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Mostrando entradas de noviembre, 2014

SOBRE LA DEMOCRATIZACIÓN DE INTERNET

Creo que es muy necesario que los agentes culturales adapten su capacidad de crecimiento a las posibilidades de difusión que les ofrece internet. Lo mismo ocurre con lo que debe realizar la democracia para reinventarse, y llevar la voz de cada ciudadano a la toma directa de decisiones que afecten a la sociedad. Por ello, propongo crear un proceso de diálogo que englobe a usuarios, agentes culturales, círculos políticos y a las empresas de comunicaciones, con el fin de plantear un marco estatal, aunque con miras globales, para la regularización de la red, con la plena defensa de la privacidad individual, así como del disfrute de los derechos de los que gozamos en la vida civil fuera del ámbito de internet. Es, en definitiva, la apertura de un proceso constituyente para la democratización del acceso a la red.
El acceso a la cultura debe estar al alcance de todos, con independencia del poder adquisitivo de cada uno, y de una forma que mantenga la posibilidad de crear nuevos contenidos di…

Imperialismo crónico

Si se lo quieren quedar, que se lo queden; mi vida, sólo yo puedo vivirla.
Si las riquezas del planeta, las quieren todas para ellos, suyas son, que las copen, y a sus nietos las arrebaten.
Que acumulen todo bien material, que transformen a las almas perdidas en mercancía para sus intereses; que esclavicen las vidas de aquellos cuya voluntad sucumbe al exterior; que yo me haré fuerte y libre en la inmensidad del alma.
Que llenen las mentes con veneno, que al deseo lo llamen necesidad; que abunden en todo cuanto me rodea, los llamamientos al efímero consumo; que no podrán nunca invitarme a que posea más que mi propio cuerpo.
Si lo desean, que dejen morir al hambriento, y que lo deje morir yo también, mientras sepa que el mundo muere, y que mi mirada no permanece impasible,  mientras olvida luchar por vivir, ante la humanidad sumergida  en este eterno baño de sangre.

Tu voz dentro de un sobre

¿Qué es lo que crece en mí, indefinible como el aire, que me hace buscarte en todas las miradas?
Desisto, de buscarle unas palabras, aunque ahora, como siempre, me contradiga.
¿Cómo se muere en primavera?
Te quiero. Te espero.
No sé, hasta qué punto perdí la cabeza, pero qué libre me siento desde que no la veo.
Y pasan las semanas, tan rápido, que me pesan como días, como horas.
Si tan solo supieras, cómo se muere en primavera.
Te quiero. Te espero.
Y hasta lo racional, lo correcto, se me cuela como justificación, mientras escucho la música.
La suya, la del Arco Iris,
repetidas veces, para acallar mi silencio.
Porque en mi silencio te encuentro.
Y miro al mapa.
Y no sé si imagino que a la vez que te encuentro, tú me imaginas encontrándote; y no sé si soy un iluminado, con brillantes visiones, o si una falsa esperanza me aleja de la cordura.
Y de la primavera.
Y de ti.
Te quiero. Te espero.
Y la noche pasa, como siempre, tan oscura como tu ausencia.
Y mi esperanza sigue creciendo, tan irracional, que parece cierta.
Y e…

Comodidades

Vivo con la angustia de que una explosión
de los electrodomésticos con los que convivo,
cambie mi estado y lo transforme en ceniza.
La calamidad de un accidente
me provoca terribles visiones.
Y no soy yo, solo el que se marcha;
a veces, se me aparece la figura de mi madre,
en el instante antes de que su coche colisione.
Y veo a mi abuela, caer desmayada en el baño,
y yacer sin el inabarcable alma ya sobre su cuerpo marchito.
En mi mente atemporal y siniestra,
habita un monstruo que alumbra la fatalidad.
Y quisiera tantas veces alcanzar la libertad
que me brinda la ventana y su dulce caída.
Mas no me atrevo, y sufro ante la idea de quererlo.
Es sobre estas teclas que tratan de expresarme, donde vuelco todo el miedo que hay en mí.
He de volcarlo, pues de no hacerlo, las garras del pánico me atacarían sin pausa,
y por contagio al mundo entero.
Es por ello que he de sentirme un afortunado, por no saltar por la ventana; por no ver en la realidad a mi madre sin vida entre el acero; por no recibir la not…

