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Mostrando entradas de julio, 2013

Mortuorio

No habrá estatua que conmemore mi muerte,
ni adiós que me brinden cien bellas muchachas;
nunca seré príncipe de ningún reíno habitado,
ni llenarán de flores y coronas a este loco olvidado.

No habitaré en la memoria de dos generaciones,
entre mi herencia sólo encontrarán códigos sin barra;
nunca me rendirán más culto que el de las larvas,
ni sangrarán canciones las amapolas desde mi espalda.

En el río Manzanares nunca llegué a bañarme,
ni en río alguno se perdieron mis ganas;
la cima de la Maliciosa con los primeros pares,
demasiado jóven para volver a escalarla.

No busquen en mi recuerdo marcas de sol,
en mis lunares nunca escondí misericordia;
sólo los altos alquimistas pidieron perdón,
después largos inviernos sin ser memoria.

No lancen mi cuerpo a una fosa sin nombre,
mas en secreto, entréguenme al vasto mar;
allá donde encuentre reposo el horizonte,
en silencio, descúbranme verdadera soledad.

En las vistillas de un largo paisaje de ciudad,
recordaré lo que descendió hasta mi hígad…

Pesticidio

No hay droga ya que valga,
ojalá.

Las paredes del mundo se encogen,
entre pequeños duendes sin futuro;
las farolas de la ciudad sin luz,
se acoplan a un escuálido grito;
ya no hay dibujos de paisajes,
ni paisajes.

El cuchillo que bordea mi abdómen,
decide adentrarse; mis vísceras,
cual cerdo, desprenden olor a muerte.

Los grados de más y de menos volaron,
las palomas ya no recuerdan tierras de Lorca,
su esqueleto yace en una fosa,
mi humanidad descansa a su lado.

La cuchilla está afilada, sangre, sangre;
litros de sangre sin cuerpo ni destino,
mis pies cuelgan de algún balcón sin dueño,
bocabajo entiendo lo que hay sobre mi sién.

Y en el abrazo que no tengo,
revolotean las golondrinas apareándose,
mutilándose las alas de tanto volar.

Pronto caen, olvidan el suelo,
y las farolas apagadas de Madrid,
recuerdan al poeta,
que nunca llegó a escribir.

No hay ojalá que valga,
droga ya.

Palabras sin lengua

Si de palabras pudiesen hablar mis ojos,
no te mirarían como si de un mudo fueran.

Si el lenguaje no hablara de dinero,
hablaría de la luna llena como madre de todos.

Si el tiempo no se midiese en segundos,
lo mediría en cada una de tus sonrisas.

Si el dolor no fuera algo que esconder,
pintaría sin él los lienzos más hermosos.

Si a tu tacto no le tuviera el respeto del oro,
no habría moneda más cara que tu piel.

Si a la luz de la noche le faltaran tus palabras,
mi consuelo estaría vacío en eterna sombra.

Si tu camino no se cruza de una vez con el mío,
me temo, esperaré sentado a que vuelvas.

Si no vuelves,
iré a buscarte.

Cicatrizado y abierto

Hoy he salido a pasear y la noche estaba alegre,
antes, adormilado en mi escritorio, sólo llanto,
ahora, tras la luna llena, las nubes rosas,
el tacto del cesped, nuestro cesped y de nadie,
los pequeños conejos saltando como en cuentos,
las maravillas de alicia dibujadas en acuarela,
tu cambio como sol y tu miedo a cambiar,
siento tanto dolor en mi nuca al no mostrarte,
al no enseñarte lo que hay más allá de lo conocido,
entre las montañas de colores y caminos de tierra,
pero es mi miedo el que controla mis actos,
contigo incluso, me dejo llevar, me arrastro,
sonrío estúpidamente por cada gesto o palabra,
porque mi mente y mi cuerpo y mi todo,
se descomponen al descubrir tu sonrisa,
al sembrar tu sonrisa en mi rostro sin mueca,
me haces reír y morir por dentro, al tener miedo,
miedo a ser rechazado, miedo al no guiarte,
al no caminar de la mano contigo entre la niebla,
porque solo no sé andar, porque solo no soy.

Y me atrevo a decir que soy un cobarde,
tantas veces me mataron la ilusión,
tantas veces la ma…

Valiente cobarde

No tengo fe en la pareja
tampoco en el polvo de una noche
¿A qué le tengo fe entonces?

No me relaciono con la gente
porque no me importa lo que piensan
y prefiero no ser hipócrita
a sonreír como un imbécil.

No creo en el sexo sin amor
tampoco en el amor sin esfuerzo
me cuesta tanto enamorarme
como fácil ser olvidado.

No salgo a la calle a pasear
porque vivo encerrado en un parque
con demasiados árboles y señoras tristes
que nunca muestran su tristeza.

No confío en ningún instante
más allá de ahora mismo
y al amor ya no le espero
mientras se consume mi vida.

