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Mostrando entradas de marzo, 2015

Acuéstate conmigo

Lo siento, no vamos a acostarnos.
Yo no me desmadro:
soy romántico hasta lo absurdo.
Saldré a buscarte, haré como que no te he visto.
Beberé en silencio al fondo del bar.
Contaré mis deseos,
mientras de reojo te observo bailar.
Y tú, llegada del cielo, bailarás con hombres de voluntad.
Conmigo no, yo no me atrevo a hablarte.
Me mirarás por un instante, harás como que no me has visto.
Te miraré en silencio, mientras bebo al fondo de otro bar.
Y seguiré bebiendo de bar en bar,
y te seguiré mirando aunque tú no estés.
Así que, por favor, no lo preguntes más:

no vamos a acostarnos...

Aunque me moriría por dormir contigo, por hablar contigo, por mirarte nariz con nariz.
Pero te repito, una última vez,
que no vamos a acostarnos.
Yo no me desmadro:
soy absurdo hasta lo romántico.

Belicismos

Como en una batalla de trágico final para el vencido, la vida pasa lenta y monótona frente a mis ojos que ya no parpadean.
La resignación enturbia mis deseos mientras éstos se revuelven inconformistas sobre las tumbas de aquellos besos que no olvidan.
Y los árboles aún me sonríen cuando al pasar junto a ellos les hablo y comprendo como no puedo hablar y comprender a los demás paseantes.
La línea de puntos suspensivos  se extiende interminable sobre el asfalto.
Mi vida quema, como en agosto, aunque la lluvia caiga como balas y el frío se acomode en mi garganta.
Esperar es el verbo más complicado y el único que no me abandona.
Imagino, como sólo puedo imaginar, un baile de pieles desnudas y manos evaporadas, besos, ojos clavados y expediciones humeantes.
Imagino, porque sólo así no me limito, las huellas de la belleza alrededor de mi cuerpo.
Pero a ella, a la belleza, no alcanzo a verla.
Y así suceden los días, como pequeñas guerras, en las que sigo un rastro inabarcable  entre conversaciones con vegetales y mirad…