29 de junio de 2013

Maldito Diablo

Hacía tiempo que no venías tan fuerte,
soledad interminable, hija de la locura,
me llegaste a mostrar cuatro bellas razones,
con corazones serviles y precisas caricias,
tu embrujo me ocultó el mundo y del mundo,
en tu abrazo el sosiego encontró reposo,
¡Pero qué poco duraste hermosa mía!

Luego trajiste del cielo dos grandes apoyos,
hermanos de sangre, vividores del tiempo,
y nos bebimos las reservas globales de elixir,
el momento se convirió en el único presente,
las mujeres como maravilloso puente,
sin retenciones ni momentos de lucidez,
sólo reposo y comida y exceso, libertinaje,
curioso tren hacia ninguna parte, sin destino,
ni rumbo fijo o variable, hasta que llegó la noche.

Porque la noche era sólo una parte,
no existía el horario para beber hasta caer,
hasta que un manto infinito y profundo,
me enterró en la locura, reflejé mis miedos,
encontré lo sublime y oculto, lo genial compartido,
en dos grandes apoyos caídos del cosmos,
me llevaron hasta la tiniebla más escondida,
pues sólo tras haberla bebido tan cerca,
encontraría las puertas del paraíso.

Y allí me encuentro, perdido en el jardín del edén,
perdido y solo, rodeado de gente bella y viva,
que pasea por las calles como si no fueran capaces
de sentir el hambre del niño sin hogar,
y lo ven y lo sienten, y no se detienen,
ese niño soy yo, esa gente que camina
soy yo, yo soy su asfalto y su no hogar,
¿Por qué me siento tan solo entre tanta belleza?

La pregunta sin respuesta, el amor sin vida,
porque lo amo todo, porque nada me queda sin sentir,
entre mis costillas y mi vientre, en algún lugar de la niñez,
cuando elegí quedarme solo a sentir todo el dolor,
y ahora no sé cómo compartir la hermosura del mundo,
no sé salir a caminar, ni dar refugio al niño sin casa,
no sé mover mis cansadas piernas de esta silla rota,
no sé reír y estar en compañía si no me llevan,
si no vienen los ángeles a rescatarme del abismo,
esos ángeles que son personas como tú y como yo,
que viven en la casa de enfrente o en tu mismo salón,
y salen a la calle a pasear y se enamoran de ti,
o te acompañan en los placeres o en la tristeza,
o se quedan sin hogar y te ofrecen consuelo.

No sé acercarme a los ángeles, y ante su auxilio huyo,
me siento enormemente solo en un mundo hiperpoblado,
con maravillosos mares y gentiles ángeles de la guarda,
yo me siento solo, y solo, sólo se debe sentir el diablo.

21 de junio de 2013

Conversaciones

Reciente sintonía de cuerda,
esparcida en un salón francés,
fumaderos de hachís adulteros,
con golondrinas al óleo,
sandías en malasaña, o no,
noches sin dormir y sin aire,
gargantas que perdieron el cuello,
cigarrillos a las afueras de la pista de baile,
canciones que orgían las piernas enrevesadas,
descanso afligido entre domingos y junio,
las gotas verdes del engaño secaron,
la curva entre solo y solo, unida sin más,
como la muerte que nunca existió.

Salpicaduras de nubes abatidas,
pequeños charcos de calor sin perdón,
labios abiertos y enclaustrados,
sonrisas, ojos de mil colores,
conversaciones de dos de mayo,
conversaciones de salón francés,
conversaciones en silencio.

La mujer que vino a abrazarme,
nunca vino, nunca avisó de su ausencia,
da igual, nunca la habría visto con tanta niebla,
con tanto hachís en las paredes y vapor de una noche,
con tantas latas de cerveza rescatadas del olvido,
con tantas copas de vino y de ron y de todo,
vacías antes de llegar a mi vientre,
nunca, ni con los ojos abiertos,
habría visto frente a mí, la belleza,
en un abrazo, un beso, y silencio.

