Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2014

Be

Creo que en el último poema que te escribí como si fuera el primero no llegué ni a imaginarte.
¡Qué ojos!
Mas yo, con mi pose mística y absurda, no pude más que seguir pensándote.
¡Y qué sonrisa!
Lamentable, es el hecho
de que te escriba estas palabras  al amanecer del sábado; pues sólo con la sabia luna, aflora lo que a mí no pertenece.
Como tus labios, inquietante enigma y carnoso; los besaría hasta desgastarlos.
Como tu piel, suave hasta el inconsciente.
Brillo, sé que brillo, después de verte.
Y tu melena, andaluza y azabache, me consume, en mar de ilusión.
Sólo me queda la almohada, y tu dulce presencia, que como aquella vez, se aproxima iluminada.

SOBRE LA DESEVOLUCIÓN ÉTICA

Es un hecho innegable que la raza humana evoluciona. Como también evoluciona el planeta sobre el que se encuentra, así como el entorno que lo acompaña y del que se puede nutrir. Es innegable también, que dicho avance inexorable, sufra de unas proporciones temporales demasiado lentas para lo que su propio concepto del tiempo es capaz de soportar. Alguno de los hechos que así lo acreditan, y que la mayoría de la población puede dar como válido, es la evolución de las especies, según el planteamiento publicado por Charles Darwin, el 24 de Noviembre de 1859, durante el mes de Sagitario (el arco del arquero); que en términos de lo que aún hoy se interpreta como místico, es temporada propicia para la expansión cognitiva a nivel global.
En base a este planteamiento de progreso, el ser humano ha sido capaz de desarrollarse e innovar, siempre con la colaboración de sus propios semejantes. Es por ello que ha aprendido a labrar, y a sembrar el campo; o incluso a cazar en grupo. Hoy en día no son …

Conóceme

Me recreo en mi juego, nadie nunca llenó a ganarme; sólo acumulo derrotas sentimentales que me hacen sentir pequeño,  muy pequeño.
Pero, ocurre una luz; tus carnosos labios despiertan a mi animal; tu olor, lo convierte en indomable; tus ojos, lo calman por fin.

Y yo, con mi hábito nihilista, te rindo homenaje en esta noche; te la regalo; y te pienso, como piensa un hombre muerto a una mujer viva; te pienso y todo carece de razón.
¿Por qué?¿Por qué?
Preguntan los que no te vieron; los que sí, quedaron mudos.
Es por ello, que el hecho de escribir estas vagas palabras, me convierte en un genio, como ya sé que lo soy; ¿pero qué valor posee toda mi genialidad, o la de todos los grandes, si no se funden con tus labios, o se dejan encontrar por tus ojos, sublimes como el amor?
Ninguno.
Miro tu fotografía, y sonrío, e imagino que ríes; porque no puede ser de otra manera.

Sin título

La expectación atrofia cada uno de mis músculos;  la tensión a la que me someto de manera involuntaria es fruto de una próxima visita que recibiré en mi hogar.
Fumo una calada de marihuana; mientras, mi compañero duerme.
Una vieja amiga se dirige a verme; compré cervezas en un alimentario cualquiera, regentado por gentes de la China.
¡Ah, quién pudiera viajar  y olvidar por completo el lugar del que partió!
..
En el subterráneo todos guardaban silencio; leía mis primeras páginas de Lord Byron,
mientras viajaba por la España próxima a la invasión de Napoleón; y navegaba por sus gentes,  tales como las de ahora, pero imaginadas por un inglés.
Una señora atrajo la atención de todo el vagón, comentaba la situación de enfermedad en la que se hallaba su marido, y la falta de pan para sus hijos. / Su alto tono de voz debió de resultar molesto para mis contemporáneos, que callaban en silencio y con entregada devoción.
Quizás pensarían en sus razonamientos, que al estar leyendo y no tener monedas; y que al haber hecho…

Primeriza

Los almendros avecinan su crepúsculo;
en la avenida, dos agentes del orden confiscan  un vehículo cualquiera. 
Observo desde mi ventana aquella tarde de septiembre, y veo a mi madre llorar,
sentada sobre un banco de piedra.
Dignamente, se seca las lágrimas y se yergue frente al hospital; su pose me recuerda a la de todos aquellos generales que lucharon y perdieron en todas aquellas guerras sin nombre o recuerdo.
“Y que no me entregue Dios, todo lo que soy capaz de soportar”
Me decía mi madre, con una voz  suave y religiosa dentro de aquel uniforme.
Ya en mi ventana, escucho a los hombres, borrachos como mi adolescencia, levantar la voz durante la madrugada.
Entiendo que mi madre nunca bebiera;
lo que no comprendo, al observar 
el paso del tiempo en los almendros,  es por qué mi madre aún oculta sus lágrimas...
...a pesar de lo bella y frágil  que la ilumina la luna, cuando la ve llorar.


