28 de abril de 2014

El revisor sin alma

Soy un psicópata, pero siento amor.

Es una de tantas paradojas que vuelan alrededor de mi cabeza,
como los golpes violentos en los dibujos animados.

¡Lo único que vale es el tiempo!

Y yo caminaba naúseabundo por la calle Hortaleza;
compré tabaco.

La Gran Vía.

¡Qué triunfante la Gran Vía!

Y sus gentes, caminando sin rumbo hacia perder la consciencia.

¡Qué bello no sentir! ¡Qué bello no pensar!

Me detuve ante un aparente vagabundo,
pero sólo eran libros.

Giré sobre mí mismo en un acto acrobático,
seguí caminando.

Avisté un letrero colgante, que señalaba el veintitrés de abril,
como la noche de los libros;
porque siempre necesité una explicación.

El autobús tardaba en arrancar,
aún así corrí hasta subirme.

- Su billete. - Anunció un hombre sin aparente alma.

Le entregué una paradoja,
luego regresé caminando desde la plaza de Atocha hasta la de Legazpi.

Antes, había rogado amablemente al uniformado que llamase a la policía.

Es inexplicable el placer que se siente cuando hasta seis uniformados
detienen su irremplazable labor para entregarle al que escribe el gusto,
de hacerles perder su valioso tiempo.

- Porque no se equivoque, señor sin alma, no es el dinero lo que suma valor,
son su tiempo y sus nervios los que iluminan mi noche.

¡Qué placer hacer uso de la ciudadanía!

¡Qué gusto ser una hormiga irremplazable!

15 de abril de 2014

Propaganda

¡Las fronteras no existen!

Sin embargo, he escuchado en la televisión
a diversos personajes públicos e ilustres hablar sobre ellas.

¡Qué digo ilustres! ¡Ilustrísimos!

Supongo que el convencimiento de escuchar a alguien
hablar con tanta notoriedad sobre un asunto
debe convertirlo en verdadero para la población media.

¡Sin embargo, qué falsa suena toda su palabrería
en los asuntos derivados de mis sentimientos!

En mis sentimientos, no puedo tocar o ver frontera alguna,
sólo escucho a los ilustrísimos Señores hablar de ellas,
y alegan que sería un escándalo abrir las supuestas fronteras,
porque todo el mundo circularía libremente por la tierra.

¿Qué delirio, verdad?

Los hijos del planeta tienen prohíbida su entrada en ciertos lugares del planeta mismo
[también conocidos como estado o nación] en función de su lugar de procedencia.

¡Ah, cómo reirían los intelectuales feudales,
 si miraran hacia atrás y vieran semejante absurdo histórico!

¡Y los sensibles, los que vivían horrorizados por la inquisición,
cómo sangraría su alma al ver los atropellos de nuestras generaciones!

¡Bendito progreso! ¡Bendita tecnología!

¡Quiero comprar más y más! ¡Eso sí que me hará feliz!

O eso deduzco de las palabras de los ilutrísimos de la televisión,
que venden productos con sus bellos rostros sin paso del tiempo o de la conciencia.

¡Las fronteras no existen!

¡¡¡ATENCIÓN!!!

AVISO PARA LOS TIERNOS:

/anestesia/ o /acción/

12 de abril de 2014

Meditaciones

He meditado que era una planta
y que por mi ano enraizaba al mundo
y en mi garganta y en mi boca al cielo
creaba oxígeno metafísico al final de las estrellas.

Y ese mismo oxígeno, una vez superada la elipsis
volvía a mí en dirección opuesta a la que había marchado.

He meditado que era una luz negra
o una luz tan blanca que no alcanzaba fin.

He meditado ser mosca o halcón.

A veces me sucede
que al salir a la calle
medito ser las personas que observo,
como el señor que camina encorvado desde la frutería
hasta su solitario piso de hombre viudo.

Tan solo unos segundos después soy la señora afable
que camina dando con un bastón al suelo
hacia su solitario piso de mujer viuda.

¡Qué gusto sería poder unirlos! ¡Y vencer la dictadura de la soledad por desconocimiento!

He meditado ser un bebé
y descubrir a cada segundo nuevos secretos.

He meditado estar en un vientre, y antes del vientre,
en la reconciliación con el óvulo.

¡Me estoy meditando siendo vosotros!

Ahora, mientras escribo
es el mismo instante que sucede mientras lees estas palabras.

Ahora eres tú el que me meditas
y yo te medito a ti
y nos unimos en palabra,
o símbolos, o sentimientos, o pasión.

¡Ahora todo nos une! ¡Nos está uniendo!

Ahora medito que soy el amor
y me diluyo en un abrazo global
y ya no hay yo ni tú, sino lo indefinible.



1 de abril de 2014

Canción del gato tranquilo

¡Qué casa tan casa! - Murmuró sonriente el que escribe.

Su gato, que poseía cuatro nombres,
le observaba con verticales pupilas.

¡Júpiter Pessoa! - Exclamó el dueño de nada.

El gato no prestó atención,
mas en su apacible reposo supo que el humano estaba feliz.

Júpiter Pessoa Chumi Mercurio eran los cuatro nombres
del gato.

Entonces el que escribe recordó por un momento
que poseía una mente,

 [ahora, al recordarlo, el que escribe se siente estúpido]

pero entonces un calambre
le recorrío la espalda:
eran las cosas que él pensaba que debía hacer,
que desde fuera le decían que debía hacer,
y que de pequeño le enseñaron a hacer.

El gato quiso saltar por la ventana,
luego comió de su recipiente para gatos y bebió algo de agua.

El que escribe también quiso saltar,
pero luego dejó de pensar, y dijo:

¡Ay! ¡Qué casa tan casa!