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Mostrando entradas de 2014

El ladrón de bicicletas

Me gustaría correr sobre un puente como en Jules et Jim.

O que se detenga la historia y bailes Moonchild como en Buffalo'66.

Pero mi vida no es ninguna jodida película,
mas bien parece una montaña que subo de espaldas sin saber cómo.

En todo caso, mi vida sería una canción,
triste, melancólica,
con un fondo negro siempre a punto de engullir a un punto de luz.

A veces sucede, que me encierro en ese diminuto punto,
y me creo que estoy en una jodida película.

Luego continúo con mi apática existencia,
esperando como una estatua en un museo,
a que llegue el momento de salir a la calle,
y beber decadentemente
con mis amigos los gatos.

Beber me gusta, como imaginar,
o trazar un plan para compartir mi pequeño punto de luz,
lentamente, pero sin pausa, entre guión y rodaje,
rodaje y guión, y así poder seguir sobreviviendo.

Mi vida no es una jodida película,
aunque me gustaría que fuera tierna y multicolor,
como la escena inicial de Le Mépris.

Y es que no, no lo olvides,
mi vida no es ningun…

Desnudo

Todo cuanto he tenido se haya muerto.
Rayos de sol, ondas en los estanques, nubes rojizas en el adviento.
He enterrado mis promesas.
He vaciado mis recuerdos de tanto usarlos.
Caricias, lunares, pieles innombrables, susurros caídos en desgracia.
Y sólo ahora, a la luz de la luna llena, he encontrado el silencio.
He sepultado al miedo
al borde del abismo.
He reído.
He escrito tantas notas de suicidio que la muerte me perdió la pista.
Gloriosas montañas, ríos de cristal, lluvia suave como el aire.
Todo cuanto he tenido se haya muerto.
Y al dejarlo morir, entre mis brazos agonizantes y desnudos, he sabido:
Que nada nunca tuve.

Drogas que gritan

Al mirarme al espejo, encuentro al tú.
¡Neptuno! ¡Neptuno!
¡Dame tu suave sosiego!
¡Neptuno! ¡Neptuno!
¡Inunda de agua mi mar!
Y a Nosotros; y a Vosotros,  encuentro en mi todo.
¡Dulce canal, la mar!
¡Bésame, bella tú que imagino, tus labios de sal, tu sol de granito, me brillan las ganas de amar!
¡Neptuno!
¡Oh! ¡Perdido Neptuno!
¡No quiero encontrarme, no quiero estar; no quiero ser definición, en tu estrella de mar!
¡Neptuno! ¡Neptuno!
¡Dilúyeme!
Tu droga me calma; tu abismo de dulce, me hace volar.
¡Neptuno! ¡Neptuno!
Sólo tu sed... sólo tu aroma... sólo tu libertad... sólo tu confusión... sólo tu perdón... sólo tu risa... solo y tu llanto...

¡Neptuno!
¡Neptuno!
¡Sólo tu olvido, me consigue hacer olvidar!

SOBRE LA DEMOCRATIZACIÓN DE INTERNET

Creo que es muy necesario que los agentes culturales adapten su capacidad de crecimiento a las posibilidades de difusión que les ofrece internet. Lo mismo ocurre con lo que debe realizar la democracia para reinventarse, y llevar la voz de cada ciudadano a la toma directa de decisiones que afecten a la sociedad. Por ello, propongo crear un proceso de diálogo que englobe a usuarios, agentes culturales, círculos políticos y a las empresas de comunicaciones, con el fin de plantear un marco estatal, aunque con miras globales, para la regularización de la red, con la plena defensa de la privacidad individual, así como del disfrute de los derechos de los que gozamos en la vida civil fuera del ámbito de internet. Es, en definitiva, la apertura de un proceso constituyente para la democratización del acceso a la red.
El acceso a la cultura debe estar al alcance de todos, con independencia del poder adquisitivo de cada uno, y de una forma que mantenga la posibilidad de crear nuevos contenidos di…

Imperialismo crónico

Si se lo quieren quedar, que se lo queden; mi vida, sólo yo puedo vivirla.
Si las riquezas del planeta, las quieren todas para ellos, suyas son, que las copen, y a sus nietos las arrebaten.
Que acumulen todo bien material, que transformen a las almas perdidas en mercancía para sus intereses; que esclavicen las vidas de aquellos cuya voluntad sucumbe al exterior; que yo me haré fuerte y libre en la inmensidad del alma.
Que llenen las mentes con veneno, que al deseo lo llamen necesidad; que abunden en todo cuanto me rodea, los llamamientos al efímero consumo; que no podrán nunca invitarme a que posea más que mi propio cuerpo.
Si lo desean, que dejen morir al hambriento, y que lo deje morir yo también, mientras sepa que el mundo muere, y que mi mirada no permanece impasible,  mientras olvida luchar por vivir, ante la humanidad sumergida  en este eterno baño de sangre.