17 de junio de 2013

True romance

Llevaba un tiempo encerrando algo en mí,
no sabría decir qué, pero tú me lo recuerdas,
hay inviernos que duran dos veranos,
hay ojos que al aire de junio permanecen,
clavados en algún punto sobre el abdómen,
como una risa escapando de un muro,
inocente y desesperada entre breves ginebras,
en alguna terraza o algún bar de Madrid,
como un camino entre las calles, un diálogo,
discutiendo en silencio lo mucho que me gustas,
como un sueño, o un palacio inventado,
dibujando en las calles y veranos de Madrid,
lo que hacía tiempo olvidé observar.

Y contando uno a uno tus lunares,
por fin me salió infinito.

Y soñando con tu piel bajo mis dedos,
la noche cobró sentido.

Hacía tiempo que no me detenía en tu voz,
cuando la deslizas entre el viento con sutileza,
o cuando pestañeas, y lo detienes todo,
porque estrangulas al mundo en delirio,
sí, cuando pestañeas amor y yo muero.

Y en las letras de un corazón triste,
tú dibujas flores con tu sonrisa.

Y en los pantalones de un pobre lirio,
nace el alma de una canción feliz.

Ya se fue el invierno y con él tu olvido,
o lo que intentó ser olvido entre nada,
ahora he rescatado tu recuerdo de mi abismo,
confundido entre las bragas de otra mujer,
castigado por no llevar tu aroma.

Y he soñado que besaba a la más bella de Madrid,
dibujando infinitos lazos entre infinitos lunares.

Y soñando con tu piel bajo mis dedos,
la noche cobró sentido.

4 de junio de 2013

El Colgado

En este mundo no hay vuelta atrás,
somos prisioneros de la conciencia,
de los siglos de castigo y silencio,
de la evolución humana, a pesar
de la terquedad de los ahorcados,
no en las plazas públicas, sino en sus camas,
cuando el peso de las estrellas,
oculta tras sus sueños delirios de culpa,
porque ahorcados lo somos todos,
irresponsables con el mundo y la belleza,
al no liberar los besos de los paisajes desiertos,
por no descubrir nuestro cuerpo al contacto,
por temer más la caricia que la violencia,
porque todos somos Leopoldo María Panero,
colgados y encerrados, colmados de locura,
prisioneros de nuestra propia conciencia.

Pero al no haber marcha atrás, habrá marcha adelante,
entonces sublimaré mi cuerpo a los deseos que encuentre,
seré responsable con mis playas y bosques, y flores y perros,
entregaré el rubor de mi despertar a quién pregunte por él,
los barrotes del mundo, sus discursos de simios desorientados,
no me producen miedo ni desesperanza, la fatiga cae en compasión,
todas las palabras negativas, y los vídeos de muerte y opresión,
no son más que la base para sembrar el mundo de flores,
como intentaron los malnombrados hippies, como intentó Pessoa,
como intentó Whitman, como llevó al extremo el Marqués de Sade,
como deberá hacer en algún momento la humanidad, incesante,
entregada al ritmo de la evolucíon, de la re-evolución del amor,
y nos quitaremos la soga del cuello, tras colgar a Leopoldo María
Panero, para gritar libertad a los corazones desterrados,
que hoy por fin pueden volver a brillar.

1 de junio de 2013

"MUJER DESNUDA" - Tres Diálogos

Acto único

Diálogo Primero

El escenario está vacío. En el centro se ilumina la figura de una MUJER DESNUDA tumbada sobre el suelo. Por la izquierda entra una MUJER VESTIDA sosteniendo una manta. Mira hacia atrás intranquila, luego se apresura a cubrir con la manta a la otra mujer.

MUJER DESNUDA:
 

¿Quién eres? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué me tapas? ¿Has venido a hacerme daño?