Mi sostenido

Algo me impide salir de la cama; he conocido situaciones similares,
como la depresión.
Pero esto que me sucede
no lo llamaría así.
Apatía quizás.
Lo cierto es que tanto ahora, como en aquellos momentos especialmente trágicos en mi mente, prevalece en mí el deseo de morir.
Pero no es algo que vaya a hacer, pueden estar tranquilos.
No tengo el valor suficiente;
y la curiosidad por conocer mi límite natural y el morbo que me produce vivir fustigado, son razones de sobra para seguir viviendo, así como para quejarme por ello.
Ay…
Si por lo menos supiera manejar bien la guitarra, podría anular mi necesidad de diálogo.
¿Cómo amar a la soledad y a la vez odiarla?

¿Quién habla a través de mí?

Enfermo

Me arde el pecho.
Fui madre en otras vidas.
Aún hoy, cuando sujeto entre mis brazos los frágiles huesos de un bebé,
se me encharca el alma entre mis costillas.
En esta vida, me ha tocado ser un miserable,
pues nada me falta, tengo familia sana,
amigos fieles, casa, tabaco y comida.
Sin embargo sufro, sufro por todo;
levantarme de la silla en la que escribo
y dirigirme a cualquier otra labor,
me causa culpa.
Dos gatos viven conmigo,
yo les alimento, ellos subliman
mi necesidad de compañía.

La apatía es lo más cercano
que se me puede señalar.
Me causa pereza hasta imaginarme escribiendo.

¡Ah! ¡Quién fuera piedra!

Agorafobia

Cada parte de mi cuerpo que está encogida y asustada,
que fue violada en trauma,
reprimida, débil y escondida,
me pide ayuda,
me suplica clemencia,
me lleva hacia el sol.
Mis dedos comienzan a arder,
se convierten en polvo, suben en espiral,
me disuelvo con el silencio;
baila una luz entre mis nervios,
mientras mi sangre derrama angustia.
Abiertos los ojos,
abrazado lo que se posa frente a mí;
lo que agarrota mi espalda, lo he invertido.
Mientras escribo, suenan los Kinks; yo me disuelvo en un mar de espeso humo.
Bailo y canto y callo sentado sobre mi silla, bizarra como lo que me agita en palabras secretas.
Sé que fuera me espera algo,
he alcanzado a intuirlo.
He decidido no creer nunca más
en lo que dice la maldita caja, ni en sus malditas ondas que absorben la inquietud.
Sin embargo, y pese a haberlo intentado,
soy incapaz de pisar un pie ahí fuera;
sólo al calor de la noche, ¡oh, sí! ¡la dulce noche!, soy capaz  de entregar mi cuerpo asustado a la falta de sensibilidad
que ocupa las calles de est…

Melancolismo

Hoy hace un cielo gris y calmado;
el viento acaricia mi piel como a los árboles,
sin distinción alguna entre nosotros.
Me reconforta, con su leve abrazo,
como el que yo no me brindo,
ni me permito brindar a los demás.
Bailan en mí, las hojas secas,
como mi corazón humedecido.
Y yo me pregunto, en esta mañana
que ya es tarde, cómo hacer para morir
suave y dulce como el otoño.
Soy una burla de mí mismo;
mi alma sangra cual tormenta,
y como rayos mortíferos,  me atraviesan las dudas.
Y pienso, y me pregunto,
¿qué es a lo que no me entrego?
He visto, al salir la noche,
a la ciudad vestida de luces
recibirme con honores de príncipe.
Pero me he embarrado;
he bajado del cordel que nunca tuve,
he paseado mis cansadas piernas
por el lodo que cubre la desgracia
que ya no me sorprende.
Soy un condenado,
un hombre de fe sin creencias,
un científico, con el más sofisticado laboratorio
y nada con lo que experimentar.

La tarde va cayendo, gris y calmada;
mi pena, que es sólo mía,
me devora decididamente.