Tu voz dentro de un sobre

¿Qué es lo que crece en mí, indefinible como el aire, que me hace buscarte en todas las miradas?
Desisto, de buscarle unas palabras, aunque ahora, como siempre, me contradiga.
¿Cómo se muere en primavera?
Te quiero. Te espero.
No sé, hasta qué punto perdí la cabeza, pero qué libre me siento desde que no la veo.
Y pasan las semanas, tan rápido, que me pesan como días, como horas.
Si tan solo supieras, cómo se muere en primavera.
Te quiero. Te espero.
Y hasta lo racional, lo correcto, se me cuela como justificación, mientras escucho la música.
La suya, la del Arco Iris,
repetidas veces, para acallar mi silencio.
Porque en mi silencio te encuentro.
Y miro al mapa.
Y no sé si imagino que a la vez que te encuentro, tú me imaginas encontrándote; y no sé si soy un iluminado, con brillantes visiones, o si una falsa esperanza me aleja de la cordura.
Y de la primavera.
Y de ti.
Te quiero. Te espero.
Y la noche pasa, como siempre, tan oscura como tu ausencia.
Y mi esperanza sigue creciendo, tan irracional, que parece cierta.
Y e…

Comodidades

Vivo con la angustia de que una explosión
de los electrodomésticos con los que convivo,
cambie mi estado y lo transforme en ceniza.
La calamidad de un accidente
me provoca terribles visiones.
Y no soy yo, solo el que se marcha;
a veces, se me aparece la figura de mi madre,
en el instante antes de que su coche colisione.
Y veo a mi abuela, caer desmayada en el baño,
y yacer sin el inabarcable alma ya sobre su cuerpo marchito.
En mi mente atemporal y siniestra,
habita un monstruo que alumbra la fatalidad.
Y quisiera tantas veces alcanzar la libertad
que me brinda la ventana y su dulce caída.
Mas no me atrevo, y sufro ante la idea de quererlo.
Es sobre estas teclas que tratan de expresarme, donde vuelco todo el miedo que hay en mí.
He de volcarlo, pues de no hacerlo, las garras del pánico me atacarían sin pausa,
y por contagio al mundo entero.
Es por ello que he de sentirme un afortunado, por no saltar por la ventana; por no ver en la realidad a mi madre sin vida entre el acero; por no recibir la not…

NO INCITACIÓN AL TERRORISMO

Me explotaba la saliva en un grito de auxilio. A penas eran las doce de la noche en la Plaza del Dos de Mayo, algunas niñas rechazaban su cariño por una bolsa de chucherías. Ya me encontraba borracho. Había fumado hachís y el mundo olía al dulce aroma de los vagabundos. Jaime asomaba por la ventana y pedía un mechero para encender el canuto de griffa, como así lo llamaba Leopoldo María, y como así la probaron tantos otros en todas las llanuras de mala sangre y peores hábitos. ¡Vivan, vivan los tesoros! Los barbudos bajan por las paredes persiguiendo mi esquizofrenia. Y los encuentro tan cómplices con lo que denominan en mí como razón. ¡Viva la música de Novák, por sonar de casualidad en esta habitación desahogada! Me voy a dormir, o a no hacerlo, porque no quiero seguir escribiendo.
Al despertar, a la mañana siguiente - ¡al Diablo! - pensé para mis adentros, mientras saltaba de aquel colchón desnutrido sobre el frío suelo de mi habitación. Los periódicos salían anunciando en su cubie…

