24 de agosto de 2017

Carta a José María Aznar

Carta de respuesta al ex-Presidente por este artículo:
http://www.jmaznar.es/es/actualidad/843/p-articulo-de-aznar-en-nbsp-the-australian-strong-nbsp-strong-strong-unidos-para-la-accion-strong-p

A la atención del Sr. Aznar:

Espero, si aún le queda algo de conciencia, suponiendo que usted sea humano y alguna vez la tuviera, que entienda la enorme hipocresía que supone apoyar una guerra para desestabilizar un territorio y convertirlo en cuna del yihadismo de la mano de EEUU (
los mismos que después en Siria han armado a rebeldes de Al Qaeda), para luego dar recetas con el supuesto fin de acabar con el terrorismo yihadista. Ése es uno de los "porqués" que a usted, públicamente, poco parecen importarle. Pero sé que es más inteligente que eso y usted en algún momento se habrá dado cuenta de que la desestabilización de Iraq, Siria y Libia ha allanado el camino al nacimiento de grupos (y hasta pseudo-Estados) yihadistas. No hay demasiada discusión sobre estos hechos, pese a que usted quiera desviar la atención. 

En cuanto al "para qué", estoy de acuerdo con usted en que sólo con flores y velas no se va a acabar con esta barbarie. Ese "buenismo" que usted y otros de su ideología tratan de ridiculizar, en forma simbólica es muy poderoso y sirve para unir a toda la gente de bien que rechaza cualquier tipo de violencia (cualquier tipo, incluidas las ocupaciones ilegales de países extranjeros). No es un gesto ni un avance menor para doblegar a esa gente sin pizca de humanidad, capaz de matar a sangre fría (otros matan desde un despacho a miles de kilómetros con drones no tripulados). Pero, efectivamente, no es suficiente. Lo sería si ese "buenismo", esa unión pacífica contra la violencia se inculcase desde pequeños en las escuelas formando ciudadanos libres y críticos, capaces de pensar y de empatizar con el otro, pero creo que eso tampoco le interesa a usted, pues prefiere formar futuros hombres y mujeres competitivos y que no duden en pisarse los unos a los otros para conseguir sus propósitos individuales. Pero la educación en el el respeto a los demás, base de todo ciudadano para que no acabe convirtiéndose en un hijo de puta, no es una solución a corto ni medio plazo. Pese a ello, cuanto antes sembremos respeto y amor entre los más pequeños, antes recogeremos los frutos de una sociedad más justa y con menos odio. 

Pero por aportar soluciones a corto plazo, que podrían ponerse en marcha hoy mismo si hubiera voluntad política real de acabar con el extremismo yihadista, le propongo lo siguiente:
 
- Cortar relaciones e imponer sanciones a los regímenes totalitarios wahabistas y salafistas como Qatar y Arabia Saudí. Y por supuesto no venderles armas ni comprarles petróleo.
 
- Cerrar y perseguir el adoctrinamiento wahabista y salafista que esos países siembran dentro de nuestras fronteras, en territorio español, así como medios de comunicación como Cordoba TV, prohibida hasta en Marruecos y que en España emite con total libertad.

- Diferenciar claramente entre musulmanes (que nos gustarán más o menos sus tradiciones, pero hay que respetar la libertad de culto) e islamistas radicales como los wahabistas y salafistas.
 
- Cerrar las mezquitas wahabistas y salafistas y vigilar (sino expulsar) a los imanes que promueven la ideología wahabista y salafista.

- Y por último, estabilizar la región que usted ayudó a desestabilizar, tratando de reconstruir el Estado Libio como está intentando Macron, coordinando los ataques en Siria contra el ISIS junto con las milicias kurdas y el régimen de Al Assad (que a mí tampoco me gusta, pero peor es el ISIS) y dotando de autonomía al gobierno de Iraq (democrático, sí, pero también devastado, y no hay democracia sin libertad y derechos).


Sé que tanto usted como yo queremos lo mismo: que los hijos de puta no nos maten y nos dejen vivir libres y en paz. Pero lamentablemente sospecho que sus muchos intereses personales e ideológicos le lleven una vez más a elegir un camino que sólo siembre más odio. Espero equivocarme. 




Reciba un cordial saludo.

Carta a Amarna Miller

Carta de compensación por la carta del hombre que no ama y escribe cartas.