NO INCITACIÓN AL TERRORISMO

Me explotaba la saliva en un grito de auxilio. A penas eran las doce de la noche en la Plaza del Dos de Mayo, algunas niñas rechazaban su cariño por una bolsa de chucherías. Ya me encontraba borracho. Había fumado hachís y el mundo olía al dulce aroma de los vagabundos. Jaime asomaba por la ventana y pedía un mechero para encender el canuto de griffa, como así lo llamaba Leopoldo María, y como así la probaron tantos otros en todas las llanuras de mala sangre y peores hábitos. ¡Vivan, vivan los tesoros! Los barbudos bajan por las paredes persiguiendo mi esquizofrenia. Y los encuentro tan cómplices con lo que denominan en mí como razón. ¡Viva la música de Novák, por sonar de casualidad en esta habitación desahogada! Me voy a dormir, o a no hacerlo, porque no quiero seguir escribiendo.
Al despertar, a la mañana siguiente - ¡al Diablo! - pensé para mis adentros, mientras saltaba de aquel colchón desnutrido sobre el frío suelo de mi habitación. Los periódicos salían anunciando en su cubie…

EL INCESTUOSO BESO

Tuve un sueño en el cual perseguía a quien era yo en la infancia, y correteaba por un jardín junto a otros niños, con mis gafas rojas y mi melena rubia cortada al estilo de los noventa. Y mi niño no quería verme, no quería saber nada de mi. Yo, cada vez más exhausto, le veía mirarme, y veía su rostro enfurecido, y conocía la causa de su enfurecimiento mientras corría y corría sin darle alcance, sin más compañía en ese jardín, que ya no era verde ni alegre, sino un volcán de dolor y memorias borradas, que sólo osaban aparecer en los sueños.
En la espigada mesa que se estiraba sobre la terraza, frente a aquel jardín sombrío, afloraban las sonrisas y los comentarios complacientes entre señores y señoras de etiqueta, con quienes ningún parentesco me unía; y ahí estaban, sí, los niños sentados a la mesa, jugando y tirándose la comida los unos a los otros, y sonriendo frente a las palabras vacías de sus padres, que escupían apariencias y engaños como culebras atrapadas en burbujas de odio.…

LECCIÓN DE LIBERTINAJE

Había terminado de leer el tratado sobre libertad sexual que dejó escrito el Marqués de Sade en su Filosofía del Tocador, desde un banco de un parque cualquiera del Barrio de las Letras, cuando algo se apoderó de mis piernas, que cerraron aquellas páginas propagandísticas, y caminaron por la plaza de Santa Ana hasta el interior de una tienda de alimentación. Como era de esperar, había una china detrás del mostrador que miraba totalmente absorbida una serie de televisión protagonizada por sus con-ciudadanos. Me preguntaba qué era lo que hacía yo, detenido en mitad de aquella tienda, cuyo aire acondicionado sólo expulsaba calor húmedo y bochornoso, como recreando los arrozales del Sur de la República Popular; y no podía entender por qué mis piernas se encontraban clavadas en aquel suelo de granito, si no tenía voluntad, hambre, o dinero para comprar ninguno de sus productos de fácil adquisición. Y de pronto, apareció por aquel pasillo la ilógica razón que me había llevado hasta allí, t…

VIAJE A NINGUNA PARTE

Es en esta época absurda como todas, donde la facilidad para la distracción y la ausencia de magia se arriman en portales que estallan y se reproducen ante los ojos atónitos y siervos de una idea que ni siquiera es idea, sino simple esclavitud y prostitución de lo que pueda quedar de amor, de consciencia y de alma en los cuerpos vacíos de todos aquellos que escribimos en las noches, con los dedos sin yagas, y las palabras vomitadas en algo que no podemos doblar y tirar; observo desde la ventana:
En la calle sólo hay prostitutas y jóvenes, no tan jóvenes, que salen a tomar una cerveza y beben, y gritan, incluso insultan a las bien alimentadas señoras que les aguantan y cuyos padres bebían y gritaban, como beben y gritan hoy sus acompañantes patéticos.
Entre la plaza de Legazpi y la calle Lavapiés, decidió caminar William Alberto en busca de algo que llevar a la boca o a su polla hambrienta. Pasaba la medianoche y los demás borrachos apuraban sus botellines ante el incómodo sonido del …