EL INCESTUOSO BESO

Tuve un sueño en el cual perseguía a quien era yo en la infancia, y correteaba por un jardín junto a otros niños, con mis gafas rojas y mi melena rubia cortada al estilo de los noventa. Y mi niño no quería verme, no quería saber nada de mi. Yo, cada vez más exhausto, le veía mirarme, y veía su rostro enfurecido, y conocía la causa de su enfurecimiento mientras corría y corría sin darle alcance, sin más compañía en ese jardín, que ya no era verde ni alegre, sino un volcán de dolor y memorias borradas, que sólo osaban aparecer en los sueños.
En la espigada mesa que se estiraba sobre la terraza, frente a aquel jardín sombrío, afloraban las sonrisas y los comentarios complacientes entre señores y señoras de etiqueta, con quienes ningún parentesco me unía; y ahí estaban, sí, los niños sentados a la mesa, jugando y tirándose la comida los unos a los otros, y sonriendo frente a las palabras vacías de sus padres, que escupían apariencias y engaños como culebras atrapadas en burbujas de odio.…

LECCIÓN DE LIBERTINAJE

Había terminado de leer el tratado sobre libertad sexual que dejó escrito el Marqués de Sade en su Filosofía del Tocador, desde un banco de un parque cualquiera del Barrio de las Letras, cuando algo se apoderó de mis piernas, que cerraron aquellas páginas propagandísticas, y caminaron por la plaza de Santa Ana hasta el interior de una tienda de alimentación. Como era de esperar, había una china detrás del mostrador que miraba totalmente absorbida una serie de televisión protagonizada por sus con-ciudadanos. Me preguntaba qué era lo que hacía yo, detenido en mitad de aquella tienda, cuyo aire acondicionado sólo expulsaba calor húmedo y bochornoso, como recreando los arrozales del Sur de la República Popular; y no podía entender por qué mis piernas se encontraban clavadas en aquel suelo de granito, si no tenía voluntad, hambre, o dinero para comprar ninguno de sus productos de fácil adquisición. Y de pronto, apareció por aquel pasillo la ilógica razón que me había llevado hasta allí, t…

VIAJE A NINGUNA PARTE

Es en esta época absurda como todas, donde la facilidad para la distracción y la ausencia de magia se arriman en portales que estallan y se reproducen ante los ojos atónitos y siervos de una idea que ni siquiera es idea, sino simple esclavitud y prostitución de lo que pueda quedar de amor, de consciencia y de alma en los cuerpos vacíos de todos aquellos que escribimos en las noches, con los dedos sin yagas, y las palabras vomitadas en algo que no podemos doblar y tirar; observo desde la ventana:
En la calle sólo hay prostitutas y jóvenes, no tan jóvenes, que salen a tomar una cerveza y beben, y gritan, incluso insultan a las bien alimentadas señoras que les aguantan y cuyos padres bebían y gritaban, como beben y gritan hoy sus acompañantes patéticos.
Entre la plaza de Legazpi y la calle Lavapiés, decidió caminar William Alberto en busca de algo que llevar a la boca o a su polla hambrienta. Pasaba la medianoche y los demás borrachos apuraban sus botellines ante el incómodo sonido del …

Semreh

Quisiera ser la voz de mi generación, pero me resulta una labor estéril.
Me resulta tan complicado hallar en mí definición alguna; cada vez que se me invita cortésmente a que me defina, sólo puedo parapetarme detrás de alguna cortina cómplice, o bajo mi disfraz indefinido.
Espío a las chicas desde mi habitación, lo cual me inhibe para postularme a rey de baile alguno.
Cada vez que un pensamiento se posa sobre mi lengua, empleo todo mi esfuerzo, para de forma involuntaria, dejarlo caer; a continuación, un nuevo pensamiento ocupa el lugar del anterior, y sigue a sus con-pensamientos hacia el precipicio de la lengua española.
Y no puedo decir, como dijo Pessoa, que mi patria sea lengua alguna, puesto que yo habito en el limbo  que separa a las palabras, demasiado poco expresivas, para lo que mi mente habla, y mi corazón se empeña en callar.
Quisiera ser un mensajero, pero no encuentro nada que decir.
Y cada vez que algo parece valer la pena, se derrumba como un castillo de naipes, sobre mi comunicación inservible.
Q…

Simul in aeternum

Hoy has vuelto a aparecer,  raro es el día en que no lo haces. Te paso la mano por la cintura, sonríes, nos sentimos tan bien...
Caminamos... Nos miramos a los ojos, como hace tiempo solíamos hacer; espero no haberlo soñado también, no, no puede ser, no lo he soñado,  ¡es tan real! tan real como las cicatrices  que adornan mi mano diestra, que simbolizan lo incontrolable que podía llegar a ser una mitad de mí; mas ahora no, ahora todo mi ser se encuentra domado, enmudecido, soñoliento y siervo absoluto  de tu divino recuerdo.
No tengo fuerza, no tengo ilusión, y este lamento permanente,  desde que nos besamos por última vez, ya no sé si es un acto de patetismo prolongado en el tiempo, o si es simple y pura desesperación, o si es mi amor, diluido, tras haberte dejado marchar.
Es casi tan ridículo, como lo era mi cara al mirarte; eso me da ánimos, me hace sentir menos loco, me da la razón en esta sinrazón inexplicable, que se prolonga desde hace más de media vida, cuando pedía a las estrellas, cada verano, poder …

