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Mostrando entradas de noviembre, 2013

Canción del Pirata

Estaba tumbado en la cama fría y suave
del cuarto de invitados de la casa de mi abuela,
los pliegues de las sábanas resultaban bien marcados,
con esterillas de hilos y esmeraldas
que caían en cuadraturas de severos espejos;
recuerdo que la manta y sucesivas mantas
me ahogaban al cuello,
como sólo ahogan las mujeres apegadas,
y mi abuela, tan dulce y cándida,
cerró la puerta y apagó la luz
después de decrme que no tuviera miedo
por un tal coco, del que desconozco el aspecto.

Creo que fue alrededor de los siete años,
cuando mi abuela me enseñó lo que era el miedo.

Desde entonces he visto muchos cocos,
como las miradas de la gente que viaja en el subterráneo,
o como mi mirada perpleja al exponerme a sus ojos.

Sin embargo, si le preguntase a ese niño
que se prestaba a dormir plácidamente como debería un alma,
si se imaginaba algo desconocido que pudiera alterarlo;
lo negaría como hacen los inocentes,
o las ardillas que se acercan al niño, ya mayor,
antes de que éste las pateé al estilo americano.

Y allá veo pas…