26 de agosto de 2014

Ceniza

Mi espera es trágica.

En ocasiones, una nube de cinismo
puebla mi sonrisa y se extiende hasta mi rutina.

Hace tiempo que no salgo de casa,
por lo menos no a la luz del sol.

Esta vida me quema, pero sólo al quemarme
me siento vivo.
Sé que hay gente ahí fuera,
gente que a veces sonríe,
pero que también tienen sus penas y todo eso.

También es una palabra que no soporto,
todo es tan único,
y sin embargo no deja de ser lo mismo.

Mi familia es la soledad.

Sé que espero algo,
pero todavía no acierto a adivinar de qué se trata.

A veces tengo tanta fe en aquello que nunca conoceré,
como me encierro en mis ojos enfurecidos,
que cansados niegan hasta lo que han alcanzado a ver.

Soy un despojo de mis sueños,
un vago retrato de todo lo que he imaginado.

Y todo aquello, se encuentra muerto,
junto a mi voluntad y mi apego.

Tan muerto, tan profundamente disuelto en la nada,
que ya no tengo propósito de tiempo.

Que venga, que pase lento y me deje sus marcas,
que muerda mi inocencia y la pisotee hasta que nada quede.

Estoy cansado hasta de la idea de sucidarme.

Espero a que pasen los días y me gusta beber.

Si por lo menos pudiera hacer cine,
hacer cine sin tiempo para pensarme,
para hablar de mí, o de lo que no soy;
guión tras guión, rodaje tras rodaje,
y montañas de dinero, y parásitos interesados
en mi efímero triunfo.

Sólo así le encontraría sentido a esta farsa
a la que nadie me invitó.

Sólo así, o amaneciendo
y pasando día tras día en cama con ella.

Pero ella tampoco está.

Espero que por lo menos sea feliz,
en aquel rincón que no existe,
pero que yo imagino,
con mi inocencia, mi voluntad y mi apego.

Y mientras asimilo que no volverá,
que mi gran obra es consumirme entre buitres
y algún plano bello;
transmuto como el tabaco entre mis dedos,
que tampoco soy yo,
pero también.

24 de agosto de 2014

El circo de la alegría

¡Pleitesía y ofrecimientos de sexo!

¡Bienvenidos a la ciudad!

¡Dejen a sus niños frente al televisor
y salgan a disfrutar de los luminosos carteles!
¡Beban! ¡Compren! ¡Sean felices!

Imiten las viejas costumbres de sus antepasados;
si sus padres pegaban a sus madres...

¡Imítenlos!

Si les enseñaron que para triunfar hay que ganar...

¡Aplasten a sus competidores y triunfen!

¡Anuncios! ¡Más anuncios!

- ¡Rápido, hay uno allí que no cree en la posesión!

- ¡Un inmaterialista!

- Llámenle Diógenes y tómenlo por tonto.

- ¡Buh! ¡Tonto! ¡Tonto!

- ¡Sigamos comprando o acabaremos pobres y sucios como él!

¡Vendan! ¡Compren! ¡Sean felices!

- ¡Eh! Trabaje durante todo el día y que sus posibles ascensos,
   sean su mayor preocupación durante toda la vida.

- ¡Gracias por el consejo! /

/ Pise a los demás.

- ¡Tranquilo, descanse un rato! ¡Tómese un trago!

- Encienda el televisor.

...

- Recoja a sus hijos, - ya viejos,
ya no niños, sino intentos rabiosos
por no ser la copia que usted programó.

No se arrepienta. Siéntase orgulloso.

Siga comprando.

Tome un trago.

Tenga más hijos


/n/ Muera usted,
junto a su inocencia
y la del mundo.


16 de agosto de 2014

Oda breve al ron

Dulce brebaje de perdición y abandono,
a ti te debo mi más tierna compañía,
contigo solo,
contigo me basto para bendecir la noche,
contigo solo,
me resulto conocido oído con quien hablar.

¡Mas no hablo! ¡Deliro!

¡Y qué dulce delirio!

Odio, si es que algo odio,
tener que estar en sociedad,
y aparentar ser algo,
cualquier cosa, y como tal,
procuro a todos molestar.

¡Qué sincero abrazo me brindas!

¡Qué sosegado tu silencio en mi parlante necesidad!

Y sólo a ti, querido brebaje,
sólo a ti te encomiendo la misión de salvarme;
de salvarme con tu lenta muerte.

¡Pero tan deliciosa! ¡Y sin necesidad de explicación!

La conversación me mata,
la banal, me aburre como calor asfixiante;
la intelectual, me enerva a la quinta esencia.

¡La conversación del alma!

¡Oh sí, la conversación del alma!

En ella encuentro el sosiego que me abunda,
en el hablar de los ojos, sin palabras ni burlas,
en la mirada firme y el temblor de mis manos,
ahí reposa lo que de verdad soy.

