No sigas buscando adjetivos o miradas
que imiten su silencio cuando la luna escampa
que no es por sus caderas
ni por la forma que tiene de explicar un beso
Que más allá de las nubes
se saben sus latidos de memoria
y conozco dos o tres ejércitos
que darían la vida por invadir su edredón
Y la manera que tiene de cerrar los ojos
como si esperase un deseo incapaz de existir
Ya no basta con compartir su risa
cuando la has visto reir hasta apagar las calles
Y eso de que llora a escondidas
o se araña en el alma
cada vez que descubre un lamento ajeno
No me digas que entiendes de mujeres
hasta que no la escuches gemir ardiendo
Y eso de que sus pechos son pequeños
sólo es cierto si los comparas con la vida
Esa vida que ella conoce como nadie
y atormenta sus dudas en un pestañeo
Que la manera que tiene de recibir los días grises
sólo es posible por sus infinitos colores
Y la forma en que te abraza fuerte
y se encoge por no morir de frío
para matarte de calor
Yo ya sé lo que es acostarse con ella
y despertar con ella
y desayunarla desnuda
y pedirle diez minutos más al día
para estirar su adiós
No conoces la despedida
hasta que ella se marcha
y te deja tumbado con el culo al aire
y el corazón abierto admitiendo visitas
Y el número uno ya nunca te sacia
cuando has probado como te queda su dos
No me hables de nada eterno
si no la besaste
Y no le pidas al tiempo dar marcha atrás
si no sabes andar a su ritmo
o callar en sus pausas
o amar sin excusas
Yo he probado todas sus virtudes
y he mordido cada lunar
He conocido sus vergüenzas
y he visto como las tiraba al rincón del olvido
La he visto caer desde cien pisos
y levantarse con una sonrisa
y en cada palabra que pronunciaba
o en cada silencio
mientras la luna acechaba
la he visto ser feliz
y ser ella misma.