Carta del hombre que no ama: 

https://twitter.com/AmarnaMiller/status/892439038828855299?ref_src=twsrc%5Etfw&ref_url=http%3A%2F%2Fcribeo.lavanguardia.com%2Ffast_news%2F14558%2Fla-lamentable-y-ofensiva-carta-que-ha-recibido-amarna-miller-en-la-que-la-llaman-pua-10-veces

Estimada Amarna:

Escribo esta carta al personaje público, valiente, que utiliza el altavoz mediático que le da su profesión para manifestar asuntos de sentido común que muchas veces quedan sin denunciar. 

He leído esa carta que has recibido de un pobre ser que te achaca sus defectos como ser humano. Me he quedado alucinado. Sabía de la cantidad de porquería gratuita que se suelta en Twitter, pero lo mezquino de una carta personal para despreciar al receptor de la misma me ha llevado a escribirte ahora. Creo que tienes una exposición enorme, algo que a mí personalmente me da pánico, pero que encuentro tremendamente necesario a la hora de manifestar ciertas ideas que ayudan a crear un mundo más amable y justo.

Esa exposición, a la que estáis sometidas especialmente las actrices, en mayor medida por la eterna sexualización, y los actores, ya que vuestro cuerpo es vuestra herramienta de trabajo, hace que, por lo visto, a menudo tengas que soportar improperios y faltas de humanidad dirigidas contra tu persona. Qué triste… no podía evitar sentir tu tristeza al leer esa carta, como si fuera dirigida hacia mí. El personaje público tiene una persona detrás, vulnerable y delicada, como cualquier ser humano. Y eso, el común de los mortales, que ven a los personajes públicos casi como si fueran super héroes, no lo comprende. Supongo que por falta de tiempo para la reflexión y por el adoctrinamiento social imperante. Y eso les legitima, a algunos, en su retorcida mente, a despreciar e insultar como si detrás del personaje no hubiera una persona. Les compadezco. Pero me importan poco, porque esas mentes ya están perdidas. Lo mejor que pueden hacer, si nunca aprenden a amar, es relacionarse poco y morir pronto, porque no tienen nada que aportar a las generaciones que vienen. Pero tú sí. Y mucho. Y muy necesario.

Eres una luchadora, una guerrera contra la opresión que yo mismo tengo grabada en mi piel y en mis hábitos; eres una esperanza para las generaciones futuras, para que el sexo deje de ser tabú como la muerte y pueda ser disfrutado como la vida, abiertamente y sin miedo; y para que el mundo se vuelva un poco más femenino y aprenda de vosotras la empatía y el cariño.

Sentía la necesidad de escribirte esta carta, para devolverte un poco de lo que te ha quitado ese pobre hombre, y porque sé que la persona detrás del personaje, a veces, aunque sea un instante, se plantea cerrar la boca y apartarse del foco, para tener una vida tranquila como todos merecemos, y no ser insultada y despreciada constantemente. Pero no creo que debas dejarte influenciar por esas sombras con voz, ni tú ni nadie que defienda valores tan necesarios. Por eso te escribo, para decirte que sigas, hasta donde tú quieras o puedas, pero que sigas luchando por lo que consideras justo, porque en un mundo injusto hacen falta valientes, o, lamentablemente, las generaciones futuras seguirán acusando la falta de amor de ese pobre hombre.

Gracias por trabajar por ello. Por tu ejemplo, tu generosidad y tu coraje. 


Atentamente,

un ser humano que ama.

Dos palomas

Paloma blanca, paloma negra,
una de ellas es alta y tierna,
la otra salvaje, de carne y tierra.

Cielo y montaña, agua y hoguera,
tuya es mi sangre, tuya mi guerra.

Labios de ríos de venas,
ojos de blanco, manos de seda,
canta la blanca a la negra
bajo la esfera de la luna llena.

Bailan al mar con su sombra,
entre el mendigo y la arena;
duermen las dos palomas
cuando el ocaso se acerca.

Una es de noche y de luna,
otra de sol y mañana;
dos palomas cubren de flores mis sueños,
dos palomas, cuando mi cuerpo se acaba.


La llave

No importa quien roce tu cuerpo:
Yo soy dueño de amarte.

No importa que el viento te lleve:

Yo soy el viento.

No importa que no me arropes cada noche

porque ya eres madre de mi sueño.

No importa que mi cintura sólo baile

para tus ojos, y no para tu cintura.

No importa que la tierra sea seca

y mis pies rotos,
las noches largas y mi andar torpe:
No importa porque sonríes.

No importa nada, nada de mí que no sea

todo, ni nada del viento o del mar.

No importa nada que no sea dar,

nada que no sea tomar:
sólo lo justo y no más,
sólo lo justo y no menos.

Contigo todo lo tengo,

todo lo doy;
del cielo y la tierra,
del agua y el fuego
todo te entrego,
porque vives como la vida
y eres dueña de mi Reino.

