25 de enero de 2014

Amor se fue a por tabaco y no volvió

¡Ah, soy tan inútil en todo aquello que no sea amar!

Muy a favor de mi deseo, prefiero acumular cual ávaro,
y sólo pierdo.

¡Qué misfortunio el mío!

Si en algo poseo virtud, es en la capacidad de servir,
mas no sirvo ni a mis propios sueños.

Al despertar, esta mañana,
reconocí un pequeño bulto entre la oreja y el cuello,
¡Cómo no iba a asustarme!

Esto seguro que es un cancer,
todo el mundo habla de ello,
la gente hasta se permite mutilar lo todavía vivo,
por temor a esa palabra.

¿Cómo no iba a tenerlo yo?,
si espero una razón para que el amor me lleve consigo.

Bajo la lluvia de Acuario y el sol de Madrid en invierno,
me dispuse a salir de casa al quinto día de refugio.

Al llegar a la consulta, descubrí que todo había cambiado su lugar,
salvo los focos y las señoras, que me señalaban como antaño.

El doctor Cutillas no ha llegado, me dijo la enfermera tras ubicar el día,
¡Qué suerte la mía por no ser el único
al que tanto le da miércoles como domingo!

Regresé a mi hogar,
y al pasar bajo el puente y ver a mi vecino autista,
de apenas diez años y una críada inseparable y seria,
reconocí en su mano un aspaviento al aire,
¿Quizás un saludo? ¡Qué si no!

Al diablo, le saludaré también,
pero no, ¿y si no saluda? ¿y si es un simple movimiento aleatorio?
¿y si se despide del vehículo que me lleva?
¿o de la puerta de metal granate que me abre su paso?

El niño ya ha desaparecido,
sepultado entre mis pensamientos como una bomba incendiaria,
el niño ha muerto en lo que veo y siento,
se marchó con mi voluntad de servir,
aquella única virtud que resistió a mi adolescencia.

Ni si quiera estoy mojado,
porque he perdido el contacto con todo
y la lluvia ya no es lluvia sino paisaje lejano.

El amor ya no es amor,
el amor era mi mayor virtud y mi único camino.

El amor ya no lo soy, lo perdí con el saludo de un niño,
que a su vez saludaba al niño que una vez fui
y murió en la consulta de un médico.

¡Qué lástima de ser!

Allá va el que no ama,
cayendo triste hacia el olvido,
sin servirse ni un mísero adiós.

18 de enero de 2014

Epitafio

Llegado el día en que el fuego me cruze mortalmente,
cuando la llama del cambio incinere una nueva regeneración,
y el viento arrase mi nombre y mi cuerpo,
lo que quede de ambos,
lo arrojen al mar Mediterráneo,
donde mis pies encontraron el final de las olas,
justo dónde volvían a comenzar;
allá me arrastre la corriente y el olvido,
tranquilo por fin, devuelto al todo en cenizas,
y mi conciencia que habite nuevas fronteras
tras caer en remolino dónde no hay palabra ni lugar.

Que Plutón destape todas mis carencias al morder el fruto
disecado  de mi cuerpo en partículas de aire,
dispuestas a volver a cambiar.

Que Saturno me brinde una despedida gloriosa,
con el eterno descanso del que ya no piensa,
porque ya no es, singularmente,
sino que el pensamiento del mundo,
aquel que dibuja las nuevas conciencias,
es el experimento de si mismo sobre la marcha,
sin división en diminutos egos;
que suba la cabra a la cima
y se permita volver a caer.

Poema a la mujer que nunca llegaré a conocer

Yo te llevo dónde tú me pidas, mujer,
pero asegúrate de que hagamos el trayecto a solas,
porque tu sonrisa me distrae al volante,
y yo siempre he conducido hacia el abismo,
por lo que no quisiera llevarte conmigo, contra tu voluntad.

Pero si tu voluntad es sonreirme,
y chocarme la mano cuando lo demande,
te subirás en mi esfera de silencio y música,
y juntos reiremos a la sombra del tedio,
antes de agitar tu voluntad,
en direcciones opuestas, removiendo el aire.

