“¿Recuerdas la tarde en que tomamos aquel café de palabras, con su toque de chocolate, para que no te sintieras sola? Yo sí. Y recuerdo como la nata se posaba en tus labios, tratando de comerte, para que tú no la comieses a ella. Tenías los ojos más verdes, como más vivos, o quizás fuera el sol que brillaba más. No lo sé. Ahora prefiero imaginarte, que ver en qué te has convertido. Ahora tu mirada dice menos, desconfía más. Antes tus silencios sólo hablaban de deseo. Ahora no, ahora callan.
Sin embargo mis sábanas no se desprenden de tu olor. Ni mis ventanas dejan de reflejar tu reflejo. Lo más probable es que yo me esté volviendo loco. O puede que sea el café, que ya nunca sabe dulce. Lo único que tengo claro es que no tengo nada claro. Pero es mejor así. El viento sopla más fuerte en Octubre, volverá a arrastrarme. Mejor así. Que me vaya bonito. Que te vaya bien. Y allá donde acabe, no olvidaré esa tarde. Tarde fría de otoño, de quedarse en casa con manta y café. Justo como ésta."
Nico.
5 de Octubre 2008