o cómo funcionaría mejor.

MUJER VESTIDA:
Exactamente. Por eso estoy aquí, para ayudarte a salir fuera, a ser parte del mundo desde una posición digna.

MUJER DESNUDA:
¿Y no hay otra forma de salir fuera?

MUJER VESTIDA:
¡Qué impertinente! ¡Claro que no! La mía es la única forma.

MUJER DESNUDA:
No lo sé, no estoy muy convencida. Pero tampoco quiero seguir aquí. Quiero aprender cosas nuevas y conocer a mucha gente y rodearme de las personas y sus historias. Quiero salir de aquí y volar.

MUJER VESTIDA:
Muy bien, creo que ya estás casi preparada.

MUJER DESNUDA:
¿Y qué me falta?

MUJER VESTIDA:
Debes hacer el juramento de la mujer digna.

MUJER DESNUDA:
¿Y qué debo decir?

MUJER VESTIDA:
Repite conmigo: Yo, la Mujer desnuda, me comprometo a convertirme en una Mujer vestida, a aprender francés y a fumar con elegancia, a servir al hombre en todo aquello que mi posición como mujer digna pueda ser de utilidad.

MUJER DESNUDA:
Yo, la Mujer desnuda, me comprometo a convertirme en una Mujer vestida, a aprender francés y a fumar con elegancia, a servir al hombre en todo aquello que mi posición como mujer digna pueda ser de utilidad.

MUJER VESTIDA:
De igual forma, me comprometo a respetar y compartir con otras mujeres menos dignas, los valores de la sociedad de la que me dispongo a formar parte.

MUJER DESNUDA:
De igual forma, me comprometo a respetar y compartir con otras mujeres menos dignas, los valores de la sociedad de la que me dispongo a formar parte.

MUJER VESTIDA:
Y tras haber cumplido con todo lo anterior, después de haber trabajado en nombre de las mujeres dignas y de la sociedad establecida, yo, la Mujer desnuda, me comprometo a morir en paz, dejando como legado los mismos valores que me encontré al nacer.

MUJER DESNUDA:
Y tras haber cumplido con todo lo anterior, después de haber trabajado en nombre de las mujeres dignas y de la sociedad establecida, yo, la Mujer desnuda, me comprometo a morir en paz, dejando como legado los mismos valores que me encontré al nacer.

MUJER VESTIDA:
¡Perfecto! ¡Ya estás lista para salir fuera! Ahora llévate mi ropa y póntela, yo no la necesitaré más.

La MUJER VESTIDA comienza a desnudarse. Le va entregando su ropa a la MUJER DESNUDA.

MUJER DESNUDA:
No entiendo. ¿Por qué ahora eres tú la que se queda desnuda y me entregas tu ropa?

MUJER VESTIDA:
Ya no la necesitaré más. He cumplido con mi deber fuera durante largos años. He dejado el buen nombre de las mujeres dignas, tal y como me lo encontré. Y he salvado a un pobre alma como la tuya, de la soledad y la eterna incomprensión, haciéndote una mujer como debe ser. Ahora mi lugar está aquí. Sal fuera y pon en práctica todo lo que te he enseñado.

La MUJER VESTIDA se queda completamente desnuda y tumbad en el centro del escenario. La MUJER DESNUDA sale lentamente por la izquierda del escenario, cubierta con la manta y cargando la ropa que se le ha entregado.

MUJER VESTIDA:
Por fin he cumplido. Por fin he hecho todo lo que me enseñaron que debía hacer. Ahora sólo me queda descansar aquí, tumbada desnuda sobre el suelo de nadie, sin deber ni obligación, sin angustia ni miedo. Sólo tumbarme y dormir. Sólo tumbarme y dormir.

Se apaga la luz. Cae el telón. 

Fin.