Resaca metafísica

Rencor es una palabra feísima.
Casi no veo las letras sobre esta plataforma iluminada,
Por fin entiendo el concepto de ir ciego.
Hace tanto que no siento amor.
Todo va lento. Yo, me aburro.
Beberé hasta desfallecer, y pensar del mundo como un lugar. ¡Qué más me da, bello u oscuro!
No quisiera pecar de auto-compasión. ¡Pero qué triste soy!
¡Ojalá fuera muerte!
Ojalá fuera alegre, y escribiera poemas de amor, como antes solía.
Qué triste soy.
Y si me vieráis, patético, intentando acertar a las teclas, como si ellas pudieran expresarme, reiríais, como río yo, cada mañana siguiente.

Ser, o no ser

El caos explota alrededor de mi consciencia en un tiempo único y eterno.
Se desintegra y viaja  más allá de lo cognoscible,
hasta reunirse de nuevo en el interior de una célula.
El misterio se experimenta
sobre sí mismo.
Se experimenta a través de mí, y del conjunto de mis instantes.
Se descubre a través de mis actos, en mi pensamiento,
y sobretodo, a través de mi sorpresa.
Y sólo al sentir me sorprendo.
Mi corazón bombea más que sangre, formando un lazo alrededor de mi aura.
La vela de la llama que transforma, emana un grito de cambio y violencia.
Y lo que yo llamo ternura, osa disfrazarse de miedo, para que olvide la belleza de todo lo antes nombrado.


Oscuro como Aleister Crowley

Mientras me imagina la razón,
sobre mí, cae el agua a temperatura helada.

Cada uno de los papeles
sobre los que escribo,
simbolizan mi desesperanza.

En un pasado fui rey
de algún paisaje vacío;
hoy, transito contra mi voluntad,
en una lucha endemoniada,
por ser siervo de los que fueron
mis súbditos.

Escucho, en mi mente alerta,
el sonido de una fuente sin fin.

Yo soy la gloria,
que me eleva a la servidumbre.

Y en mi acercamiento a la locura,
o a la genialidad,
la descubro desnudando mis inseguridades.

¡Y que brille, que brille la luna
si con ello logra someterme!

No veo la luz solar,
porque no quiero verla;
si quisiera,
me entregaría a ella,
como se entregó el mapa de las estrellas
a mi alumbramiento teñido de sangre.

¡Soy un hijo del sol,
y he venido a arrodillarme sobre su sombra
y sobre lo que ella de mí se apiada!

Hoy, desde un retrete cualquiera,
sobre el que ya escribí poema
en noches de soledad
y alcohol como ésta;

hoy proclamo mi abandono,
mi súbita rendición
ante los brazos q…

Be

Creo que en el último poema que te escribí como si fuera el primero no llegué ni a imaginarte.
¡Qué ojos!
Mas yo, con mi pose mística y absurda, no pude más que seguir pensándote.
¡Y qué sonrisa!
Lamentable, es el hecho
de que te escriba estas palabras  al amanecer del sábado; pues sólo con la sabia luna, aflora lo que a mí no pertenece.
Como tus labios, inquietante enigma y carnoso; los besaría hasta desgastarlos.
Como tu piel, suave hasta el inconsciente.
Brillo, sé que brillo, después de verte.
Y tu melena, andaluza y azabache, me consume, en mar de ilusión.
Sólo me queda la almohada, y tu dulce presencia, que como aquella vez, se aproxima iluminada.

