24 de agosto de 2017

La llave

No importa quien roce tu cuerpo:
Yo soy dueño de amarte.

No importa que el viento te lleve:

Yo soy el viento.

No importa que no me arropes cada noche

porque ya eres madre de mi sueño.

No importa que mi cintura sólo baile

para tus ojos, y no para tu cintura.

No importa que la tierra sea seca

y mis pies rotos,
las noches largas y mi andar torpe:
No importa porque sonríes.

No importa nada, nada de mí que no sea

todo, ni nada del viento o del mar.

No importa nada que no sea dar,

nada que no sea tomar:
sólo lo justo y no más,
sólo lo justo y no menos.

Contigo todo lo tengo,

todo lo doy;
del cielo y la tierra,
del agua y el fuego
todo te entrego,
porque vives como la vida
y eres dueña de mi Reino.

Tuya es la llave,

tuyo es mi sueño.