¿Cómo es posible que su recuerdo aún recorra cada fibra de mi pensamiento, cada gramo de inconsciente, cada tonelada de no olvido que alberga mi cabeza en noches como ésta?
La pregunta alberga por lo menos una respuesta en su interior.
¿Será ella distinta, acaso otra, de lo que mi memoria me habla?
¿Será su piel menos suave, sus ojos menos claros y su sonrisa menos la propia definición de sonrisa y hermosura?
La pregunta me come, la inquietud y la lejanía me arrastran al lodo.
Hasta en mis sueños pierdo la cabeza y la sinrazón si ella me mira, y está a lo lejos y me sonríe. Y si me acerco a ella y ella me habla, entonces el universo se detiene, y mi anterior sueññño se queda observando sin poder hacer nada, atónito ante semejante hipnósis. Allí quedan las mujeres con las que soñaba con simple guarro y juego sexo, allí quedan mirando con rostro perplejo como yo la amo, como yo la escucho y la miro, como la hablo y sonrío, como acaricio cada palmo de su piel sin caer aún desmayado al suelo, y la beso, y no puedo creer que sea posible que aún la ame tanto y lleve tanto sin verla o cruzar una palabra sincera y llena de amor, como en mis sueños, aunque luego despierte y ella no esté y yo no sea el mismo.
¡Pero cuánto la echo de menos!
...pero cuánto la sigo amando en silencio y distancia.
¡Qué es el olvido y qué es el recuerdo, sino yo mismo dibujando a mi antojo la triste realidad!