SOBRE LA DESEVOLUCIÓN ÉTICA

Es un hecho innegable que la raza humana evoluciona. Como también evoluciona el planeta sobre el que se encuentra, así como el entorno que lo acompaña y del que se puede nutrir. Es innegable también, que dicho avance inexorable, sufra de unas proporciones temporales demasiado lentas para lo que su propio concepto del tiempo es capaz de soportar. Alguno de los hechos que así lo acreditan, y que la mayoría de la población puede dar como válido, es la evolución de las especies, según el planteamiento publicado por Charles Darwin, el 24 de Noviembre de 1859, durante el mes de Sagitario (el arco del arquero); que en términos de lo que aún hoy se interpreta como místico, es temporada propicia para la expansión cognitiva a nivel global.
En base a este planteamiento de progreso, el ser humano ha sido capaz de desarrollarse e innovar, siempre con la colaboración de sus propios semejantes. Es por ello que ha aprendido a labrar, y a sembrar el campo; o incluso a cazar en grupo. Hoy en día no son …

Conóceme

Me recreo en mi juego, nadie nunca llenó a ganarme; sólo acumulo derrotas sentimentales que me hacen sentir pequeño,  muy pequeño.
Pero, ocurre una luz; tus carnosos labios despiertan a mi animal; tu olor, lo convierte en indomable; tus ojos, lo calman por fin.

Y yo, con mi hábito nihilista, te rindo homenaje en esta noche; te la regalo; y te pienso, como piensa un hombre muerto a una mujer viva; te pienso y todo carece de razón.
¿Por qué?¿Por qué?
Preguntan los que no te vieron; los que sí, quedaron mudos.
Es por ello, que el hecho de escribir estas vagas palabras, me convierte en un genio, como ya sé que lo soy; ¿pero qué valor posee toda mi genialidad, o la de todos los grandes, si no se funden con tus labios, o se dejan encontrar por tus ojos, sublimes como el amor?
Ninguno.
Miro tu fotografía, y sonrío, e imagino que ríes; porque no puede ser de otra manera.

Sin título

La expectación atrofia cada uno de mis músculos;  la tensión a la que me someto de manera involuntaria es fruto de una próxima visita que recibiré en mi hogar.
Fumo una calada de marihuana; mientras, mi compañero duerme.
Una vieja amiga se dirige a verme; compré cervezas en un alimentario cualquiera, regentado por gentes de la China.
¡Ah, quién pudiera viajar  y olvidar por completo el lugar del que partió!
..
En el subterráneo todos guardaban silencio; leía mis primeras páginas de Lord Byron,
mientras viajaba por la España próxima a la invasión de Napoleón; y navegaba por sus gentes,  tales como las de ahora, pero imaginadas por un inglés.
Una señora atrajo la atención de todo el vagón, comentaba la situación de enfermedad en la que se hallaba su marido, y la falta de pan para sus hijos. / Su alto tono de voz debió de resultar molesto para mis contemporáneos, que callaban en silencio y con entregada devoción.
Quizás pensarían en sus razonamientos, que al estar leyendo y no tener monedas; y que al haber hecho…

Primeriza

Los almendros avecinan su crepúsculo;
en la avenida, dos agentes del orden confiscan  un vehículo cualquiera. 
Observo desde mi ventana aquella tarde de septiembre, y veo a mi madre llorar,
sentada sobre un banco de piedra.
Dignamente, se seca las lágrimas y se yergue frente al hospital; su pose me recuerda a la de todos aquellos generales que lucharon y perdieron en todas aquellas guerras sin nombre o recuerdo.
“Y que no me entregue Dios, todo lo que soy capaz de soportar”
Me decía mi madre, con una voz  suave y religiosa dentro de aquel uniforme.
Ya en mi ventana, escucho a los hombres, borrachos como mi adolescencia, levantar la voz durante la madrugada.
Entiendo que mi madre nunca bebiera;
lo que no comprendo, al observar 
el paso del tiempo en los almendros,  es por qué mi madre aún oculta sus lágrimas...
...a pesar de lo bella y frágil  que la ilumina la luna, cuando la ve llorar.


Mi sostenido

Algo me impide salir de la cama; he conocido situaciones similares,
como la depresión.
Pero esto que me sucede
no lo llamaría así.
Apatía quizás.
Lo cierto es que tanto ahora, como en aquellos momentos especialmente trágicos en mi mente, prevalece en mí el deseo de morir.
Pero no es algo que vaya a hacer, pueden estar tranquilos.
No tengo el valor suficiente;
y la curiosidad por conocer mi límite natural y el morbo que me produce vivir fustigado, son razones de sobra para seguir viviendo, así como para quejarme por ello.
Ay…
Si por lo menos supiera manejar bien la guitarra, podría anular mi necesidad de diálogo.
¿Cómo amar a la soledad y a la vez odiarla?

¿Quién habla a través de mí?