Y no me sonrías,
te lo suplico,
porque nunca llegaré a conocerte,
y la posibilidad de hacerlo algún día,
contra la voluntad del destino,
me abruma.

Pero ya te amo,
sólo por tu sonrirsa,
y tu dispuesto silencio;
no sólo me das alas,
también me revives.

Qué poco me sirve,
para despertar mi noche,
y que la oscuridad de mi cuarto,
se convierta en sonfonía tuya,
o mía,
o del simple recuerdo.



17 de enero de 2014

Luna de la mañana

Nada me produce más terror
cuando mi mente habla
y mis recuerdos caen,
nada me resulta más temible
que apartarme de ti.

Resulta una contradicción,
pues me aparté al llegar
para continuar mi camino solo
y solo no puedo,
sin tu abrazo, tu caricia,
sin tus multiples sustituciones,
en formas de belleza inimaginables,
como el sol entre un día nublado,
o la arena de una playa jamás pisada con anterioridad,
me separo de ti,
irremediablemente,
apegadamente,
acobardado.

Y me faltas siempre,
hasta cuando estás ahí si no hay nadie,
o grito auxilio encerrado en mi silencio.

No sé cómo alejarme,
si de tu amor vengo,
y en tu mano estoy.

He probado distintas formas,
agarrándome a madres de reemplazo,
siempre intensas hasta la locura,
o dañinas como el vicio;
quizás porque yo me daño como nadie,
quizás porque quise hacerte llorar,
como yo lloraba a las puertas de la madurez,
demasiado pronto,
con mis gafas rojas y mi cabello fino y de sol.

Hoy el pelo me sale del revés,
duro y negro me ata al suelo,
mientras mi imaginación vuela, aún en la infancia,
contra un muro de hormigón y abandono.

Estoy atado de pies y manos y corazón,
de razón y sinrazón me alimento sin término medio,
acribillado entre la locura y la ceguera,
sin más salida que acostarme de nuevo,
como cada noche durante los últimos veinticuatro años,
en una cama que no me ofrece garantías de volver a salir.

Mientras tanto afuera sale el sol,
con su tenaz propósito de crear más vidas,
más libres y más conscientes cada vez;
y yo me consumo en una habitación,
dónde en verano hace calor
y en invierno frío,
algo tan lógico,
como que el niño sea hombre,
y sus miedos,
simples recuerdos de algo que debió morir.

Hoy me separo de ti, madre,
y de todas las que ocuparon tu puesto,
durante media vida o una fugaz sonrisa,
y te digo adios,
mientras camino hacia lo inevitable,
lo que me separa de ti,
lo que de mí ya no existe;
te digo hasta luego, madre,
y allá dónde no cabe la nostalgia,
y las aves vuelan en silencio sobre el mar,
nos encontraremos juntos de nuevo,
si el camino habrá de llegar
a cualquier glorioso final.



4 de enero de 2014

La Danza de Julia

He visto un universo bailar sobre mis manos,
lo he visto reír y cantar,
seducir a la palabra hasta calmarla,
lo he visto siendo yo tan hormiga,
y el universo tan mundo,
y la vida tan muerte,
y la oscuridad tan luz.

Lo he visto y no soy capaz de recordarlo,
lo he visto al dormir,
y en la cara de un niño gitano.

Lo he visto en la sonrisa macabra de un funcionario del orden,
lo he visto en la mirada extinguida pero abierta de los buscadores
de basura,
lo he visto en la lluvia sobre mi cara y en mi vaso de ron,
lo he visto al cerrar los ojos;
miento, nunca llegué a ver el universo,
pero lo escuché latiendo;
miento, no lo escuché pero lo sentí entre mis dedos;
miento, no lo sentí sino que adiviné su olor sobre la lluvia;
miento,
era la lluvia;
miento,
era mi yo amándolo todo
a través del universo.

Miento, era el universo amándome todo y siempre,
a través de este cuerpo que bebe café y hoy no vió el día.

Miento, eras tú al leer estas palabras que no son ni tinta,
pero nada es mentira ni verdad,
porque he visto al universo bailar alrededor de mi mano,
y el universo me hizo girar.