Tuya es la llave,

tuyo es mi sueño.

Eco

Ahora que tu cuerpo se ha ido,
y con él tus labios y tu piel,
puedo ver con claridad lo que has dejado en mí.

Ahora que tus ojos me ven siempre,
y no sólo cuándo los miro,
puedo al fin respirar tu Amor.

Eres mi Ángel, mi Luz;
por eso mi demonio, mi sombra,
acechan cuando te acercas.

Eres mi Luna y mi Sol,
mis dos mitades en una flor infinita.

Eres el canto que sólo se oye al salir de la cueva;
eres el eco que dejo atrás y la vibración que siempre me sigue.

Eres mi Yo y mi Tú, en uno solo.

Eres más que cualquier palabra…

Eres más que el sonido… más que la música…

¡Más que el tacto y el olor!

Más que el polvo y las estrellas,
más que nada que nadie jamás haya visto,
sentido u olvidado, porque cuando te Soy,
ya nunca me aparto de ti.

Ahora que te has ido,
al fin estamos juntos.

Lunita mía

Mitad Aire, mitad Agua,
pero vivo en la Tierra.

Pertenezco a dos mundos que
rodean el mundo en que habito.

Ese mundo es mi cuerpo
y los cuerpos que me rodean,
tan de otros mundos,
como yo lo soy.

Todo me rodea y nada me toca.

Mitad nada y mitad todo.

Y te veo, Luna, mitad
clara, mitad tiniebla.
Y veo cómo no posees nada
y nada te posee.

Y veo cómo prestas la
luz de algo más grande que tú
sólo siendo reflejo.

¿Cómo poseer la luna?

Si ni a mí me tengo...

En el día cojo fuerzas
que en la noche se vacían;
sólo quedamos Dios y el miedo.

Preferiría no ser poeta
y ser cualquier cosa
para no ahogarme fuera
y salvarme en mi verso.

Pero esta es la cruz
que cargo, mi condena
y mi regalo, que
cuando doy, recibo, y
cuando espero recibir,
no doy.

Mitad Agua, mitad Aire,
vivo en la Tierra esperando
a que el Fuego me salve.

Si me oyes, Luna,
cuida de ella,
dale luz y cobijo,
alimento y cariño.

Si me oyes Luna,
no me mires,
yo respiro en el agua,
pero ella necesita tu abrazo,
tu mano, tu claridad.

Mitad luz y mitad sombra,
mitad yo y mitad nadie,
los dos amamos, Lunita,
lo que no nos pertenece.

Jesus and Jayyam saved my life

Hubo un tiempo en que hablaba
conmigo mismo y me creía un loco.

Hoy hablo con Dios, y aunque
loco aún me creo, al menos tengo 
a alguien con quién hablar.

Cuando mi alma siente pena
por ser pena y ser alma,
bebo vino y sonrío
de la noche a la mañana.

Mil mujeres he sido
y en cada una he muerto.

Mil cielos he rozado
y en todos hoy me embriago.

Vida y muerte, misma son;
desde mi piel asoma una luz
que muestro en la noche,
cuando nadie observa,
ni toca, ni escucha.

Mil demonios me hablan
desde dentro de mí.

Sólo una voz me embruja
aunque suene a mentira,
a melancolía, a tristeza,
como la luz que callado guardo
y que en estas letras se escapa.

Sólo un ángel me cuida,
de la noche a la mañana.

Pobre de mí

Toda mi vida fui un extranjero.

El único lugar en el que alguna vez me reconocí,
fue en la sonrisa, la mirada y las manos de A****.

Pobre de mí, que veo su sonrisa, mirada y manos
allá donde descanse mi vista o mi pensamiento.

Pobre de mí, hijo de la obsesión y títere del amor,
que no reconozco en todo lo demás Su belleza.

Toda mi vida la pasé solo,
salvo cuando ella me dio refugio;
aún siento su calor subir y bajar
por mis venas, pero aún añoro su tacto 
como prueba de que es real.

Pobre de mí, me dije toda la vida,
mientras me alimentaba,
en el mejor de los casos, de vacío.

Pobre de mí, yo me repetía,
cuando ella estaba y cuando no,
cuando yo no era,
y cuando sigo sin ser.

Toda mi vida fui extranjero,
hasta que dejé de vivir por mí
para compartir mi amor y sublimarlo.

En ello estoy, mientras escribo
significados dormidos entre letra y letra,
mientras una voz me repite:

“Toda tu vida serás un extranjero,
hasta que te dejes llevar por nuevas manos,
una nueva mirada, 
y la sonrisa que en todo Ser reside.”

