13 de noviembre de 2013

Canción del Pirata

Estaba tumbado en la cama fría y suave
del cuarto de invitados de la casa de mi abuela,
los pliegues de las sábanas resultaban bien marcados,
con esterillas de hilos y esmeraldas
que caían en cuadraturas de severos espejos;
recuerdo que la manta y sucesivas mantas
me ahogaban al cuello,
como sólo ahogan las mujeres apegadas,
y mi abuela, tan dulce y cándida,
cerró la puerta y apagó la luz
después de decrme que no tuviera miedo
por un tal coco, del que desconozco el aspecto.

Creo que fue alrededor de los siete años,
cuando mi abuela me enseñó lo que era el miedo.

Desde entonces he visto muchos cocos,
como las miradas de la gente que viaja en el subterráneo,
o como mi mirada perpleja al exponerme a sus ojos.

Sin embargo, si le preguntase a ese niño
que se prestaba a dormir plácidamente como debería un alma,
si se imaginaba algo desconocido que pudiera alterarlo;
lo negaría como hacen los inocentes,
o las ardillas que se acercan al niño, ya mayor,
antes de que éste las pateé al estilo americano.

Y allá veo pasar de largo a aquel alma muerta,
el niño que era yo y aún soy, pero atado de manos y pies,
sollozando algúna canción de algún juego divertido,
antes de temer la hora en que prohibían jugar.

Por allá cruza el alma rota, del niño roto,
que fue pateado en el trasero por una realidad y una vida
siempre demasiado triste,
siempre demasiado adulta y recta,
falsamente pulcra y de percepciones unísonas;
pero el niño camina con la cabeza alta al pasar junto a ellos,
y sube el monte hasta la cima que atrasa a las nubes;
allá va el niño a reunirse con todo,
y a volver a nacer.

Mientras, aquí caminan los cocos, siempre con el cristal cerrado,
siempre sin ojos y sin amor en vueltas redondas siempre iguales.

Y lo que no queda de niño, que no se detiene frente a la pastelería,
que no llora para pedir ayuda a cualquier ser con oído y abrazo;
ése camina aún más sólo que cualquier alma muerta,
porque las almas muertas, mi abuela contó que nacían;
mientras los cuerpos muertos,
sólo esperan morir.