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Mostrando entradas de enero, 2013

Flores

Yo, que soy mujer,
concretamente de Venus,
que amo la poesía,
como la belleza ama la vida,
que disfruto del silencio,
como el humor disfruta del serio,
que soy meláncolica y azul,
devastada hasta rozar el tedio.

¿Por qué sonrío?

Por la flor,
porque veo en ella,
más allá de su nombre,
lo que es.

Porque veo la flor,
y en todas las flores,
me veo a mí.

Yo, que soy mujer y valiente,
ahora me dedico a mirar a las flores.


Olivia Pazos

Espejito

En la noche hay tanto silencio,
la casa por fín es mía y de mis juegos.
Apuesto contra mí misma,
la colección de zapatos,
y la de personas tristes.

A las personas tristes,
las guardo en un rinconcito,
al lado de mi corazón,
pero sin tocarlo,
donde hago experimentos
y procuro no asustarme.

Porque ocurre que a veces,
me paso con algún ingrediente,
me miro al espejo vencida,
y me ahorco.

Pero sólo es un juego,
así que después, me voy a la cama.

Olivia Pazos

Gatito

Siempre quise tener un gato,
pero claro, es una responasbilidad,
y yo, que no me cuido ni a mí,
¿cómo iba a encargarme de otro ser?

Es todo tan complicado,
tan difícil en este mundo de adultos,
quisiera poder respirar, comer, dormir,
y ya está, sin preocuparme del resto.

Quisiera viajar al espacio exterior,
bañarme desnuda en ríos inexplorados,
atravesar los mares y sus fondos,
tocar la nieve, y acto seguido,
refrescarme en una playa desierta.

Tengo tantos sueños,
tan inalcanzables y lejanos,
que sólo me conformo con un gatito,
al que tampoco puedo aspirar.

Por no poder,
no puedo ni tenerme,
a mí misma.

Quizás debería dejar de soñar,
o aprender a conformarme,
con los sueños.


Olivia Pazos

Angelitos

Llaman mucho a mi ventana,
seres mágicos llenos de colores,
ondeando sus alas de plumas,
suaves, braucolentas, delicadas.

Me despiertan a media noche,
insistiendo en dar una vuelta,
al lugar que ellos habitan,
donde dicen que hay más niños,
y chocolate.

A veces me hablan por la calle,
recordándome que una vez estuvieron,
protegiendo a otras muchachas perdidas,
en épocas de grandes faraones,
bajo el cuidado de las estrellas.

Los alados alquimistas,
a veces también,
se me meten entre las piernas.


Olivia Pazos

Bosquecito

Es como un paisaje débil,
donde todo pasa despacio,
se habla en voz bajita,
y se bebe poco.

Como una calada lenta,
al borde del abismo,
interminable,
sencilla.

Como árboles y praderas,
descansando en el limbo,
sabiéndose mortales,
y disfrutando.

Es como una vida tranquila,
sin demasiados sobresaltos,
ni palabras feas o angustias,
simplemente, vida.


Olivia Pazos

Como el chocolate

Me río de tantas cosas,
tan pequeñas, sin importancia,
cualquiera me llamaría loca,
cosas absurdas, como un color.

Podría comer y comer
durante horas enteras,
hasta acabar por vez primera,
con las reservas mundiales
de chocolate.

Podría montar en bicicleta desnuda,
sin que nadie notara mi presencia,
rozando el viento con mis pechos,
en silencio, desorientada.

Tengo ataques de inteligencia,
me siento en el suelo,
cruzo las piernas,
la espalda recta,
y respiro.


Olivia Pazos

Ojitos

Tengo los ojos grandes,
para ver mejor,
o eso me contaron.

Porque sucede que a veces,
se me cierran como de súbito,
y comienzo a ver cosas,
que nunca antes llegué a apreciar.

Veo colores magnánimos,
libreformes, relamidos de cólera,
a veces astutos, a veces lentos,
como un humo que emanan mis manos,
verticalmente, hacia el cosmos.

Mis ojos azules son sensibles a la luz,
tanto, que a veces,
hasta olvido abrirlos.


Olivia Pazos

La lluvia

Está ahí, la lluvia,
puedo oírla, la siento,
ahí fuera, la lluvia.

La huelo, me toca,
me moja, me huele,
está ahí fuera, ¿no la ves?

Tras sábanas blancas
que parapetan tus sueños,
junto al almendro, desnuda.

La hablo, me canta,
me encanta, me moja,
la toco, se escapa.

Me inunda, me encharca,
me pisa, me salta, me calla,
la lluvia, su cuento, me halaga.

Como un enfado de las nubes,
como un temblor del miedo,
la lluvia, su cuento, me halaga.


Olivia Pazos

Hugo

Sus manos,
delicadas, artesanales,
flores de lodo burgués,
sutiles, desocupadas,
bailándole mi piel al viento,
caricias, susurros, cosquillas,
dedos de orquesta embarrados.

¿Qué se esconde tras el sombrero?
quizás el miedo, la pereza, la locura,
el conocimiento supremo de la nada,
el arte de olvidar las palabras,
la valentía de seguir adelante.

La copa,
siempre llena, siempre distinta,
tonos oscuros de lágrimas,
el día para la cerveza,
la noche para nadie.

Misterio,
coraza de genio incomprendido,
piel de carnero abandonado,
que no sabe como pedir un abrazo,
mi Hugo, mi todo, mi nada.


Olivia Pazos

Un cuento

Entre mis páginas favoritas,
de los indomables ojos de Rimbaud,
encontré una hoja aplastada.