MUJER VESTIDA:
No temas. No voy a hacerte daño. Estás desnuda y por eso te he tapado. Estás desnuda, tumbada sobre el suelo, tienes pecas en la cara y el cabello entre amarillo y naranja, como un amanecer. Me miras extrañada, aturdida por ignorar el lugar en el que te encuentras. Pero no temas. Yo cuidaré de ti.

La MUJER DESNUDA se cubre con la manta y se incorpora.

MUJER DESNUDA:
No entiendo nada. ¿Por qué estaba desnuda? ¿Por qué tú no lo estás? ¿Por eso me tapas?

MUJER VESTIDA:
No tengas miedo. Lo normal es llevar ropa encima. No puedes salir así, con ese aspecto.

MUJER DESNUDA:
¿Lo normal...? ¿Salir a dónde?

MUJER VESTIDA:
Pues salir de aquí. ¿No pretenderás pasarte la vida en este sitio, tapada con una manta y tirada en el suelo?

MUJER DESNUDA:
Pero... ¿Qué hay fuera? ¿Allí la gente va vestida como tú? ¿Llevan mantas encima y no se pasan el día tumbados?

MUJER VESTIDA:
(Ríe groseramente)
¡Pero qué dices! Eso no sería posible. La gente fuera siempre lleva ropa encima. ¡A nadie se le ocurre ir por ahí desnudo! (Ríe de nuevo) No se pasan el día tumbados sin tener nada que hacer. La gente tiene que hacer cosas.

MUJER DESNUDA:
Y no pueden ir desnudos.

MUJER VESTIDA:
¡Exacto! Vas entendiendo como funciona.

La MUJER VESTIDA examina a la MUJER DESNUDA. La coge de la mano y la hace dar vueltas mientras la observa de arriba a abajo.

MUJER DESNUDA:
¿Qué ocurre? ¿Estoy bien?

MUJER VESTIDA:
Perfecta. Estás perfecta. ¿Cómo van tus lecciones de francés?

MUJER DESNUDA:
¿Francés? No sé nada de francés. No entiendo qué es todo esto, ni quién es usted. Le agradezco mucho que me haya dado una manta, pero no sé si quiero salir de aquí. Yo estoy bien, tumbada sobre el suelo. No me falta nada.

MUJER VESTIDA:
¿Ah no te falta nada? Entonces puedes devolverme la manta.

MUJER DESNUDA:
Es suave, y usted me ha dicho que no puedo estar desnuda. ¿De verdad quiere que se la devuelva?

MUJER VESTIDA:
No hace falta. (La observa encandilada por unos instantes) Bueno, como te he dicho antes, no tienes por qué tener miedo. (La arropa con la manta) Y efectivamente, no puedes andar por ahí desnuda.

La MUJER VESTIDA coge por el brazo a la mujer DESNUDA y caminan juntas hacia el frente del escenario.

MUJER VESTIDA:
No temas. Fuera no hay nada por lo que debas sentirte con miedo. No puedes ir desnuda, porque escandalizarías a la gente digna y los ancianos, y los no tan ancianos, te mirarían con deseo; y de esa forma estarían cometiendo una enorme falta sobre sus esposas, o novias, y provocarías que otras muchachas jóvenes y hermosas como tú, salieran también a la calle desnudas. Y entonces todo el mundo sentiría un enorme deseo, y se desatarían profundos y peligrosos instintos, y se acabaría la inocencia y la pulcritud.

MUJER DESNUDA:
¿Qué es la pulcritud?

MUJER VESTIDA:
Es lo que hace que fuera sea un lugar mejor, un sitio seguro y digno, donde llevar una vida ordenada y tranquila.

MUJER DESNUDA:
¿Y por qué tengo que aprender francés?

MUJER VESTIDA:
Es importante hablar francés. Cuando salgas fuera, tendrás que desempeñar el papel que se te ha otorgado como mujer. Tu lugar en la sociedad depende de ello.

MUJER DESNUDA:
¿Y la sociedad? ¿Qué es?

MUJER VESTIDA:
Es la forma en la todo que se ordena fuera. Para que todos tengamos un papel establecido. Y cumplamos con él.

