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Mostrando entradas de agosto, 2017

Eco

Ahora que tu cuerpo se ha ido,
y con él tus labios y tu piel,
puedo ver con claridad lo que has dejado en mí.

Ahora que tus ojos me ven siempre,
y no sólo cuándo los miro,
puedo al fin respirar tu Amor.
Eres mi Ángel, mi Luz;
por eso mi demonio, mi sombra,
acechan cuando te acercas.

Eres mi Luna y mi Sol,
mis dos mitades en una flor infinita.
Eres el canto que sólo se oye al salir de la cueva;
eres el eco que dejo atrás y la vibración que siempre me sigue.

Eres mi Yo y mi Tú, en uno solo.

Eres más que cualquier palabra…

Eres más que el sonido… más que la música…

¡Más que el tacto y el olor!

Más que el polvo y las estrellas,
más que nada que nadie jamás haya visto,
sentido u olvidado, porque cuando te Soy,
ya nunca me aparto de ti.

Ahora que te has ido,
al fin estamos juntos.

Lunita mía

Mitad Aire, mitad Agua,
pero vivo en la Tierra.

Pertenezco a dos mundos que
rodean el mundo en que habito.

Ese mundo es mi cuerpo
y los cuerpos que me rodean,
tan de otros mundos,
como yo lo soy.

Todo me rodea y nada me toca.

Mitad nada y mitad todo.

Y te veo, Luna, mitad
clara, mitad tiniebla.
Y veo cómo no posees nada
y nada te posee.

Y veo cómo prestas la
luz de algo más grande que tú
sólo siendo reflejo.

¿Cómo poseer la luna?

Si ni a mí me tengo...

En el día cojo fuerzas
que en la noche se vacían;
sólo quedamos Dios y el miedo.

Preferiría no ser poeta
y ser cualquier cosa
para no ahogarme fuera
y salvarme en mi verso.

Pero esta es la cruz
que cargo, mi condena
y mi regalo, que
cuando doy, recibo, y
cuando espero recibir,
no doy.

Mitad Agua, mitad Aire,
vivo en la Tierra esperando
a que el Fuego me salve.

Si me oyes, Luna,
cuida de ella,
dale luz y cobijo,
alimento y cariño.

Si me oyes Luna,
no me mires,
yo respiro en el agua,
pero ella necesita tu abrazo,
tu mano, tu claridad.

Mitad luz y mitad sombra,
mitad yo y mitad nadie…

Jesus and Jayyam saved my life

Hubo un tiempo en que hablaba
conmigo mismo y me creía un loco.

Hoy hablo con Dios, y aunque
loco aún me creo, al menos tengo
a alguien con quién hablar.

Cuando mi alma siente pena
por ser pena y ser alma,
bebo vino y sonrío
de la noche a la mañana.

Mil mujeres he sido
y en cada una he muerto.

Mil cielos he rozado
y en todos hoy me embriago.

Vida y muerte, misma son;
desde mi piel asoma una luz
que muestro en la noche,
cuando nadie observa,
ni toca, ni escucha.

Mil demonios me hablan
desde dentro de mí.

Sólo una voz me embruja
aunque suene a mentira,
a melancolía, a tristeza,
como la luz que callado guardo
y que en estas letras se escapa.

Sólo un ángel me cuida,
de la noche a la mañana.

Pobre de mí

Toda mi vida fui un extranjero.

El único lugar en el que alguna vez me reconocí,
fue en la sonrisa, la mirada y las manos de A****.
Pobre de mí, que veo su sonrisa, mirada y manos
allá donde descanse mi vista o mi pensamiento.
Pobre de mí, hijo de la obsesión y títere del amor,
que no reconozco en todo lo demás Su belleza.
Toda mi vida la pasé solo, salvo cuando ella me dio refugio;
aún siento su calor subir y bajar
por mis venas, pero aún añoro su tacto  como prueba de que es real.
Pobre de mí, me dije toda la vida,
mientras me alimentaba,
en el mejor de los casos, de vacío.

Pobre de mí, yo me repetía,
cuando ella estaba y cuando no,
cuando yo no era,
y cuando sigo sin ser.

Toda mi vida fui extranjero,
hasta que dejé de vivir por mí
para compartir mi amor y sublimarlo.

En ello estoy, mientras escribo
significados dormidos entre letra y letra,
mientras una voz me repite:

“Toda tu vida serás un extranjero, hasta que te dejes llevar por nuevas manos,
una nueva mirada, 
y la sonrisa que en todo Ser reside.”

Pero mie…

Canto al espejo

A ti te debo mi luz y mi sombra,
y por mostrármelas te honro en silencio: hoy rompo esa agonía.
Cuando te vi por primera vez
sentí un terrible miedo.

Un rayo de luz se hizo visible
a través de mí.
Durante algún tiempo no pude soportar
la crudeza de tus facciones, tan reales,
la lástima que emanaban tus ojos,
pidiendo ayuda como el llanto de un bebé.
Me enamoré de ti.

Y mientras me recreaba en tu silueta,
en tu piel, olvidé el origen de mi miedo.

Hasta que volví a mirarte,
y miré más allá de lo visible,
hasta que no vi nada.
Y te odié.

Después te hice humano;
te acercaste a mí,
y construimos un hogar en común.

Y en tu forma humana entendí que no estaba solo,
que aquél de mi espejo se encontraba en todos los espejos.
Y entendí que no tenía forma, ni sexo, ni pensamiento.
Dejé entrar el aire en mis pulmones,
abrí mis labios y mis brazos,
bajé la cabeza,
pedí perdón y di las gracias.
Fue duro, fue largo,
será duro, será largo,
pero es.

Y te rindo este diminuto homenaje,
espejo mío, mi amor,
para recordarme el regalo
que m…

El otro

¿Existe el otro?