Enfermo

Me arde el pecho.
Fui madre en otras vidas.
Aún hoy, cuando sujeto entre mis brazos los frágiles huesos de un bebé,
se me encharca el alma entre mis costillas.
En esta vida, me ha tocado ser un miserable,
pues nada me falta, tengo familia sana,
amigos fieles, casa, tabaco y comida.
Sin embargo sufro, sufro por todo;
levantarme de la silla en la que escribo
y dirigirme a cualquier otra labor,
me causa culpa.
Dos gatos viven conmigo,
yo les alimento, ellos subliman
mi necesidad de compañía.

La apatía es lo más cercano
que se me puede señalar.
Me causa pereza hasta imaginarme escribiendo.

¡Ah! ¡Quién fuera piedra!

Agorafobia

Cada parte de mi cuerpo que está encogida y asustada,
que fue violada en trauma,
reprimida, débil y escondida,
me pide ayuda,
me suplica clemencia,
me lleva hacia el sol.
Mis dedos comienzan a arder,
se convierten en polvo, suben en espiral,
me disuelvo con el silencio;
baila una luz entre mis nervios,
mientras mi sangre derrama angustia.
Abiertos los ojos,
abrazado lo que se posa frente a mí;
lo que agarrota mi espalda, lo he invertido.
Mientras escribo, suenan los Kinks; yo me disuelvo en un mar de espeso humo.
Bailo y canto y callo sentado sobre mi silla, bizarra como lo que me agita en palabras secretas.
Sé que fuera me espera algo,
he alcanzado a intuirlo.
He decidido no creer nunca más
en lo que dice la maldita caja, ni en sus malditas ondas que absorben la inquietud.
Sin embargo, y pese a haberlo intentado,
soy incapaz de pisar un pie ahí fuera;
sólo al calor de la noche, ¡oh, sí! ¡la dulce noche!, soy capaz  de entregar mi cuerpo asustado a la falta de sensibilidad
que ocupa las calles de est…

Melancolismo

Hoy hace un cielo gris y calmado;
el viento acaricia mi piel como a los árboles,
sin distinción alguna entre nosotros.
Me reconforta, con su leve abrazo,
como el que yo no me brindo,
ni me permito brindar a los demás.
Bailan en mí, las hojas secas,
como mi corazón humedecido.
Y yo me pregunto, en esta mañana
que ya es tarde, cómo hacer para morir
suave y dulce como el otoño.
Soy una burla de mí mismo;
mi alma sangra cual tormenta,
y como rayos mortíferos,  me atraviesan las dudas.
Y pienso, y me pregunto,
¿qué es a lo que no me entrego?
He visto, al salir la noche,
a la ciudad vestida de luces
recibirme con honores de príncipe.
Pero me he embarrado;
he bajado del cordel que nunca tuve,
he paseado mis cansadas piernas
por el lodo que cubre la desgracia
que ya no me sorprende.
Soy un condenado,
un hombre de fe sin creencias,
un científico, con el más sofisticado laboratorio
y nada con lo que experimentar.

La tarde va cayendo, gris y calmada;
mi pena, que es sólo mía,
me devora decididamente.

Anotaciones de cuarto de baño

¡Ah, si yo fuera tan noble
y alto como los versos
de aquellos autores que envidio!

De mis melenas brotarían
las palabras, como alientos
de olor a jazmín temprano.

¡Qué dulce fue ser
cualquier cosa!

Y a su vez, nada yo fui;
qué triste abandono,
qué dulce amargura.

Como flores que
caen de ningún
árbol, a ninguna
bella mujer,
así me siento.

Así soy, pequeño,
calvo y de sociabilidad
difícil.

¡Qué duro me resulta
estar entre parlantes
y sus conversaciones
que no abarcan lo que mi alma pide!

Y sin embargo, qué vacío se siente
lo que en mí ya no habita.

Ya no soy nada
de lo que nunca llegaré a ser.

¡Ojalá fuera el poeta que cabalgaba
en un oso,
o el que se desangra en cualquier
carretera sin recuerdo de nadie!

Soy un germen,
un parásito;
soy la sonrisa de la bella mujer
que olvidó sonreír,
y me mata con su ausencia.


Desconozco

He conocido a Dios,
lo conozco.
He escalado hasta hundirme,
he sido lo peor que soy;
que aún asoma.
He visto en el Iris del otro
el mismo que el mío,
he sido la profundidad que nos une;
y todavía lo intento.