MUJER DESNUDA:
¿Entonces fuera la gente tiene mantas y sitios sobre los que tumbarse tranquilamente a no hacer nada?

MUJER VESTIDA:
Así es. Eso es lo más básico de nuestra sociedad. A todo individuo que vive fuera, se le otorga en primer lugar una manta y se le asigna un lugar en el que tumbarse.

MUJER DESNUDA:
¿Entonces has venido a rescatarme? Me has dado una manta y ahora me darás un sitio en el que dormir mejor. ¿Verdad?

MUJER VESTIDA:
Así es, bonita. Ahora vayamos a ponerte algo de ropa.

La MUJER VESTIDA y LA MUJER DESNUDA salen por la derecha del escenario.



Diálogo Segundo

La MUJER VESTIDA entra empujando un ropero con ruedas, repleto de vestidos y prendas femeninas. La MUJER DESNUDA entra tras ella, cargando aparatosamente una enorme caja atada con un lazo, mientras procura que no se le caiga la manta. Ambas se detienen en el centro del escenario. La primera se apoya en el ropero y la segunda se sienta sobre la caja. Fuman un cigarro. La MUJER DESNUDA tose.

MUJER DESNUDA:
¿Qué es esto? (Tose de nuevo) No me gusta mucho.

MUJER VESTIDA:
Fuma. Cuando salgas fuera tienes que fumar como una señorita.

MUJER DESNUDA:
¿Pero qué sentido tiene?

MUJER VESTIDA:
Es bueno para el francés. Así será más sencillo que cumplas tu papel. (Apaga el cigarro y se incorpora) Corre, fuma. (La MUJER DESNUDA da otra calada al cigarro. La MUJER VESTIDA se lo apaga contra el suelo y la ayuda a levantarse) Vamos querida, ahora tenemos que elegir tu vestimenta.

Ambas se levantan y comienzan a ver distintos vestidos del ropero.

MUJER DESNUDA:
¿Qué clase de vestido me irá mejor?

MUJER VESTIDA:
Uno en el que enseñes. Eres joven y hermosa, tienes que vestir algo propio de tu nivel.

La MUJER VESTIDA saca un vestido corto y de una pieza, que entrega a la MUJER DESNUDA.

MUJER DESNUDA:
¿Qué hago con él?

MUJER VESTIDA:
Ve ahí detrás y pruébatelo.

La MUJER DESNUDA se esconde tras el otro lado del ropero y se pone el vestido. Luego sale tímidamente con la manta por encima.


MUJER DESNUDA:
Ya está.

MUJER VESTIDA:
¿Pero qué haces con la manta encima?

MUJER DESNUDA:
No lo sé. Me siento más desnuda que cuando no llevaba nada. Es como si me estuvieran señalando. Como si el vestido transformase las curvas de mi piel en ojos perturbados. ¿Así cumpliré mi papel fuera?

MUJER VESTIDA:
¡Por supuesto! ¡Déjame ver! (La MUJER VESTIDA tira de la manta y deja a la MUJER DESNUDA al descubierto vistiendo el ceñido vestido) ¡Estás divina! ¡Pareces una mujer afrancesada y digna!

MUJER DESNUDA:
(Mirándose con desaprobación)
¿Estás segura? No lo sé... Yo no...

MUJER VESTIDA:
¿Qué te dije? No tienes nada que temer. Cuando salgas fuera, con ese aspecto serás la mujer más respetada de tu nivel.

MUJER DESNUDA:
¿Y qué nivel es ese?

MUJER VESTIDA:
¡Perfecto! Ahora te pondremos unos zapatos acordes.

La MUJER VESTIDA se dirige a la enorme caja. Deshace el lazo y al abrirla comienza a sacar montones de zapatos de tacón.

MUJER DESNUDA:
¿Y eso qué es? ¿Para qué sirve?

MUJER VESTIDA:
Algo tendrás que llevar en los pies. No vas a ir con ese maravilloso vestido y descalza por ahí fuera.

