23 de marzo de 2015

Acuéstate conmigo

Lo siento,
no vamos a acostarnos.

Yo no me desmadro:

soy romántico hasta lo absurdo.

Saldré a buscarte,
haré como que no te he visto.

Beberé en silencio
al fondo del bar.

Contaré mis deseos,
mientras de reojo te observo bailar.

Y tú, llegada del cielo,
bailarás con hombres de voluntad.

Conmigo no, yo no me atrevo a hablarte.

Me mirarás por un instante,
harás como que no me has visto.

Te miraré en silencio,
mientras bebo al fondo de otro bar.

Y seguiré bebiendo
de bar en bar,
y te seguiré mirando
aunque tú no estés.

Así que, por favor,
no lo preguntes más:

no vamos a acostarnos...

Aunque me moriría por dormir contigo,
por hablar contigo,
por mirarte nariz con nariz.

Pero te repito, una última vez,
que no vamos a acostarnos.

Yo no me desmadro:

soy absurdo hasta lo romántico.

16 de marzo de 2015

Belicismos

Como en una batalla
de trágico final para el vencido,
la vida pasa lenta y monótona
frente a mis ojos que ya no parpadean.

La resignación enturbia mis deseos
mientras éstos se revuelven inconformistas
sobre las tumbas de aquellos besos que no olvidan.

Y los árboles aún me sonríen
cuando al pasar junto a ellos
les hablo y comprendo como no puedo
hablar y comprender a los demás paseantes.

La línea de puntos suspensivos 
se extiende interminable sobre el asfalto.

Mi vida quema, como en agosto,
aunque la lluvia caiga como balas
y el frío se acomode en mi garganta.

Esperar es el verbo más complicado
y el único que no me abandona.

Imagino, como sólo puedo imaginar,
un baile de pieles desnudas y manos evaporadas,
besos, ojos clavados y expediciones humeantes.

Imagino, porque sólo así no me limito,
las huellas de la belleza alrededor de mi cuerpo.

Pero a ella, a la belleza,
no alcanzo a verla.

Y así suceden los días, como pequeñas guerras,
en las que sigo un rastro inabarcable 
entre conversaciones con vegetales
y miradas de jóvenes desconocidas.

Y la tragedia, todo lo cubre con su manto,
alborotada como aquellos besos
en aquella época
en aquel lugar
dónde imaginar no era necesario
y esperar no existía.

Hoy todo es distinto:
sé que muero con más certeza
de la que sé que vivo.

Y la guerra sólo acaba de empezar.