Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2013

Mamografía

La Gran Belleza

Para los buscadores de belleza,
los que miran al cielo;
para los que miran en las revistas,
o navegan a vela en mar abierto;
para los que pintan,
los que bailan,
o los que sueñan.

Para los músicos,
para los que sonríen al sol
o a la luna lloran;
para los vencidos,
los solitarios,
o los suicidas.

Para los religiosos,
o los místicos;
los sabios
o ascetas.

Para los artistas,
los creadores,
los pensadores,
los no pensadores;
para todo aquel,
que conserve un sentido.

Para los que alguno le falte,
para los muertos,
para los vivos,
para todos;
dejen de buscar,
dejen de pensar,
dejen de sentir,
dejen de hacer.

Sólo existe un acto,
que inevitable como el tiempo,
asegura la belleza:
hacer cosquillas a una mujer
y reír con ella.

El Desvirgado

Tac, tac, tac, tac,
el martillo pregunta.

Más, más, más,
me pide el tedio sin pausa,
la luz de la mañana a las dos,
el martillo en la cabeza,
tac, tac.

Paseo, el mar que antes era plano,
el transeunte que hace preguntas,
el olor a caracoles en salsa,
que sabe a todo y todo sabe a él.

La orquesta toca su juego,
la sala vacía, el vaso vacío,
alcohol, alcohol,
me clama una voz en mi cabeza,
tac, tac, tac, tac,
el martillo pregunta.

Una, dos, tres, siete,
los papeles sin más uso,
que evaporarse lo antes posible,
las muchachas llegan,
la música que se repite, y sólo las luces,
en paralela armonía me alimentan los ojos.

La música que se repite,
pam, pam, pam, pam,
el vaso que se vacía,
el vaso que se llena,
el vaso que ya no es vaso,
sino refugio.

Una, dos, tres, cuatro,
el tiempo que olvida su paso,
mi cabeza que cae,
la bebida que pesa,
y uno, dos, tres, cuatro,
Amal camina hacia su refugio,
al final de la sala decrépita,
dónde suena pum, pum, pum.

Silencio, el ruido cesa,
las demás chi…

Réquiem

Estas son las palabras de un muerto
cansado de morir y abatido de vida,
que eleva el tono de su estrecha agonía,
acariciándote en el recuerdo,
ausente en tus estallidos de luz,
abstracto y dividido entre cristales rotos;
que escucha los ruídos dónde solo habita,
desangrado en un charco sin voluntad,
abandonado sobre el yugo infinito,
que grita ayuda y suplica por tu sonrisa.

Es el muerto cubierto de fango,
que traga tierra y vuela desde la almohada;
sus sábanas son frías y sucias como sexo,
en la noche el silencio atraviesa su tráquea,
y él vomita sin levantar la barbilla.

Hablo del hombre consumido en mierda,
exiliado sin acreditación de un país sin vida,
que vaga solitario y hedoroso por ningún desierto,
que aullenta a los niños, apedreado,
mientras los pequeños diablos ríen sobre su tumba.

He aquí el viejo inmundo, el oscuro apartado,
el condenado al final de una fila sin fin,
que clama al cielo y al vidrio en formato de Dios,
para volver a verte, para volverte a sentir,
para declamar callado una vez más,

Desaciertos

Tiembla, tiembla
furioso enemigo,
de carne helada

Mi mandíbula se aferra a la aurora
al teatro de rostros sin vida
con ojos de anunciada muerte

Muere y huye a la eternidad
devastada de algodón y almanique,
en un refugio sin tiempo

Estalla el léxico de mi alma
en los estallidos de descanso y sábana
que rebosan de mercurio

Ya que a Dios o a cualquier enemigo
no le basta con el frío invernal
para arrebatar a los ojos su ausencia

Oh mi enemigo
deténme entre la espesa niebla
que permite mi paso sin invasión

Y que al azul del cielo
o de alguna ciudad inerte
le susurren algo dulce sin ánimo de lucro

Que tiemble el propio susurro
y la luna disuelta
y la emoción en alfiler

Ya es hora del hijo bastardo
el mayor fruto del mundo enfermo
vestido de arlequín y arrodillado

Los uniformados caminan en sus uniformes
despenalizados de pensamiento
o de una mirada sensible a la lluvia

Y la caja sigue sonando palabras
excesivamente informantes
entre luz sin sentimientos

Y por fin cae el tedio
como anestesia
para mis ojos cansados.