He muerto tantas veces que no vale la pena
seguir recordándolas.
¡He nacido tantas otras veces más!
He escuchado a los hombres hablar de iglesias,
y de guerras, y de odios entre ellos mismos,
por el mismo Dios que no logran encontrar.
¡Pero si utilizan igual palabrería! ¡Y hasta ellos lo saben!
He estado en silencio;
he conocido:
la verticalidad que me nace de los pies,
que vuela hacia el sol sin diferencia alguna
con el más majestuoso árbol,
o la más delicada flor.
He salido a pasear por la ciudad,
y hasta en los rostros
de los que no expresaban religiosidad alguna en su mirada,
hasta en ellos, lo he visto.
Y en las máquinas que van bajo tierra,
y en las miradas que no se atreven a encontrarse,
hasta en su miedo, he conocido a Dios.
He sentido el vacío tan lleno sobre mi piel,
me he soñad…

Límite del significado

He de encontrarme una serie de virtudes,
que sólo oso mencinar en estado de embriaguez.

Durante los momentos que dedico a la escritura,
afloran únicamente aquellos adjetivos, que otorgo
a mí y a los que en mí habitan, cargados de tristeza;
con el fin de describir mis bajas pasiones
y mis desesperanzas.

No obstante, tras todo el mar de muerte
que se ahoga frente a mis ojos, en apariencia humillados,
navega un pequeño velero, que refleja la luz de un faro.

Y el farero, que en su interior se encuentra,
a la vez que el barco, descansa su entrepierna
en un mar solitario y cansado.

No existe espacio en mí, para describir en palabras
lo que engrandece mi alma;
y cuánto más trato de reflejarlo,
más profundo se hunde en mi silencio.

Es por ello, que decido en esta noche del mes de Virgo,
abandonar a ninguna suerte lo que no soy capaz de decir.

Mientras tanto, lo que siga brotando,
como el vómito de un indeciso y borracho,
que brote, que brote
y con su hedor, me cause naúseas.

Pues lo que cons…

Astrea

Cansado de la espera, atormentado,
vaga mi alma en pena hacia el pasado;
no encuentro en el presente fruto,
ni descanso.

Basta un soplo de aire, un susurro,
para que mi cuerpo caiga oscuro,
como lodo arrinconado.

Silencio en lo que no recuerdo,
ni en lo que he olvidado.

Se parte en dos el árbol maduro,
carcomido por dentro, lo labrado,
lo que no fue arrancado,
ni ayer ni hoy disfruto.

Rema hacia poniente el olvido,
sin ser olvidado,
ni atormentado, o removido,
de los pies del marino cansado.

No hay mar ni barca ni anzuelo,
no hay carne en el humano,
que salta de sueño a murmullo,
sin nunca haber perdonado.

Por proa se cae el pasado,
por popa el futuro no asoma;
la fortuna del desafortunado,
nunca vio luz ni olió aroma.

Surca las olas sin barco,
mueve sus alas al viento,
cae al olvido el ahorcado,
hijo de su propio tormento.

Silencio en la tumba del muerto,
que a sus heridas ha sucumbido.

¡Qué dulce fue haber amado!

¡Qué duro fue no ser olvido!

Ceniza

Mi espera es trágica.

En ocasiones, una nube de cinismo
puebla mi sonrisa y se extiende hasta mi rutina.

Hace tiempo que no salgo de casa,
por lo menos no a la luz del sol.

Esta vida me quema, pero sólo al quemarme
me siento vivo.
Sé que hay gente ahí fuera,
gente que a veces sonríe,
pero que también tienen sus penas y todo eso.

También es una palabra que no soporto,
todo es tan único,
y sin embargo no deja de ser lo mismo.

Mi familia es la soledad.

Sé que espero algo,
pero todavía no acierto a adivinar de qué se trata.

A veces tengo tanta fe en aquello que nunca conoceré,
como me encierro en mis ojos enfurecidos,
que cansados niegan hasta lo que han alcanzado a ver.

Soy un despojo de mis sueños,
un vago retrato de todo lo que he imaginado.

Y todo aquello, se encuentra muerto,
junto a mi voluntad y mi apego.

Tan muerto, tan profundamente disuelto en la nada,
que ya no tengo propósito de tiempo.

Que venga, que pase lento y me deje sus marcas,
que muerda mi inocencia y la pisotee hasta…

El circo de la alegría

¡Pleitesía y ofrecimientos de sexo!