No recordaba haberla dejado ahí,
vomitando letras en palabras azules,
arrastrando en la corriente alfajores,
dulces como un beso nuevo.

Una amiga cualquiera vino a verme,
le comenté lo de la pequeña hoja,
entre vasos de sidra rellenos de whisky,
nos llenamos de fragancias silvestres.

Entramos en una arboleda de regalices,
con ríos de chocolate caliente,
enanos erectos con falos gigantes,
un cielo rosa como el sueño.

Al final del camino, siempre al final,
un viejo olmo reinaba el paisaje,
tan real como una bofetada,
en un mar de abrazos sinceros.

Miré a mi amiga mientras sonreía,
entonces señaló al árbol y echó a correr,
a sus pies estaba mi vieja hoja aplastada,
tan de mentira, como yo.


Olivia Pazos

Besitos

Hoy salí a la calle y hacía sol,
un calor pasajero en la atmósfera,
un frío súbito en mis costillas.

Estuve paseando por el parque,
como una perra que se muerde la cola,
engullida por un torbellino azul,
una hoja de dos primaveras
abandonada bajo la hierba.

Vi los ramilletes púrpuras,
los cascabeles en flor del viento,
como el sauce que no miró adentro,
y se pasó la vida llorando.

Al final del camino
se elevó un palacio de hielo,
erguido frente al sol de canela,
mientras cambiaba la tarde
por un secreto.

Un laberinto de caramelos,
de esos blandos y de colores chillones,
con espinas de regaliz rojo
y pequeños gnomos alcoholizados.

Cuando regresé al parque,
la noche estaba estrellada.

Orión se quitó la ropa,
para atravesarme los ojos.


Olivia Pazos

Baguette

Un martillo incesante,
recorre el vello de mi piel,
me revuelvo entre las sábanas,
demasiado frías.

Otra noche de insomnio,
otra mañana de nadie,
otro maldito otoño.

El panadero llegó puntual,
como cada día laborable,
que confundió labor con oficio
entre los pliegues de mi falda.


Olivia Pazos

Lágrimas

Viento mientras lloro,
encerrada en mi habitación,
y nadie lo oye.

Días vacíos,
ojos vacíos,
como promesas vacías.

Nadie me escucha llorar,
pero hoy tengo que ir al dentista.

Sonrío mientras lloro.


Olivia Pazos

Otro paseo

Tengo ansiedad en mi pecho,
los chicos me miran en verano,
en invierno fumo mucho.

Si pudiese pedir un deseo,
no pediría la paz mundial,
ni acabar con la pobreza,
me regalaría una nueva bicicleta,
para pedalear sin rumbo,
ni conciencia.


Olivia Pazos

Socorro

A veces me siento triste,
y me duelen las rodillas
cuando cambia el tiempo.

A veces escribo en mi diario,
luego arranco todas las hojas
e incendio mi casa.

Cuando no puedo salir de la cama,
rezo en todos los idiomas,
para ver si acierto de religión.

A veces me tiro horas en el baño,
encerrada por dentro y por fuera,
esperando una señal
para tirar de la cadena.


Olivia Pazos

Un paseo

Me gusta reir, aunque sea por nada,
tontamente, como un estallido de no pensar,
tirada en la hierba fumando hachís,
hablando con hormigas que no tienen abuelos.

A veces, si no hace frío, monto en bici,
salgo de casa y olvido la ropa con la razón,
pedaleo horas y horas, sin reconocer los rostros
de los vecinos asustados,
que me girtan durante horas y horas:

¡Olivia, estás desnuda y montas en bicicleta!


Olivia Pazos

Pétalos azules

De Hugo me gustan sus manos,
y la ternura con que las mueve,
también me gustan sus besos,
cuando son pequeños
y buscan tesoros en mi cuello.

A Hugo le gusta viajar
y conocer mucha gente,
pero siempre viene llorando y triste
y me pide que le cuente un cuento.

Lo que más me gusta de Hugo,
es que nunca es él mismo,
ni siquiera en las cartas que me escribe,
lo que no sabe Hugo de mí,
es que soy mujer.


Olivia Pazos

Gordura

Mi mamá sufre ataques de cordura,
yo le digo que no se preocupe,
que es normal,
pero ella una y otra vez,
se sube al tejado del vecino
y canta en diferido.

Cuando la ve mi papá,
se va de putas.


Olivia Pazos

Jardín de Géhenne

He estado leyendo a Charles,
y dice que su madre no le quería,
y quería devolverle a la hoguera,
pero él siempre se mantuvo tranquilo.

Al final acabó viendo Ángeles y Demonios,
¿pero quién no los ha visto?

Siempre tuve miedo a la oscuridad,
mi madre me dejaba la puerta entreabierta,
siempre que terminaba una obra y llegaba pronto,
claro, cuando dejó de beber.

Mi madre acabó volviendo a beber,
luego lo volvió a dejar y volvió otra vez,
yo lo entiendo, tuvo una infancia muy dura,
siempre andaba triste, y como Charles,
se rodeaba de Ángeles y Demonios.

La diferencia, es que mi madre
se acostaba con ellos.


Olivia Pazos

Ojos verdes

Mi papá está loco,
pero entiende de colores,
mi mamá perdió la cabeza,
antes incluso que yo.

A veces pienso en Hugo,
pero no alcanzo a ver sobre las estrellas,
a penas llevo viéndolas escasos meses,
y nunca, nunca, vi una tan fugaz.

Me gusta pintar todo lo que encuentro
y si es gris,
mejor.


Olivia Pazos