Anotaciones de cuarto de baño

¡Ah, si yo fuera tan noble
y alto como los versos
de aquellos autores que envidio!

De mis melenas brotarían
las palabras, como alientos
de olor a jazmín temprano.

¡Qué dulce fue ser
cualquier cosa!

Y a su vez, nada yo fui;
qué triste abandono,
qué dulce amargura.

Como flores que
caen de ningún
árbol, a ninguna
bella mujer,
así me siento.

Así soy, pequeño,
calvo y de sociabilidad
difícil.

¡Qué duro me resulta
estar entre parlantes
y sus conversaciones
que no abarcan lo que mi alma pide!

Y sin embargo, qué vacío se siente
lo que en mí ya no habita.

Ya no soy nada
de lo que nunca llegaré a ser.

¡Ojalá fuera el poeta que cabalgaba
en un oso,
o el que se desangra en cualquier
carretera sin recuerdo de nadie!

Soy un germen,
un parásito;
soy la sonrisa de la bella mujer
que olvidó sonreír,
y me mata con su ausencia.


Desconozco

He conocido a Dios,
lo conozco.
He escalado hasta hundirme,
he sido lo peor que soy;
que aún asoma.
He visto en el Iris del otro
el mismo que el mío,
he sido la profundidad que nos une;
y todavía lo intento.

He muerto tantas veces que no vale la pena
seguir recordándolas.
¡He nacido tantas otras veces más!
He escuchado a los hombres hablar de iglesias,
y de guerras, y de odios entre ellos mismos,
por el mismo Dios que no logran encontrar.
¡Pero si utilizan igual palabrería! ¡Y hasta ellos lo saben!
He estado en silencio;
he conocido:
la verticalidad que me nace de los pies,
que vuela hacia el sol sin diferencia alguna
con el más majestuoso árbol,
o la más delicada flor.
He salido a pasear por la ciudad,
y hasta en los rostros
de los que no expresaban religiosidad alguna en su mirada,
hasta en ellos, lo he visto.
Y en las máquinas que van bajo tierra,
y en las miradas que no se atreven a encontrarse,
hasta en su miedo, he conocido a Dios.
He sentido el vacío tan lleno sobre mi piel,
me he soñad…

Límite del significado

He de encontrarme una serie de virtudes,
que sólo oso mencinar en estado de embriaguez.

Durante los momentos que dedico a la escritura,
afloran únicamente aquellos adjetivos, que otorgo
a mí y a los que en mí habitan, cargados de tristeza;
con el fin de describir mis bajas pasiones
y mis desesperanzas.

No obstante, tras todo el mar de muerte
que se ahoga frente a mis ojos, en apariencia humillados,
navega un pequeño velero, que refleja la luz de un faro.

Y el farero, que en su interior se encuentra,
a la vez que el barco, descansa su entrepierna
en un mar solitario y cansado.

No existe espacio en mí, para describir en palabras
lo que engrandece mi alma;
y cuánto más trato de reflejarlo,
más profundo se hunde en mi silencio.

Es por ello, que decido en esta noche del mes de Virgo,
abandonar a ninguna suerte lo que no soy capaz de decir.

Mientras tanto, lo que siga brotando,
como el vómito de un indeciso y borracho,
que brote, que brote
y con su hedor, me cause naúseas.

Pues lo que cons…

Astrea

Cansado de la espera, atormentado,
vaga mi alma en pena hacia el pasado;
no encuentro en el presente fruto,
ni descanso.

Basta un soplo de aire, un susurro,
para que mi cuerpo caiga oscuro,
como lodo arrinconado.

Silencio en lo que no recuerdo,
ni en lo que he olvidado.

Se parte en dos el árbol maduro,
carcomido por dentro, lo labrado,
lo que no fue arrancado,
ni ayer ni hoy disfruto.

Rema hacia poniente el olvido,
sin ser olvidado,
ni atormentado, o removido,
de los pies del marino cansado.

No hay mar ni barca ni anzuelo,
no hay carne en el humano,
que salta de sueño a murmullo,
sin nunca haber perdonado.

Por proa se cae el pasado,
por popa el futuro no asoma;
la fortuna del desafortunado,
nunca vio luz ni olió aroma.

Surca las olas sin barco,
mueve sus alas al viento,
cae al olvido el ahorcado,
hijo de su propio tormento.

Silencio en la tumba del muerto,
que a sus heridas ha sucumbido.

¡Qué dulce fue haber amado!

¡Qué duro fue no ser olvido!