¡Bienvenidos a la ciudad!

¡Dejen a sus niños frente al televisor
y salgan a disfrutar de los luminosos carteles!
¡Beban! ¡Compren! ¡Sean felices!

Imiten las viejas costumbres de sus antepasados;
si sus padres pegaban a sus madres...

¡Imítenlos!

Si les enseñaron que para triunfar hay que ganar...

¡Aplasten a sus competidores y triunfen!

¡Anuncios! ¡Más anuncios!

- ¡Rápido, hay uno allí que no cree en la posesión!

- ¡Un inmaterialista!

- Llámenle Diógenes y tómenlo por tonto.

- ¡Buh! ¡Tonto! ¡Tonto!

- ¡Sigamos comprando o acabaremos pobres y sucios como él!

¡Vendan! ¡Compren! ¡Sean felices!

- ¡Eh! Trabaje durante todo el día y que sus posibles ascensos,
   sean su mayor preocupación durante toda la vida.

- ¡Gracias por el consejo! /

/ Pise a los demás.

- ¡Tranquilo, descanse un rato! ¡Tómese un trago!

- Encienda el televisor.

...

- Recoja a sus hijos, - ya viejos,
ya no niños, sino intentos rabiosos
por no ser la copia que usted programó.

No se arrepienta.…

Oda breve al ron

Dulce brebaje de perdición y abandono,
a ti te debo mi más tierna compañía,
contigo solo,
contigo me basto para bendecir la noche,
contigo solo,
me resulto conocido oído con quien hablar.

¡Mas no hablo! ¡Deliro!

¡Y qué dulce delirio!

Odio, si es que algo odio,
tener que estar en sociedad,
y aparentar ser algo,
cualquier cosa, y como tal,
procuro a todos molestar.

¡Qué sincero abrazo me brindas!

¡Qué sosegado tu silencio en mi parlante necesidad!

Y sólo a ti, querido brebaje,
sólo a ti te encomiendo la misión de salvarme;
de salvarme con tu lenta muerte.

¡Pero tan deliciosa! ¡Y sin necesidad de explicación!

La conversación me mata,
la banal, me aburre como calor asfixiante;
la intelectual, me enerva a la quinta esencia.

¡La conversación del alma!

¡Oh sí, la conversación del alma!

En ella encuentro el sosiego que me abunda,
en el hablar de los ojos, sin palabras ni burlas,
en la mirada firme y el temblor de mis manos,
ahí reposa lo que de verdad soy.

¡Pero hay tanto ruído!

¡Tanto incordio alrededor de mi alma tr…

Bacterias

No existen paraísos ni infiernos
más allá de la mente.

La del ser humano /que ni es, ni humaniza/
da por bueno el uso de armas entre sus hermanos.

Es la lacra de este mundo, nacida del miedo,
del desconocimiento de uno mismo:
el único lugar hacia el que no nos atrevemos a mirar.

De ahí nace el odio, la guerra,
el egoísmo de comer el primero.

No obstante, sí existe un lugar, un momento
nacido de la gloria,
en el que el ser humano se observa
y se gusta.

Existe un momento, un lugar,
comparable a la guerra en pasión y abandono
donde cuerpo y alma exhiben su unión y grandeza.

Existe un instante en el que somos capaces de amar.

Mercurio

Soy el hijo bastardo de una discusión,
acalorado sexo, y distancia.

Muerto me hallo entre las flores que no supieron hablar,
que escucharon las desgracias del mundo y las propias,
y decidieron callar en un mar de pétalos suicidas.

Pude abrazar, o llorar, como la luna;
comunicar a los cuatro vientos mi verdad,
pero la encontré falsa.

Como falsa era mi sonrisa, o mi broma banal,
auspiciada por la gran mentira que fue no estar en silencio.

Ahora lo veo todo, tan serio, tan elevadamente serio
en su minuciosa sincronía,
en su hálito,
en su continua rueda de sangre que va y viene sin pausa.

Marcho a encontrarme,
aún sin haber partido nunca hacia lugar alguno,
para regresar sin camino.

Pero nada es lo mismo.

Fui una burla de mí mismo,
de lo que quise ser y logré por convicción;
la errónea fe de un abuso
tras ser violado en mi niñez,
no con falos ni puños,
sino con una realidad
demasiado triste y temprana.

Tuve tiempo de salir a la luz del sol,
y lo encontré alegre, jovial,
desvestido de la …