Pero mientras mi mente regresaba al pasado,
y mi ilusión construía futuro,
mi cuerpo se fue apagando, como la luz de una cerilla
que se consumió sin pasar la llama.

Pobre de mí, me dicen los gatos,
cuando en su mirada me convierto en animal,
y son ellos los amos.

¡Ay, pobre de mí!

Pobre de mí…

Pobre de mí, que no veo 
lo que el Amor me habla,
mientras mi mente me asfixia.

Canto al espejo

A ti te debo mi luz y mi sombra,
y por mostrármelas te honro en silencio:
hoy rompo esa agonía.

Cuando te vi por primera vez
sentí un terrible miedo.

Un rayo de luz se hizo visible
a través de mí.

Durante algún tiempo no pude soportar
la crudeza de tus facciones, tan reales,
la lástima que emanaban tus ojos,
pidiendo ayuda como el llanto de un bebé.

Me enamoré de ti.

Y mientras me recreaba en tu silueta,
en tu piel, olvidé el origen de mi miedo.

Hasta que volví a mirarte,
y miré más allá de lo visible,
hasta que no vi nada.

Y te odié.

Después te hice humano;
te acercaste a mí,
y construimos un hogar en común.

Y en tu forma humana entendí que no estaba solo,
que aquél de mi espejo se encontraba en todos los espejos.

Y entendí que no tenía forma, ni sexo, ni pensamiento.

Dejé entrar el aire en mis pulmones,
abrí mis labios y mis brazos,
bajé la cabeza,
pedí perdón y di las gracias.

Fue duro, fue largo,
será duro, será largo,
pero es.

Y te rindo este diminuto homenaje,
espejo mío, mi amor,
para recordarme el regalo
que me supuso encontrarte,
y para no caer en la vulgar ofensa
que me supone mirarte
sin mirar.

El otro

¿Existe el otro?

Tengo un traje que no es mío,
se desintegra, caen sus hojas
y yo las lloro, ciego, mientras
observo como mueren.

Miro al suelo, y mientras riego mi apego,
desatiendo los nuevos brotes
de las hojas que algún día habrán de caer.

El gato que me acompaña no es metafísico,
pero en sus cuatro patas, sus dos ojos,
su cerebro y su corazón descansa lo eterno.

¿Qué nos diferencia?

Nada.

¿Qué nos separa?

Nada.

¿Por qué le llamo gato y envidio la simpleza de su camino?

Porque soy un ignorante.

Y mientras me hago estas preguntas,
que no son mías, el sol sale y se esconde,
la luna asoma, pasea su luz, y también se va,
y ambos, como las hojas que cubren mi traje,
suben y caen movidos por la Gran Fuerza,
conociendo que el sol no todo lo abarca,
que la luna no ocupa todo el tiempo,
y ambos lo aceptan, porque no son sol ni luna,
no son belleza ni horror, no son tú o yo,
sino el Gran Uno, que no se pregunta,
porque todo y nada sabe a la vez.

¿Ser o no ser?

¡Ser y no ser!

Ser el viento que me atraviesa,
y no ser el que retengo.

Ser el agua que me agita,
y no ser ácido estancado.

Ser el árbol que soñó con caminar,
y no ser el humano que armado de sueños
quemó sus alas.

¿Existe el otro?

No lo sé, no puedo saber nada.
Mis sentidos se alían con el engaño,
mis palabras se prostituyen por halagos,
mis actos me delatan:

Soy mucho más de lo que imagino,
mucho menos de lo que muestro;
soy más alto que la altura,
más calvo que la calvicie,
más puro que la pureza…

…y sin embargo, no soy nada.

Mi cuerpo se agarra a mi cuerpo,
mis manos se convierten en puños,
mis pulmones, secuestrados, tragan humo.

Alguien ha tomado mi cuerpo,
adoctrinado en sentirse único,
condenado a estar solo.

Nada sé, nada siento,
pero todo soy…

¿Existe el otro?

Pregunta mi razón, perdida
en el camino único,
mientras juega y enreda su paso
para revestirlo de complejidad.

Nada hay más complejo que lo simple,
ni más simple que lo complejo.

Nada son mis palabras, ni las hojas que me cubren,
ambas caen, se pudren y ceden su espacio.

En lo más bajo de mi Ser habita un monstruo,
también él es bello.

¿Existe el otro?

¡Silencio, silencio, silencio!

Niños libres

¿Dónde está la vida?


Quizás se encuentre dentro…

Al mirar hacia fuera siento un escalofrío,
distante, desconectado, agónico.

