Sin título

La expectación atrofia cada uno de mis músculos; 
la tensión a la que me someto de manera involuntaria
es fruto de una próxima visita que recibiré en mi hogar.

Fumo una calada de marihuana;
mientras, mi compañero duerme.

Una vieja amiga se dirige a verme;
compré cervezas en un alimentario cualquiera,
regentado por gentes de la China.

¡Ah, quién pudiera viajar 
y olvidar por completo
el lugar del que partió!

..

En el subterráneo todos guardaban silencio;
leía mis primeras páginas de Lord Byron,
mientras viajaba por la España próxima a la invasión
de Napoleón; y navegaba por sus gentes, 
tales como las de ahora,
pero imaginadas por un inglés.

Una señora atrajo la atención de todo el vagón,
comentaba la situación de enfermedad en la que se hallaba su marido,
y la falta de pan para sus hijos. / Su alto tono de voz
debió de resultar molesto para mis contemporáneos,
que callaban en silencio y con entregada devoción.

Quizás pensarían en sus razonamientos,
que al estar leyendo y no tener monedas;
y que al haber hecho una gran película
que cambiaría la mentalidad social para siempre
y que ya no habría pobreza; no hiciera falta ayudar.

Quizás era Yo el que pensaba todo aquello;
y era Yo el Hipócrita que se auto-convencía
de que los veinte euros que tenía en posesión 
/en mi bolsillo para ser más exactos/
y que servirían para comprar marihuana;
y para escribir este poema, o lo que fuera;
lograrían generar con ello tanta indiferencia
como la de aquel humillado grito de ayuda
de aquella mujer.

Quizás soy yo. Quizás soy yo el que participo
con mi apático egoísmo de todo este desastre.
..

Suena el timbre. Es hora de no pensar
y fundirme con lo abstracto.