Tengo un traje que no es mío,
se desintegra, caen sus hojas
y yo las lloro, ciego, mientras
observo como mueren.

Miro al suelo, y mientras riego mi apego,
desatiendo los nuevos brotes
de las hojas que algún día habrán de caer.

El gato que me acompaña no es metafísico,
pero en sus cuatro patas, sus dos ojos,
su cerebro y su corazón descansa lo eterno.

¿Qué nos diferencia?

Nada.

¿Qué nos separa?

Nada.

¿Por qué le llamo gato y envidio la simpleza de su camino?

Porque soy un ignorante.

Y mientras me hago estas preguntas,
que no son mías, el sol sale y se esconde,
la luna asoma, pasea su luz, y también se va,
y ambos, como las hojas que cubren mi traje,
suben y caen movidos por la Gran Fuerza,
conociendo que el sol no todo lo abarca,
que la luna no ocupa todo el tiempo,
y ambos lo aceptan, porque no son sol ni luna,
no son belleza ni horror, no son tú o yo,
sino el Gran Uno, que no se pregunta,
porque todo y nada sabe a la vez.

¿Ser o no ser?

¡Ser y no ser!

Ser el viento que me atraviesa,
y no ser el qu…

Niños libres

¿Dónde está la vida?

Quizás se encuentre dentro…
Al mirar hacia fuera siento un escalofrío, distante, desconectado, agónico.
¿Dónde está el amor?
¡Qué todo lo impregna!

¿Y yo, por qué no lo veo?
En mí hay un vacío; mi cuerpo yace hueco entre paredes que se derriten.
¿Dónde está el motivo de la sonrisa?
¿Dónde estás? ¡Dios mío! ¿Dónde?
Me agitan las miradas de la gente;
en su centro veo esperanza, en su cuerpo sólo polvo.
¡Niños, venid a mí!
¡Venid a mí, y juntos bailaremos!
Sonreiremos a la vida y la haremos nuestra; cantaremos al futuro con el tiempo en nuestro puño cerrado y sangrante, cargado de esperanza.
¡Dejad que se acerquen a mí!
Más muerte y sólo olvido…
Queremos sonreír, queremos imaginar un mundo y darle forma mientras lo soñamos.
¡Basta ya de miedo! ¡Basta!
Querido yo, querido tú, querido niño salvado,
encendamos de la mano la luz que nos guía, dentro, muy dentro, hasta que rebose el cuerpo, y juntos, iluminemos para siempre la triste vida.
¡Bendito amor! ¡Bendita alegría!

¡Niños, …

Del pasado todo queda

Pájaro azul llama a dulce magnolia,
a sus sueños, senos y memoria;
la llama siempre en cada gesto,
le rinde culto en cada obra.

¡Viento! ¡Viento!
¡A cien historias!

Que le canten y adoren
envuelta en sombras.
¡Cielo! ¡Cielo! ¡A mucha honra!

Que sus ojos se vacían y rebosan
como de luna novia, ¡de luna esposa!
Ruiseñor azul corre a buscarla,
ya no a ella, mas su magia;
la escribe imágenes y versos,
le entrega amor entre sus dedos.
¡Sangre! ¡Sangre! ¡A mí las lanzas!
Que mi cuerpo es muerte
en formol vencido.
¡Tierra! ¡Tierra!
¡A nadie manchas!

Que las aves somos libres
al soñar vivos la danza.

¿Quién persigue al mal nacido?
¿Quién de él forjó su suerte?

¡Qué nosotros somos niños,
entregados al azul placer!
¡Qué vosotros sois ancianos,
culpables y testigos del ayer!

Viento, cielo, sangre y tierra,
que henchidos vagan y regresan:

¡Nunca dejen, los hijos de mi herida,
de bailar a la tormenta de la melena negra!

Viento... Cielo... Sangre... Tierra...

Viento... Cielo... Sangre...

Viento... Cielo...

Viento...

Primavera en Granada

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en polvo y escarcha.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

En las noches de Juno
se adueña el monstruo bicéfalo
de un juego adormecido
entre las frías garras sin pan.

Y los niños, siempre niños,
niños de sol y de muerte,
cogen sus manos y entonan salmos
a los Dioses paganos
que perdieron forma y sentido.

Huele a dulce y silencio,
en la mañana tardía y en los sueños
de los jóvenes que usurparon
las lágrimas del balsero.
Allí cantan y roban frutos,
aquí bailan sobre el gesto ausente
de aquel que fue conejo y se ofrece
a mi mandíbula, como se ofrece el otoño
a los huérfanos del color en España.

Huele a muerte en los ojos
de los que transitaron la pescadería,
y a naranjas, en los que caminan
libres por el arroyo sin más carga
que las fábulas de Federico,
de moscas, alacranes y curianitas
que una vez soñaron con amar.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en pol…

Pena

En la lágrima que barre mi rostro
cae una pena que no es mía.
¿Qué será lo que pide agosto
que en septiembre no termina?
Dios me castiga con ella
y yo caigo en su trampa,
como el árbol cae a la tierra
y el veneno a mi garganta.
¿Quién teme lo que olvida? ¿Quién nunca temió nada?
En la pena que carcome
los destellos de ternura,
se ha perdido la mañana
por una caricia suya.
¿Quién mata lo que ama?
¿Qué nunca mató al alma?
Dios me entrega este silencio
y yo lo canto, riego y sueño
como el necio riega, sueña
y canta en la vereda blanca.
¿Quién de recuerdos forjó un hogar
donde al aire orgullo ardía?

En mis ojos que no son míos,
baila un grito de armonía. En el agua tranquila y dulce
muero siempre al recordar.

¡Dios mío - yo le rezo -
Dios mío, ten piedad!