MUJER DESNUDA:
(Observando extrañada un tacón)
¿Pero por qué tienen esta cosa que se eleva por aquí? ¿Debe ser muy complicado andar con esto?

MUJER VESTIDA:
Es más sencillo de lo que parece. Mira, pruébate éstos. (La MUJER VESTIDA le entrega un par de zapatos de tacón. La MUJER DESNUDA se los pone con dificultad y trata de levantarse y dar unos pasos.) ¡Muy bien! Da un par de vueltas, para hacerte con ellos. Te quedan perfectos. Éstos te los regalo yo, pero cuando estés fuera tendrás que hacer bien tu labor para poder tener mucho más.

MUJER DESNUDA:
(Caminando aparatosamente)
¿Y para qué querría tener más?

MUJER VESTIDA:
¡Qué pregunta! Fuera no podrás ir siempre con el mismo calzado. Tendrás que tener un par distinto para cada ocasión.

MUJER DESNUDA:
¿Y todo el mundo lleva estos zapatos fuera?

MUJER VESTIDA:
No, no todo el mundo. solo las mujeres dignas de llevarlos.

MUJER DESNUDA:
¿Y las mujeres que no son dignas? ¿Ellas qué llevan?

MUJER VESTIDA:
No lo sé, supongo que llevaran calzado común o irán descalzas.

MUJER DESNUDA:
(Se detiene)
¿Y por qué yo sí puedo llevar estos zapatos?

MUJER VESTIDA:
¡Porque serás una mujer digna! Para eso estoy aquí, para eso te he encontrado, y te he dado una manta, y luego un bello vestido y unos lindos zapatos de tacón. Para que seas una mujer digna como yo, y algún día puedas enseñar a otras pobres muchachas a ser mujeres útiles para la sociedad.

MUJER DESNUDA:
No entiendo... hay algo que no entiendo...

La MUJER DESNUDA comienza a quitarse con decepción los zapatos de tacón.

MUJER VESTIDA:
¿Pero qué haces? ¿No te gustan?

MUJER DESNUDA:
(Quitándose el vestido mientras se cubre con la manta)
No, no me gustan. Y tampoco me gusta este vestido. Y no sé si quiero salir fuera y hacer todas esas cosas. Yo estoy bien aquí, no me falta nada. Tengo todo lo que necesito para vivir. No necesito hablar francés, ni vestir ropa que me aprieta y no me permite respirar, ni fumar cigarrillos que me hacen toser. No me gusta nada de lo que me enseñas. ¡Márchate! ¡Déjame, te lo ruego! ¡Llévate todas tus cosas y déjame tranquila! No quiero salir fuera.

MUJER VESTIDA:
¿Estás segura? ¿Después de todo lo que he hecho por ti, y así me lo agradeces, despreciándome y pidiéndome que me marche?

MUJER DESNUDA:
¡Sí! Siento si te molesta lo que te digo, pero no me interesan tus lecciones y consejos. Creo que ahí fuera no debe ser todo tan bello como dices.

MUJER VESTIDA:
(Recoge los zapatos y vestidos)
Muy bien, tú lo has querido. A ver qué haces ahora sin mí.

La MUJER VESTIDA sale por la derecha del escenario empujando el ropero y arrastrando la enorme caja con el lazo. La MUJER DESNUDA se sienta en el suelo desconsolada y se cubre con la manta.



Diálogo Tercero

La MUJER DESNUDA está sentada en el centro del escenario. Llora casi en silencio, cubierta virginalmente por la manta.

MUJER DESNUDA:
¿Quién soy? ¿Qué hacía esta mujer aquí? ¿Por qué me dio todas esas cosas? ¿Vino a cuidarme? (Suspira y deja de llorar poco a poco) No entiendo nada. Yo estaba aquí, tumbada desnuda sobre el suelo. No necesitaba nada ni a nadie. Y ella llegó y me ofreció esta manta, y ahora no sé estar sin la manta. ¿Qué más necesito? ¿Qué más me hace falta? Ahora me siento sola, parece que llevo toda la vida sola, aislada del mundo... ¿Pero qué habrá fuera? ¿Será realmente un lugar bello y ordenado, dónde todo el mundo tenga una misión y un deber? ¿Seré yo la extraña, la que va al revés del orden de las cosas, aquí, sola y desnuda, sin nadie con quién hablar?

