Primavera en Granada

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en polvo y escarcha.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

En las noches de Juno
se adueña el monstruo bicéfalo
de un juego adormecido
entre las frías garras sin pan.

Y los niños, siempre niños,
niños de sol y de muerte,
cogen sus manos y entonan salmos
a los Dioses paganos
que perdieron forma y sentido.

Huele a dulce y silencio,
en la mañana tardía y en los sueños
de los jóvenes que usurparon
las lágrimas del balsero.

Allí cantan y roban frutos,
aquí bailan sobre el gesto ausente
de aquel que fue conejo y se ofrece
a mi mandíbula, como se ofrece el otoño
a los huérfanos del color en España.

Huele a muerte en los ojos
de los que transitaron la pescadería,
y a naranjas, en los que caminan
libres por el arroyo sin más carga
que las fábulas de Federico,
de moscas, alacranes y curianitas
que una vez soñaron con amar.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en polvo y escarcha.


¡Quién no llora, hermano mío!

¡Quién no llora cuando te ve volar!