No muestro mi extrema sensibilidad
por miedo a que me la arrebaten
o no sepan cuidarla
y la abandonen conmigo.

No tengo fe en la belleza
sin embargo
¿Hay sentido en no buscarla?

Mundo

Mundo que no te comprendo
y te amo
como sólo puedo amarte
a través de mis ojos, manos y acciones
mundo que te lloro y pienso
tan poco y tan demasiado
cada vez que veo la inmediatez del hombre
cada vez que observo a una mujer resignada
me pregunto dónde estará la luna
quizás asustada
quizás sólo esperando el momento justo
para calmar esta humanidad hambrienta
cegada entre el abrazo del miedo.

Mundo que te imploro
que reconozco tus mares como dioses
que reconozco tus dioses como seres
en la habitación contigua
paseando en la calle un domingo de julio
vendiendo pan poco después del alba
empujando el carrito de un bebé que es de nadie
al que se le enseña a hablar antes que a escuchar
porque se le da por sabido
y se le olvida
y se pierde en el abrazo del miedo.

Mundo que callas y gritas en sueño
te oígo
te siento
tu llanto es el de mis costillas
y ahí lo atrapo y conozco
y ahí lo sufro y bendigo
mundo que te mueres
que no sabes cómo pedir auxilio
te tiendo mi mano
al tendermela a mí
para s…

Sur

Al llegar a casa, un día más,
escucho cat stevens en cueros,
fumo hachís, fiel compañero,
y nada tengo, nada me falta.

El hambre lo perdí con el miedo,
la mujer de acento andaluz,
madrileña de nacimiento,
me endulzó la noche en bulerías,
bailando al son de un vagabundo,
y su guitarra,
y su perro empapado en cerveza,
llorando a la luna en comedia,
pues el drama murió en ayunos.

Y nada me falta, porque nada tengo,
y por fin mi tristeza es nada,
y a la nada, no puedo pedirle más,
y a mi soledad, la acompaño de instante,
y más allá de ahora, nada soy, nada fui,
prefiero atraparme en una acera de madrid,
con la música y una rubia fumada,
llenando de humo mis vagos recuerdos,
y la cerveza hasta morir,
y la noche de nadie,
ni de mis sueños.

Porque nada sueño, si nada deseo,
porque mi súplica la suple el ahora,
y en el antes, perdí mi abismo,
y en el mañana, nada soy sin ya.

De la paciencia aprendí
la virtud de esperar,
y de esperar, absorví el tiempo.

Entre las sábanas de una baja pasión,
si…

Exlitio

Te amo, porque al amarte, amo al mundo,
ya no me retuerzo en un pozo sin fondo,
alimentando mi trágica existencia,
porque no encuentro lo trágico,
si en este mundo hay gente como tú,
que prefiere la salud del mundo a la propia,
porque nada me duele si alguien sufre,
porque mi sufrir es diminuto con el llanto
que puebla al mundo, sin descanso, sin compasión,
porque te amo y hasta que no te he amado,
no he amado antes, no, antes sólo me amaba a mí,
ahora sé que te amo porque sé que todo lo amo,
porque siempre estuviste para recordármelo,
y juntar nuestros cuerpos no tiene sentido,
sin antes haber juntado nuestras almas hasta sangrar,
porque te amo, y al amarte, ya no estoy solo.

Pero maldigo al mundo por no amarte,
lo maldigo en cada instante de perdón,
me duele, me duele amarte,
porque me duele el mundo,
cuando te asfixia en invención destructiva,
y tú creas, y creas, y creas,
hasta vaciarte, para dar luz y sentido,
a los que te escurecen con conocimiento.

Y por fin te amo, porque por…

Azul Amarillo

Si la naturaleza lo marca,
si la vida nace del fuego,
sentir, como cada exceso,
atrapa al cuerpo y la mente,
inamovible, congelado,
un pensamiento dentro,
un acto que no se realiza,
una emoción que se escapa,
a los designios del hombre.

Pues hombre reproduce,
reproduce, reproduce, luego piensa,
reproduce de nuevo, mata la idea,
reproduce, reproduce, reproduce,
y quizás antes de dormir,
por un instante, siente.

Y yo, que pienso, pienso, pienso,
luego siento, me masturbo, no pienso,
luego pienso y siento, siento, siento,
siempre equivocado, siempre aislado,
como un ogro en una cueva sin luz,
llena de amor hacia todo menos a mí.

Llega el día en el que reproduzco,
luego pienso y siento, reproduzco de nuevo,
siento, reproduzco, siento, reproduzco, reproduzco,
hasta que pensar se convierte en lastre en desuso,
comienzo a reproducir como cualquier otro hombre,
sin importarme lo que sentirá la mujer que lo observa,
tras una esquina, callada y triste, pues ella piensa y siente,
y siente, y siente y siente, como lo hacía …