Son las noches que nunca amanecen
las culpables de que nunca anochezca.
Son las luces que siempre se encienden
las culpables de que nunca me apagues.
Me vuelvo a contemplar tu camino
y encuentro desgaste en tus piernas.
Me sublevo ante respuestas eternas
y tropiezo con la verdad de mi sino.
Son tus ojos los que se me clavan en el alma,
los que me parten en dos .
Me justifico sin buscar mi imperfección
y me hundo en un foso de verdades mentiras.
Me entrego a la causa de las palabras suicidas
y discurro por las arterias de la razón.
Son tus ojos los que se me clavan en el alma,
los que me parten en dos .
Me retiro lejos de la línea de fuego
y entierro los recuerdos del tormento.
Me lamento por haber sido tan lento
y encomendar mi suerte a mi ego.
Son las noches que nunca amanecen
las culpables de que nunca anochezca.
Son las luces que siempre se encienden
las culpables de que nunca me apagues.