¿Dónde está el amor?

¡Qué todo lo impregna!


¿Y yo, por qué no lo veo?

En mí hay un vacío;
mi cuerpo yace hueco
entre paredes que se derriten.

¿Dónde está el motivo de la sonrisa?

¿Dónde estás? ¡Dios mío! ¿Dónde?

Me agitan las miradas de la gente;

en su centro veo esperanza,
en su cuerpo sólo polvo.

¡Niños, venid a mí!

¡Venid a mí, y juntos bailaremos!

Sonreiremos a la vida y la haremos nuestra;
cantaremos al futuro con el tiempo en nuestro puño
cerrado y sangrante, cargado de esperanza.

¡Dejad que se acerquen a mí!

Más muerte y sólo olvido…

Queremos sonreír, queremos imaginar un mundo
y darle forma mientras lo soñamos.

¡Basta ya de miedo! ¡Basta!

Querido yo, querido tú, querido niño salvado,

encendamos de la mano la luz que nos guía,
dentro, muy dentro, hasta que rebose el cuerpo,
y juntos, iluminemos para siempre la triste vida.

¡Bendito amor! ¡Bendita alegría!


¡Niños, somos niños! ¡Niños libres y no suicidas!

Del pasado todo queda

Pájaro azul llama a dulce magnolia,
a sus sueños, senos y memoria;
la llama siempre en cada gesto,
le rinde culto en cada obra.

¡Viento! ¡Viento!
¡A cien historias!


Que le canten y adoren
envuelta en sombras.

¡Cielo! ¡Cielo!
¡A mucha honra!

Que sus ojos se vacían y rebosan
como de luna novia, ¡de luna esposa!

Ruiseñor azul corre a buscarla,
ya no a ella, mas su magia;
la escribe imágenes y versos,
le entrega amor entre sus dedos.

¡Sangre! ¡Sangre!
¡A mí las lanzas!

Que mi cuerpo es muerte
en formol vencido.

¡Tierra! ¡Tierra!
¡A nadie manchas!


Que las aves somos libres
al soñar vivos la danza.


¿Quién persigue al mal nacido?
¿Quién de él forjó su suerte?

¡Qué nosotros somos niños,
entregados al azul placer!
¡Qué vosotros sois ancianos,
culpables y testigos del ayer!


Viento, cielo, sangre y tierra,
que henchidos vagan y regresan:


¡Nunca dejen, los hijos de mi herida,
de bailar a la tormenta de la melena negra!


Viento... Cielo... Sangre... Tierra...

Viento... Cielo... Sangre...

Viento... Cielo...

Viento...

Primavera en Granada

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en polvo y escarcha.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

En las noches de Juno
se adueña el monstruo bicéfalo
de un juego adormecido
entre las frías garras sin pan.

Y los niños, siempre niños,
niños de sol y de muerte,
cogen sus manos y entonan salmos
a los Dioses paganos
que perdieron forma y sentido.

Huele a dulce y silencio,
en la mañana tardía y en los sueños
de los jóvenes que usurparon
las lágrimas del balsero.

Allí cantan y roban frutos,
aquí bailan sobre el gesto ausente
de aquel que fue conejo y se ofrece
a mi mandíbula, como se ofrece el otoño
a los huérfanos del color en España.

Huele a muerte en los ojos
de los que transitaron la pescadería,
y a naranjas, en los que caminan
libres por el arroyo sin más carga
que las fábulas de Federico,
de moscas, alacranes y curianitas
que una vez soñaron con amar.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en polvo y escarcha.


¡Quién no llora, hermano mío!

¡Quién no llora cuando te ve volar!

Pena

En la lágrima que barre mi rostro
cae una pena que no es mía.

¿Qué será lo que pide agosto
que en septiembre no termina?

Dios me castiga con ella
y yo caigo en su trampa,
como el árbol cae a la tierra
y el veneno a mi garganta.

¿Quién teme lo que olvida?
¿Quién nunca temió nada?

En la pena que carcome
los destellos de ternura,
se ha perdido la mañana
por una caricia suya.

¿Quién mata lo que ama?
¿Qué nunca mató al alma?

Dios me entrega este silencio
y yo lo canto, riego y sueño
como el necio riega, sueña
y canta en la vereda blanca.

¿Quién de recuerdos forjó un hogar
donde al aire orgullo ardía?

En mis ojos que no son míos,
baila un grito de armonía.
En el agua tranquila y dulce
muero siempre al recordar.


¡Dios mío - yo le rezo -
Dios mío, ten piedad!