La MUJER VESTIDA entra silenciosamente por la derecha del escenario. Observa con compasión a la MUJER DESNUDA y se acerca sigilosamente hacia ella.

MUJER VESTIDA:
No temas. No voy a hacerte daño.

MUJER DESNUDA:
(Sobresaltada)
¡Me has asustado!

MUJER VESTIDA:
No tienes nada por lo que preocuparte. Entiendo que antes te hayas enfadado. Es difícil encontrarse solo y de repente ser consciente de que hay más gente alrededor. Yo también he pasado por eso.

MUJER DESNUDA:
¿Ah sí?

MUJER VESTIDA:
Sí. Más o menos cuando tenía tu edad. Y era tan joven y hermosa como tú lo eres. Y tenía las mismas dudas.

MUJER DESNUDA:
(Poco a poco más interesada)
¿Y qué dudas tenías?

MUJER VESTIDA:
Sinceramente, tenía miedo de lo que podría encontrarme fuera. Pero con el paso del tiempo, ese miedo se iba transformando en curiosidad, y luego en ilusión. Y entonces empecé a tener miedo de seguir en este lugar, de estar sola y no formar parte de nada.

MUJER DESNUDA:
¿Y cuando saliste fuera, cómo era?

MUJER VESTIDA:
Bueno, al principio no era todo como yo lo imaginaba. Aquí todo era natural, no conocía otra cosa. Al salir fuera tuve que aprender que algunas de las cosas que hacía aquí, fuera no podría hacerlas.

MUJER DESNUDA:
¿Como qué cosas?

MUJER VESTIDA:
Recuerdo cuando tuve mi primera menstruación. Estaba sola y de repente comencé a sangrar mucho. Recuerdo que no me asusté, pero como no tenía nada con lo que limpiarme, me puse a lamer mis piernas hasta quedar limpia de nuevo.

MUJER DESNUDA:
Sí, a mí me pasó algo parecido. Y también me limpié lamiendo mis heridas. ¿Fuera como lo curan?

MUJER VESTIDA:
Fuera no está permitido lamerse. Es algo que no es propio de una mujer digna. A las niñas las ocultan cuando llegan a esa edad. Y les enseñan que a partir de ese momento, están al servicio de los hombres. Para crear una sociedad próspera y pulcra.

MUJER DESNUDA:
¿Entonces debemos estar al servicio de los hombres? ¿Y por qué no son ellos los que están a nuestro servicio?

MUJER VESTIDA:
Las mujeres no somos fuertes. No tenemos la misma inteligencia racional que los hombres. Ellos son más sabios y nos protegen de cualquier mal.

MUJER DESNUDA:
¿Y si fuera al revés? Quizás si los hombres estuvieran al servicio de las mujeres, ese mundo del que me hablas, fuera, quizás sería más natural, sin tantos artificios como esos trajes o esos zapatos, quizás las mujeres se ayudasen las unas a las otras cuando llegue su menstruación y así no tendrían motivos para ocultarlo. Y quizás eso serviría para que los hombres aprendiesen compasión y piedad. Y habría menos normas, y menos estructuras y jerarquías. Y quizás así todo el mundo tuviese derecho a llevar la ropa que quisiera y a tumbarse tranquilamente en cualquier sitio, sin que ello supusiera ningún escándalo para las personas más dignas.

MUJER VESTIDA:
(Ríe)
¡Pero qué disparates dices! Eso no son más que ideas absurdas y sin sentido. el mundo no podría funcionar así, al menos no podría funcionar tal y como están ordenadas las cosas. Y las cosas están ordenadas de una manera, porque así debe ser.

