30 de marzo de 2014

Un sueñño

¿Cómo es posible que su recuerdo aún recorra cada fibra de mi pensamiento, cada gramo de inconsciente, cada tonelada de no olvido que alberga mi cabeza en noches como ésta?

La pregunta alberga por lo menos una respuesta en su interior.
¿Será ella distinta, acaso otra, de lo que mi memoria me habla?

¿Será su piel menos suave, sus ojos menos claros y su sonrisa menos la propia definición de sonrisa y hermosura?

La pregunta me come, la inquietud y la lejanía me arrastran al lodo.

Hasta en mis sueños pierdo la cabeza y la sinrazón si ella me mira, y está a lo lejos y me sonríe. Y si me acerco a ella y ella me habla, entonces el universo se detiene, y mi anterior sueññño se queda observando sin poder hacer nada, atónito ante semejante hipnósis. Allí quedan las mujeres con las que soñaba con simple guarro y juego sexo, allí quedan mirando con rostro perplejo como yo la amo, como yo la escucho y la miro, como la hablo y sonrío, como acaricio cada palmo de su piel sin caer aún desmayado al suelo, y la beso, y no puedo creer que sea posible que aún la ame tanto y lleve tanto sin verla o cruzar una palabra sincera y llena de amor, como en mis sueños, aunque luego despierte y ella no esté y yo no sea el mismo.

¡Pero cuánto la echo de menos!

...pero cuánto la sigo amando en silencio y distancia.

¡Qué es el olvido y qué es el recuerdo, sino yo mismo dibujando a mi antojo la triste realidad!

23 de marzo de 2014

Arlequín

Todo es burla.

En mi pensamiento abunda la estupidez,
lo exterior me produce un desaliento,
la lluvia o la risa,
todo es burla ahí fuera y aquí dentro;
en los políticos que no hacen política
y cobran un sueldo vitalicio,
en mis actos de falsa honradez
esculpidos en lodo de ignorancia,
todo es burla en mis palabras,
en mi mueca,
en mi silencio.

En la mirada de la señora que sale del supermercado
y grita a su hijo como la gritaron a ella.

En la inocencia muerta del mundo,
todo es burla.

18 de marzo de 2014

Sobre el amor de gato

El amor, qué no se ha dicho del amor.

Del amor del tiempo y de la experiencia,
del amor de la madre que abraza a sus hijos,
del amor de un instante,
de un reflejo.

Qué no se ha dicho del amor ya,
sólo se me ocurre hablar del amor que yo no he escrito,
aquel que profeso por dos hombres.

Nada nuevo, teniendo ya otros dos hombres
a los que comencé a amar hace 22 y 11 años,
y que aún hoy amo con locura.

Pues a estos dos, tan faltos del abrazo del mundo,
como yo lo estoy;
tan desprovistos del ladrillo para no sentir,
tan cercanos a la infancia que les arrebataron,
como a mí la mía;
con una bofetada por montera en la mejilla
que rompío más que una lágrima.

Amo a estos dos hombres, a mis dos amigos,
que cabalgan conmigo sobre un caballo imaginario,
por las calles de Madrid; como los viejos hidalgos,
o los pintores y poetas que vertieron su ingenio en las esquinas,
compartiendo su amistad y saber con sus hermanos mendigos,
como ellos mismos, sin comprensión, ni abrazo.

¡Ay, mis hermanos!

¡Mis flores de sol y de luna!

Nada se ha dicho del amor,
y nada se había escrito,
nada dicen mis palabras,
que nuestro alma no haya ya dicho.

Llamar loco al cuerdo

Hoy los hijos de Leopoldo hemos bebido,
él le dio a la leche, después a la coca-cola,
después murió solo.

Antes de todo eso, decidió acortar sus días
con heroína,
entonces todos le señalaron y le anunciaron un pronto adios,
tardío resultó para ellos, incluso para sus propios hermanos,
para mí, en cambio, resultó demasiado raudo,
sin esperar si quiera a compartir un silencio.

Antes de la heroína, Leopoldo probó la grifa,
y su madré le mandó al manicomnio,
atormentada y atadas sus vísceras,
por un poeta de pega condescendiente con el que oscila el poder,
de padre cobarde y ausente, y madre cobarde y fuerte,
como los que gritaban en mi infancia.

Y ahí estaba mi hermano Leopoldo,
géminis hasta perder el sentido,
agonizando por el dolor del mundo,
demasiado cuerdo,
demasiado sensible.

Y ahí estaba él, simplemente observando,
dejando que la erosión y el desgaste,
o la tragedia y la culpa,
absorbieran su abatida consciencia;
y su inteligente instinto,
hasta en la más decadente de las miradas,
o el más triste abandono,
donde sólo él, desde Fernando,
encontró la verdadera compañía:
la de uno solo.

3 de marzo de 2014

Como un amor sin forma

Y lo solito que me siento,
como si hubiera nacido solo
y solo me fuera a morir,
sin ropa, casa, ni moral,
sin madre, amigos, ni hijos,
solo me marcharé,
solo vine, solo estoy,
y sólo un abrazo me falta.

Mimos, caricias, susurros,
abrazos, sexo lento y ojos clavados,
¡besos! ¡besos! ¡besos!

Y lo solito que me siento,
cuando en mi cama no hay nadie
y en mis sueños se repite
el amor de mi vida y su rechazo,
y yo quiero morir o marchar con ella,
lejos, lejos, lejos.

Y lo solito que me siento,
cuando salgo a bailar y no bailo,
ni hablo, ni miro, ni toco,
y bebo, y bebo, y bebo,
como excusa para no hacer nada,
y volver a mi solitaria cama
y a mis sueños,
a volver a perder
y a volver a beber,
y a que te escapes de nuevo,
y yo,
lo solito que me siento.