26 de octubre de 2013

Can't be that

Otoño me devolvió a las islas
con los terrones de azucar,
los diez azules del cielo,
las nubes
y los viejos 60.

Ah, y tu cuello.

Qué bueno que volviste,
porque los días empezaban a pesar
y mi ingravidez me apretaba en la sién.

Pero la ingravidez compartida contigo,
resulta mucho más amena.

Volviendo a tu cuello,
al regusto de chocolate derretido,
como no podía ser de otra forma,
entre tus dedos.

Al Otoño fuera habiendo mojado
tu cabello quince minutos
después del despertar.

La batería sigue un ritmo monótono,
tú taconeas en mi más fondo,
a la par que abres y cierras los ojos;
sonríes,
y no puede ser.