MUJER DESNUDA:
Quizás tengas razón... Al fin y al cabo yo no sé nada, nunca he estado fuera y no puedo hablar de cómo funciona o cómo funcionaría mejor.

MUJER VESTIDA:
Exactamente. Por eso estoy aquí, para ayudarte a salir fuera, a ser parte del mundo desde una posición digna.

MUJER DESNUDA:
¿Y no hay otra forma de salir fuera?

MUJER VESTIDA:
¡Qué impertinente! ¡Claro que no! La mía es la única forma.

MUJER DESNUDA:
No lo sé, no estoy muy convencida. Pero tampoco quiero seguir aquí. Quiero aprender cosas nuevas y conocer a mucha gente y rodearme de las personas y sus historias. Quiero salir de aquí y volar.

MUJER VESTIDA:
Muy bien, creo que ya estás casi preparada.

MUJER DESNUDA:
¿Y qué me falta?

MUJER VESTIDA:
Debes hacer el juramento de la mujer digna.

MUJER DESNUDA:
¿Y qué debo decir?

MUJER VESTIDA:
Repite conmigo: Yo, la Mujer desnuda, me comprometo a convertirme en una Mujer vestida, a aprender francés y a fumar con elegancia, a servir al hombre en todo aquello que mi posición como mujer digna pueda ser de utilidad.

MUJER DESNUDA:
Yo, la Mujer desnuda, me comprometo a convertirme en una Mujer vestida, a aprender francés y a fumar con elegancia, a servir al hombre en todo aquello que mi posición como mujer digna pueda ser de utilidad.

MUJER VESTIDA:
De igual forma, me comprometo a respetar y compartir con otras mujeres menos dignas, los valores de la sociedad de la que me dispongo a formar parte.

MUJER DESNUDA:
De igual forma, me comprometo a respetar y compartir con otras mujeres menos dignas, los valores de la sociedad de la que me dispongo a formar parte.

MUJER VESTIDA:
Y tras haber cumplido con todo lo anterior, después de haber trabajado en nombre de las mujeres dignas y de la sociedad establecida, yo, la Mujer desnuda, me comprometo a morir en paz, dejando como legado los mismos valores que me encontré al nacer.

MUJER DESNUDA:
Y tras haber cumplido con todo lo anterior, después de haber trabajado en nombre de las mujeres dignas y de la sociedad establecida, yo, la Mujer desnuda, me comprometo a morir en paz, dejando como legado los mismos valores que me encontré al nacer.

MUJER VESTIDA:
¡Perfecto! ¡Ya estás lista para salir fuera! Ahora llévate mi ropa y póntela, yo no la necesitaré más.

La MUJER VESTIDA comienza a desnudarse. Le va entregando su ropa a la MUJER DESNUDA.

MUJER DESNUDA:
No entiendo. ¿Por qué ahora eres tú la que se queda desnuda y me entregas tu ropa?

MUJER VESTIDA:
Ya no la necesitaré más. He cumplido con mi deber fuera durante largos años. He dejado el buen nombre de las mujeres dignas, tal y como me lo encontré. Y he salvado a un pobre alma como la tuya, de la soledad y la eterna incomprensión, haciéndote una mujer como debe ser. Ahora mi lugar está aquí. Sal fuera y pon en práctica todo lo que te he enseñado.

La MUJER VESTIDA se queda completamente desnuda y tumbad en el centro del escenario. La MUJER DESNUDA sale lentamente por la izquierda del escenario, cubierta con la manta y cargando la ropa que se le ha entregado.

MUJER VESTIDA:
Por fin he cumplido. Por fin he hecho todo lo que me enseñaron que debía hacer. Ahora sólo me queda descansar aquí, tumbada desnuda sobre el suelo de nadie, sin deber ni obligación, sin angustia ni miedo. Sólo tumbarme y dormir. Sólo tumbarme y dormir.

Se apaga la luz. Cae el telón. 

Fin.