Me recreo en mi juego,
nadie nunca llenó a ganarme;
sólo acumulo derrotas sentimentales
que me hacen sentir pequeño,
muy pequeño.
Pero, ocurre una luz;
tus carnosos labios despiertan a mi animal;
tu olor, lo convierte en indomable;
tus ojos, lo calman por fin.
Y yo, con mi hábito nihilista,
te rindo homenaje en esta noche;
te la regalo;
y te pienso, como piensa un hombre muerto
a una mujer viva; te pienso
y todo carece de razón.
¿Por qué?¿Por qué?
Preguntan los que no te vieron;
los que sí, quedaron mudos.
Es por ello, que el hecho de escribir
estas vagas palabras,
me convierte en un genio,
como ya sé que lo soy;
¿pero qué valor posee
toda mi genialidad,
o la de todos los grandes,
si no se funden con tus labios,
o se dejan encontrar por tus ojos,
sublimes como el amor?
Ninguno.
Miro tu fotografía, y sonrío,
e imagino que ríes;
porque no puede ser de otra manera.