¡Pero hay tanto ruído!

¡Tanto incordio alrededor de mi alma tranquila!

Me excita hasta paisajes que repudio,
que critico en los seres ajenos;
mas sólo en mí se justifica mi repulsa.

¡Amigos, amigos!

Si me aman, guarden silencio,
pues solo en su abrazo callado podrán verme.

¡Tanto ruído! ¡Tanto ruído!

Mi alma titubea en el intento de complacerles,
pero no encuentra palabras,
para describir lo que su silencio busca expresar.

¡Otra ronda, camarero que soy yo!

Bendito brebaje.

Bacterias

No existen paraísos ni infiernos
más allá de la mente.

La del ser humano /que ni es, ni humaniza/
da por bueno el uso de armas entre sus hermanos.

Es la lacra de este mundo, nacida del miedo,
del desconocimiento de uno mismo:
el único lugar hacia el que no nos atrevemos a mirar.

De ahí nace el odio, la guerra,
el egoísmo de comer el primero.

No obstante, sí existe un lugar, un momento
nacido de la gloria,
en el que el ser humano se observa
y se gusta.

Existe un momento, un lugar,
comparable a la guerra en pasión y abandono
donde cuerpo y alma exhiben su unión y grandeza.

Existe un instante en el que somos capaces de amar.

14 de agosto de 2014

Mercurio

Soy el hijo bastardo de una discusión,
acalorado sexo, y distancia.

Muerto me hallo entre las flores que no supieron hablar,
que escucharon las desgracias del mundo y las propias,
y decidieron callar en un mar de pétalos suicidas.

Pude abrazar, o llorar, como la luna;
comunicar a los cuatro vientos mi verdad,
pero la encontré falsa.

Como falsa era mi sonrisa, o mi broma banal,
auspiciada por la gran mentira que fue no estar en silencio.

Ahora lo veo todo, tan serio, tan elevadamente serio
en su minuciosa sincronía,
en su hálito,
en su continua rueda de sangre que va y viene sin pausa.

Marcho a encontrarme,
aún sin haber partido nunca hacia lugar alguno,
para regresar sin camino.

Pero nada es lo mismo.

Fui una burla de mí mismo,
de lo que quise ser y logré por convicción;
la errónea fe de un abuso
tras ser violado en mi niñez,
no con falos ni puños,
sino con una realidad
demasiado triste y temprana.

Tuve tiempo de salir a la luz del sol,
y lo encontré alegre, jovial,
desvestido de la sombra que ya me habitaba,
que me arrebataba la inocencia desde mi pasada vida.

Y hoy muero, muero, como siempre muero;
como la palabra muerte es siempre miel para mis oídos,
y por fin, me dejo caer
hacia la gran verdad que escondí bajo mi traje de bufón,
la que siempre estuvo,
la que todos buscan,
la que nunca diré:

Porque nunca la supe.

12 de agosto de 2014

Nenúfares

Me cae la lluvia con gesto de catástrofe
entre las secas ramas.

Tu cuerpo se ondula más allá de lo inimaginable;
te siguen mis manos
áridas como el mes de agosto.

Cae la tarde y los nenúfares permanecen.

Tu espina dorsal recobra la verticalidad
de camino a un sueño ya escrito en mi descanso.

Y yo caigo;
caigo hacia un fondo sin final,
cada vez que cierro los ojos y me aparto
de lo que en mí no prevalece.

El viento levanta su dulce canto,
a los pies de una sierra sin nombre.

Cae la noche y los nenúfares mueren.

Los ruídos de la ciudad me contaminan el alma,
las diabólicas máquinas y su regocijante crujido,
atraviesan como lanzas mis virginales costillas.

¡Caos! ¡Destrucción! ¡Hambre!

La mirada que nunca ve, y a la que todos siguen,
y yo no entiendo.

¡No entiendo! ¡No comprendo nada!

¿De verdad, pertenezco a este mundo?

¿No era mi hogar el agua y su bajar tranquilo?

¿No era mi patria la montaña y su silencio?

El camión recoge los deshechos que no ha de llevar;
los que olvida, transitan bajo tierra en gigantes alargados,
con ruedas de metal, y voces femeninas que dan noticias,
sin alma, ni voz, ni ternura.

Y yo caigo, y caigo sin oposición o conciencia,
arrastrado por la masa verde sin esperanza,
verde sin libertad,
verde sin rama.

De pronto, recobro el sentido.

No habito este circo de hormigón y mentira,
no reconozco en sus miradas cansadas mi ilusión;
mas allá te veo,
curvando tu espina al ocaso y al alba.

Sonríes.

Sonríes, y recuerdo que no,
que no soy de este mundo:

Yo vengo de tu sonrisa.

Y los nenúfares,
probablemente también.