Astrea

Cansado de la espera, atormentado,
vaga mi alma en pena hacia el pasado;
no encuentro en el presente fruto,
ni descanso.

Basta un soplo de aire, un susurro,
para que mi cuerpo caiga oscuro,
como lodo arrinconado.

Silencio en lo que no recuerdo,
ni en lo que he olvidado.

Se parte en dos el árbol maduro,
carcomido por dentro, lo labrado,
lo que no fue arrancado,
ni ayer ni hoy disfruto.

Rema hacia poniente el olvido,
sin ser olvidado,
ni atormentado, o removido,
de los pies del marino cansado.

No hay mar ni barca ni anzuelo,
no hay carne en el humano,
que salta de sueño a murmullo,
sin nunca haber perdonado.

Por proa se cae el pasado,
por popa el futuro no asoma;
la fortuna del desafortunado,
nunca vio luz ni olió aroma.

Surca las olas sin barco,
mueve sus alas al viento,
cae al olvido el ahorcado,
hijo de su propio tormento.

Silencio en la tumba del muerto,
que a sus heridas ha sucumbido.

¡Qué dulce fue haber amado!

¡Qué duro fue no ser olvido!